PUNTO Y. APARTE. COSAS QUE NO SE LE PUEDEN PERDONAR AL CASTRISMO

En la foto: Aldo Rosado-Tuero

Por: El Director

Al castrismo hay que reprocharle muchas, muchísimas cosas, pero como cubano que soñó con una revolución, lo que más le reprocho, es la oportunidad que perdieron de hacer a Cuba para siempre, y en su lugar la hicieron trizas.

Han tenido a Cuba en sus manos, entregada durante 60 años; la tuvieron blanda como cera; pudieron llevar a cabo la verdadera revolución cubana, pero prefirieron reemplazarla por una política de secta, de disgregación, de vejaciones inútiles, de exasperación espiritual.

Por culpa del castrismo se corre hoy el riesgo de que Cuba pueda volver a manos de las viejas gentes reaccionarias, deseosas de escamotear al pueblo las conquistas logradas en 50 años de república antes de la llegada de las hordas castristas;  y  eso, como los asesinatos, sí que no se puede perdonar.

Es que este ensayo revolucionario ya no sirve, resulta inválido para nuestros tiempos difíciles, y ha dejado que se forjen, y están ahí, en la calle, nuevos fermentos incubadores de insurgencias.

Creo que asistimos a la liquidación de una época. La libertad del hombre y la dignidad humana son valores eternos e intangibles.

Cuba se ha perdido a sí misma, la revolución castrista la ha hundido irremediablemente, esta es su tragedia.

Nuestra patria vive un simulacro de vida que no conduce a ninguna parte.

Dos cosas forman una patria: como asiento físico, una comunidad humana de existencia; como vínculo espiritual, un destino común.

¿Y qué misión colectiva  mantiene unido al pueblo cubano? nadie lo sabe, por eso, menos cada vez, piensa nadie en remediar su mal, remediando a Cuba, sino que piensan en escaparse del mal común, abandonando la patria.

Cada clase por su lado, insolidaria con las demás. Cada movimiento, cada partido, cada organización, por su lado, como en un barco que zozobra, todos parecen haber oído la voz de: “Sálvese el que pueda”,cuando lo que hay que salvar es al barco.

Cuba está huérfana de fe en sus destinos históricos.

Hay que emprender ya la tarea salvadora, pero para realizarla no hace falta congregar masas, sino minorías selectas, donde el patriotismo sea gracia y levadura.

No muchos, sino pocos, pero convencidos y ardientes, que así se han hecho siempre las grandes obras en todo en el mundo.

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