POR EL BIEN DE LA PATRIA

Por Vicente P. Escobal- Especial para Nuevo Acción

Ha llegado a mis manos el libro «Batista, últimos días en el poder» publicado por la Editorial de la oficialista Unión de Escritores y Artistas de Cuba, una institución dedicada básicamente a ejercer presiones ideológicas sobre los creadores cubanos y mantenerlos a raya, dentro de la «línea trazada por el Partido Comunista». Según los autores del libro, los periodistas José Luis Padrón y Adrián Betancourt, «con el renuevo de las generaciones y la vuelta de la hoja de la historia, la memoria popular se va disipando y quedan en el olvido muchas glorias y heridas…» para concluir que «es imposible contar la historia americana posterior a 1958 sin tener en cuenta el diciembre cubano de ese año decisivo».

Podemos estar de acuerdo con poco, con muy poco o con casi nada de lo que narra el libro, pero es, inobjetablemente, como una película de la que la mayoría de los cubanos de mi generación fuimos testigos durante su intensa filmación por no afirmar que muchos estuvimos a punto de, o llegamos a, convertirnos en protagonistas o, al menos, en extras o figurantes de ese gigantesco cast.

Una fría mañana del mes de marzo de 1952, el ruido de los tanques y la alarma de los boletines radiales despertaron a los cubanos con el aviso de que el General Fulgencio Batista había penetrado en el campamento militar de Columbia, al oeste de La Habana: se había producido un golpe de Estado. Durante exactamente seis años, nueve meses y veintiún días Batista se mantuvo en el poder.

¿Fue un gobierno autoritario? Lo fue. ¿Se cometieron excesos en el ejercicio del poder? Se cometieron. ¿Las fuerzas de seguridad y orden público se enfrentaban a individuos dispuestos a asesinar y hacer estallar artefactos explosivos indiscriminadamente? Sin la menor duda.  ¿El golpe constituyó una ruptura del incipiente proceso democrático de la nación cubana? Lo constituyó. No obstante, en honor a la verdad histórica, hay que admitir que durante ese periodo el país alcanzó niveles de desarrollo muy elevados y se erigieron decenas de obras que enriquecieron la infraestructura social, económica y cultural de la nación, entre las que sobresalen el túnel de la Bahía de La Habana, una moderna obra de tecnología subacuática, la Autopista Monumental, la construcción de innumerables escuelas rurales, entre otras no menos importantes.

En la página 58 del citado libro aparece un fragmento atribuido por los autores a una tal «Comisión de Historia de las Columnas 11 y 13 del Frente Camagüey del Ejército Rebelde» en el que se narra el rechazo a la demanda de pagar 15 centavos por cada saco de azúcar producido exigida por Fidel Castro. «Cuando el central azucarero Francisco Sugar Company, con base en Nueva York, rehusó la demanda, los rebeldes desmantelaron las vías férreas, empujaron los carros al agua y luego intentaron destruir el nuevo puerto de embarque de la compañía. La refinería Texaco y la planta de Nicaro reportaron la pérdida de los equipos de bombeo, camiones cisternas y Jeeps fueron tomados por los rebeldes. Batista no pudo hacer nada para evitarlo». 

Y continúa el libro: «La acción de las fuerzas rebeldes con sus ‘sabotajes preventivos’ los obligó a dar una respuesta que representaba no sólo la tributación económica necesaria, sino el reconocimiento de una fuerza político-militar». El término ‘sabotaje preventivo’ responde a una dulcificada definición. 

En la página 59 se relata otro hecho revelador de la incipiente vocación terroristas de las bandas bajo las órdenes de Fidel Castro: «…Las afectaciones a los intereses de Estados Unidos a causa de los enfrentamientos de los rebeldes y el régimen batistiano rebasaron los límites de la zona de guerra: una bomba explotó en el hotel Habana Hilton (hoy Habana Libre), un fuego destruyó alrededor de 60 mil neumáticos en los almacenes de la Good Year y la Compañía Cubana de Electricidad reportó varios sabotajes en distintos lugares de la isla».

A esta tenebrosa narración hay que agregar que sólo en una noche del mes de marzo de 1957 estallaron en la ciudad de La Habana más de 100 bombas, muchas de ellas en sitios de gran concurrencia. Entre esos actos de ‘sabotaje preventivo’ destacan, además, el incendio intencional de la refinería de la Esso Standard Oíl, en el ultramarino pueblo habanero de Regla, y la voladura de los cables de alta tensión de las estaciones de ferrocarril y de ómnibus en el pueblo de Bejucal, al sur de La Habana

Elementos estimulados por la filosofía castrista fueron los primeros en utilizar el secuestro como arma política, algo que más tarde imitarían sus discípulos de las terroristas Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) y otros grupos guerrilleros creados por la dictadura cubana. El 28 de junio de 1958 una banda bajo el caudillaje del tenebroso Raúl Castro secuestró a 18 marineros y 11 infantes de marina de las Fuerzas Armadas de Estados Unidos destacados en la Base Naval de la Bahía de Guantánamo.

El 23 de febrero de 1958 un grupo del terrorista movimiento 26 de Julio secuestró en un hotel de La Habana al argentino Juan Manuel Fangio, cinco veces campeón del mundo de Fórmula Uno quien había sido invitado al Segundo Gran Premio de Cuba. Otro hecho que alteró significativamente las comunicaciones aéreas internacionales fue también iniciado con el secuestro de una nave de la Compañía Cubana de Aviación el 1 de noviembre de 1958 que cubría la ruta Miami-La Habana y que fue desviada hacia la zona oriental de Cuba por elementos del Movimiento 26 de Julio, estrellándose frente a la costa con un saldo de 14 muertos y 4 heridos.

Invito al lector a que medite sobre estos hechos. Los resultados son visibles y se reeditan hoy en las calles de Cuba. Esbirros al servicio de la tiranía aterrorizan y atropellan salvajemente a los ciudadanos y establecen un sistema represivo sin precedente en la historia de Cuba.

Y para finalizar un breve recordatorio a los cómplices de aquella tiranía tanto dentro como fuera de las fronteras cubanas: La justicia llegará inexorablemente a Cuba y todos los que hoy atropellan y humillan a sus compatriotas serán sometidos a ella. Por el bien de la Patria.

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