POR LOS FRENTES DE IBEROAMÉRICA: NECESIDAD DE UNA ALTERNATIVA POLÍTICA NACIONALISTA

LOGOCONFEDERACIONDEAGRUPACIONESNACIONALISTASARGENTINA

Por, Hernán M. Capizzano

Con solo ingresar al mundo virtual, encender nuestros ordenadores y echar un vistazo a nuestro alrededor bastará para darnos cuenta que habitamos lo que todos aceptan como una aldea global. De manera transversal, una catarata de nuevos desvalores está en boca de la mayoría. No a modo de quien reflexiona esos conceptos, sino como ovejas que siguen el grueso de un rebaño. Es la realidad del hombre, dirigido por minorías más o menos siniestras. Frente a este escenario decadente sobre el cual no hace falta extenderse muchos han tomado el fácil camino de la derrota. Ya no hay nada que hacer es una frase repetida una y otra vez. O bien esta otra: no se puede ir contra el mundo. Lo cierto es que con algo de condimento apocalíptico invitan a la inacción.

En lo temporal, es cierto, todo parece una derrota. Los buenos o más o menos buenos apenas si tienen algún éxito a cuenta gotas. Y esto parece ser para los partidarios del derrotismo una cuestión fundamental. Se nos dice: “¿lo ven? ¿no se dan cuenta? Nada se puede hacer…”
Pero esto es una absoluta mentira. Lo que no se puede hacer un hombre de bien es sentir y vivir como un derrotado. Y lo que es peor, repartiendo un celo amargo insoportable ya a nuestros oídos La lucha debe llevarse hasta el último suspiro. Por ello en lo temporal hay alternativas prudenciales. La política (con dignidad) es un camino que tiene diversas expresiones, algunas más convenientes que otras, pero es el camino. Hoy no existe ni el factor militar ni la revolución armada a las puertas de los cenáculos.
Hay que establecer redes, conectarse, comunicarse, conocerse, intercambiar, consolidar relaciones. Hay que invertir el propio tiempo y todos los recursos que se puedan en la praxis política. Cuantos más seamos mejor, y esto pese a los predicadores del “cuantos menos seamos más puros somos”. Hay que consolidar las estructuras políticas de las pequeñas agrupaciones, confederarlas y marchar hacia un movimiento. No será de masas, pero sí de estructuras firmes y dignas a la espera de los tiempos históricos-políticos y sus variables.

El nacionalismo, tremendamente silenciado, escarnecido y castigado por la globalidad y el individualismo es pues el camino más seguro y fuerte contra estas corrientes que precisamente vienen por el alma, por la nacionalidad, por la historia y la fe de nuestros padres. Vienen por todo. Es pues imperativo la conformación de una alternativa NACIONALISTA.

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