PROSTITUCIÓN EN LA RED

JINETERAS EN LA HABANA

Por Vicente P. Escobal- Especial para Nuevo Acción

La prostitución ha dejado de ser un negocio de callejuelas oscuras, miradas  insinuantes y sonrisitas furtivas. Ahora se ejerce  a través de la Internet. Hay varios sitios muy visitados donde entre las chicas más publicitadas se destacan las cubanas.

Las fotos muestran semblantes apacibles, bien maquillados, de hermosas tonalidades. No son los rostros de las colas, los apagones, la escasez, la desnutrición. Son las caras de la otra Cuba: de las tiendas dolarizadas, el aire acondicionado, los hoteles cinco estrellas, los restaurantes de lujo, los autos refrigerados, las exquisitas fragancias. Son los rostros del fracaso.

Hay para todos los gustos y también para todos los disgustos.

¿A quiénes pertenecen esos suaves coqueteos?

A Yusimí, una habanera de 19 años en busca del hombre perfecto. Ella anhela «una pareja sincera, sencilla, hogareña, sin vicios, respetuosa y educada». Le faltó aclarar que esas seis personas no deben conocerse entre sí.

Está también Yusisneivis, una hermosa camagüeyana de 22 años, estudiante de ingeniería, quien dice manejar a la perfección el inglés, el italiano y el alemán. Yusisneivis aspira a encontrar «un hombre apuesto, joven, profesional, capaz de amarla intensamente tanto a ella como a su pequeña hija» Tiene un cuerpo escultural y una desafiante caballera rubia.

A sus 18 años Yumara reclama la atención de un hombre — no importa la edad – capaz de «mimarla, comprenderla y hacerla feliz». Como complemento a sus cualidades físicas, Yumara asegura ser bailadora y divertida.

Del rebelde, heroico y hospitalario Santiago de Cuba aparece Maritza, una mulata de apenas 20 años quien pretende lograr sus sueños junto a «un hombre joven, divertido, que no sea fumador ni bebedor».

¿Dónde están los caballeros cubanos? ¿Qué ha ocurrido con esa estirpe de indomables galanes que antaño colmaban los pueblos y ciudades de la isla? ¿Por qué las chicas de hoy en día prefieren tanto las cualidades foráneas?

La respuesta es sencilla. Todas – o al menos las que se anuncian en la red y probablemente las que no tengan ese privilegio — aspiran no sólo a un hombre pletórico de virtudes, capaz de amarlas con intensa pasión. Anhelan la apetecible meta de emigrar, de sentirse «mujeres de primera clase». No son prostitutas en el sentido etimológico de la palabra. Son jineteras, con todas las prerrogativas derivadas del oficio. No se trata de infelices mujeres deambulando por lóbregas callejuelas asediadas por proxenetas y toda suerte de pervertidos sexuales.

El Chulo en Jefe aseguró con la desfachatez que lo identificaba que estas chicas son sanas, aseadas e ilustradas meretrices de nuevo signo, con acceso a la red de redes, orgullosas de su condición y del sistema político que las promueve a escala planetaria.

Visite, si tiene la oportunidad, algunos de esos sitios y allí encontrará el mercado de carne humana más barato del planeta. Adéntrese en la otra cara del socialismo cubano, conozca de primera mano las intenciones y las metas de esas hermosas adolescentes que no hace mucho participaban en patrióticos encuentros y juraban solemnemente ser iguales al Che. Desgárrese el alma y los sentimientos accediendo a ese gigantesco burdel de baja tarifa auspiciado por proxenetas electrónicos.

Vaya a Google, a Yahoo! o a cualesquiera de los más conocidos motores de búsqueda y aprenda a descubrir el «mar de felicidad» por el que navegan las usufructuarias del legado de Vilma Espín de Castro, esforzadas discípulas de su hija Mariela.

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