PREDICCIONES DE MI BISABUELO

Por, Jorge Riopedre

La segunda guerra civil de Estados Unidos terminó en 2055, después de un sangriento conflicto que puso fin a la ya tambaleante República estadounidense. Mi bisabuelo, siempre oteando el horizonte y calculando el impacto demográfico en la cultura nacional, predijo que el enfrentamiento podía estallar en 2050, pronóstico bien elaborado pero fallido por un pequeño margen de error, porque la contienda empezó el 22 de abril de 2052.

Revoluciones y guerras civiles responden, por lo general, a un largo proceso de gestación, no estallan de inmediato, más bien se asemejan a una olla de agua al fuego que se va calentando hasta hervir. Él pensaba que la guerra de VietNam fue una fuente de calor primordial en la ebullición subterránea de la revuelta, que propició la convergencia de una juventud blanca desahuciada culturalmente y el bien ganado derecho de los soldados norteamericanos negros en la Segunda Guerra Mundial y el conflicto del sudeste de Asia. Para él, Estados Unidos tenía una cuenta pendiente con los descendientes de la esclavitud a la que se sumaría con el tiempo el mestizaje latino dolido por la discriminación, trauma que sin embargo no dejó huella indeleble en la posterior adaptación de emigrantes irlandeses, italianos, judíos y cubanos despreciados también al principio por la cultura dominante.

El querido patriarca apelaba al ejemplo histórico de los sectores segregados a la espera del desquite como una forma de evolución cultural e incluso biológico determinado por el cambio demográfico. Su mejor ejemplo era el proclamado por el líder palestino Yasser Arafat: “El útero de nuestras mujeres es la mejor arma para doblegar a los judíos”.

Los promotores del aborto en Estados Unidos, ¿buscarán realmente el control de la explosión demográfica o el favor demográfico del aborto? Mi bisabuelo no tiraba caracoles; solía decir que los caracoles en la playa no pueden llamar a los indios muertos porque ellos mismos están amordazados.

Del lado de acá habla la historia. Cuando empezaron a sentirse fuerte por el favor de la balanza demográfica, comenzó lo de siempre, el pase de cuentas. Parece muy improbable, por ejemplo, que en Sudáfrica pueda haber un nuevo presidente blanco. Mi querido viejo no tomaba partido, ponía las cosas en su perspectiva biocultural: la lucha de los seres humanos por la adaptación al medio ambiente y la supervivencia de los más aptos, sin distingos de razas, lleva inevitablemente a una conflagración por el control político, económico y militar.

Por supuesto, la guerra civil dejó mal parada la economía estadounidense, pero para entonces el norcoreano Kim Kong-un había fallecido de un virus estomacal, los intereses de China y Estados Unidos neutralizaron la influencia rusa, Irán se replegó ante una eventual destrucción nuclear de Israel y América Latina continuó siendo lo que es hoy, un Macondo.

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