PUNTO Y. APARTE

En la foto: Dialogueros del Comité de los 75 aplauden a Fidel Castro en La Habana.

Por: El Director

Mas naides se crea ofendido
pues a ninguno incomodo
y si opino de este modo,
por encontrarlo oportuno,
no es para mal de ninguno
sino para bien de todos.

José Hernández – Martín Fierro

El maximalismo revolucionario es reaccionario en sus consecuencias y “la revolución” castrista implantada por el engaño y la mentira y sostenida a raja tabla en aras de la ortodoxia revolucionaria, ha producido más dolor que el que se trató de evitar derrocando a la dictablanda que padecimos desde 1952, hasta el advenimiento de “los salvadores de la patria”, de rosarios al cuello e intenciones totalitarias en el alma.

Arnold Toynbee, escribe en su “Estudio de la Historia”: “La descalificación de los que han desempeñado el papel creador de la generación anterior, colocará a estos mismos ex creadores (yo aclaro: los revolucionarios de ayer, reaccionarios de hoy) en la primera fila de la oposición hacia cualquiera que pudiese dar la respuesta acertada a la nueva incitación”.

Un sistema tiene vigencia mientras responda a las exigencias sucesivas de los tiempos.

Cuando el sistema agota su capacidad no solamente deja sin respuestas las demandas, sino que resiste a las fuerza creadoras que aspiran al relevo o al desplazo de la anquilosada y vieja dirigencia.

En el caso de la tiranía castrista la teoría dialogante ha ido sustituyendo paulatinamente a la teoría de la confrontación, pero ha transcurrido el tiempo suficiente para demostrar, que con los detentadores del poder en Cuba, con los geróncratas atrincherados en sus “ideas revolucionarias” no existe la posibilidad del diálogo.

No puede haber diálogo cuando una de las partes, la que se siente ya realizada–en nuestro caso, la tiranía castrista–entiende que la realidad en la que se resuelve su bien, ya se haya absolutamente realizada, y que ya nada, absolutamente nada, hay que cambiar, sino simplemente conservar.

Giovanni Gentile señaló, que “concordantemente con las concepciones de la realidad, como realidad-realizada o como realidad-realizándose, se concibe también al pensamiento, como pensamiento-pensado o como pensamiento-pensante.”

Es por eso que en el caso cubano se hace evidente, que un régimen en que el poder está absolutamente en manos de los que pretenden que se acepte por todo el mundo la concepción de la realidad como realidad-realizada y al pensamiento como pensamiento-pensado, no habrá manera de instrumentar cambios por la vía del diálogo, sino sustituyendo la fuerza de la razón por la razón de la fuerza. 

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