POLITÍCAMENTE INCORREGIBLE

Por Esteban Fernández

Creo que fue mi madre la primera que se dio cuenta de eso, y 14 años más tarde fueron tan vehementes, tan acertadas, tan bien expresadas mis críticas contra la recién estrenada dictadura  -desde el mismo 1959- que el elemento pensante dentro del desgobierno local (no los esbirros de quinta categoría que andaban repartiendo leña) llegó a considerar que yo -a pesar de mi corta edad- era un tipo incorregible.

Muy difícil era -y es- convencer de nada a una persona como yo que NO LES DIRIGÍA LA PALABRA. Y se dedicaron a lograr una sola cosa: a que saliera de Cuba. Se dieron cuenta de que mi padre me adoraba y las amenazas sobre mi persona las encaminaron hacia él.

No hubo un solo castrista que al acercarse a mi padre no le exigiera “sácalo de Güines”. Llegando al extremo del teniente Elio Guevara que le dijo: “O lo sacas o te lo fusilo en el centro del parque”.

Como el noventa por ciento de mis coterráneos consideraba que yo era “un muchacho noble y tranquilo” y algunos me estimaban, sabían que matarme o echarme 20 años de cárcel me convertiría en un mártir, y lo preferible era que yo abandonara el país.

Encima se eso creyeron que la prisión no conseguiría que cambiara de idea. Y lograron que mi padre se encarnara en sacarme de allí.

PERO HOY EN DÍA, después de 56 años de exilio, y de 51 expresando públicamente mis acervadas críticas contra la tiranía -ligadas con anécdotas y recuerdos- los enemigos han se han convencido plenamente de que yo soy un recalcitrante.

Y en esta gran nación donde está de moda, y es casi obligatorio pensar mucho lo que se decir y sin apartarse ni un milímetro de lo es POLITÍCAMENTE CORRECTO, yo insisto en decir públicamente LO QUE ME SALGA DE LA GANDINGA. Porque yo nací y moriré POLITÍCAMENTE INCORREGIBLE. Si no me callé en plena tiranía ¿cómo diablos me van a silenciar en USA?

Y ustedes podrán notar que los enemigos políticos me ignoran completamente. Solamente una vez cuando escribí el MES DE LA REVANCHA se sintieron aludidos y reprodujeron mi artículo en Cuba para asustar o alebrestar a los castristas.

ENTONCES EL 90 POR CIENTO DE LAS QUEJAS ACTUALES QUE RECIBO, veladas o directas, no provienen de los adversarios, sino de los que consideran que saben más que yo -y quizás muchos tengan la razón- vienen de los que quieren enmendarme la plana, de los que no entienden porque yo gozo absurdamente de ciertas simpatías que ellos merecen más que yo. La inmensa mayoría procede de los “escritores frustrados”. Y yo me río de eso.

No, no me refiero a Facebook porque en esa trinchera se pueden eliminar todas las boberías, bloquear, borrar, eliminar, sino que todo descontento con mis mal hilvanadas líneas me llegan directamente a través de mi correo electrónico, los llamados Email. Y las críticas constructivas son bienvenidas, mientras los ataques son echados al barril sin fondo.

Convencí inmediata y eternamente a los fidelistas de que yo soy fanático testarudo, que conmigo no había ni hay arreglo, pero no he logrado que los  “wanna-be journalist” acepten mi forma de ser, ni mi modo de escribir inferior al de ellos.

Quizás ustedes no sepan que la competencia más grande en el mundo no es con  los ricos, ni con los poderosos, ni con los encumbrados, sino “con los que caen bien” y contra toda persona que triunfa en algo. 

¿O ustedes no se dieron cuenta de que la tirria más grande de Fidel Castro no fue contra Fulgencio Batista, ni contra los millonarios Fanjul, Julio Lobo o Gómez Mena?  El que verdaderamente le causó resquemor fue un “don nadie” llamado Camilo Cienfuegos.

La semana pasada sólo tuve que leer las primeras siete palabras de un comentario: “Usted lo que escribe son novelitas rosas” para darme cuenta que proveían de alguien que lo que deseaba no era criticarme sino competir conmigo periodísticamente, e ipso facto lo ignoré y le agradezco que inspiró este ensayo.

Mi maestra de segundo grado en el Colegio Americano, que al mismo tiempo vivía a dos puertas de mi casa en la calle Pinillos -llamada Mahelia Núñez- le dijo a mi mamá: “Ana María, Esteban de Jesús es incorregible” y mi madre con resignación le respondió: “¡Dímelo a mi Mahelia, dímelo mí!”

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