¿QUÉ MAS TENDRÁ QUE HACER EL EXILIO DE MIAMI PARA QUE LE QUITEN EL CARTELITO DE INTOLERANTE?

LUISCINOPor Luis Cino- Primavera en Cuba 

Arroyo Naranjo, La Habana, (CPD) Según me cuentan amigos que participaron en la 24 conferencia de la Asociación de Estudios de la Economía Cubana (ASCE, por sus siglas en inglés), efectuada recientemente en Miami, el ambiente que reinó en el evento no pudo ser más favorable a la idea de que el régimen castrista cambia, se transforma,  se liberaliza y por tanto, merece se le abran todas las puertas.

Se habló  de cambios que causan perplejidad, de cuentapropistas exitosos y sin quejas,  de oposición leal y de posibilidades de invertir en Cuba.

Y los debates, si se les podía llamar así, porque quitaban la palabra bajo cualquier pretexto al majadero que discrepase -había algunos opositores de acá, de los de verdad-, se parecían a los del Último Jueves de la Revista Temas. Solo faltaba que al iniciar las ponencias se aclarara, por si las dudas, la fidelidad a la revolución y el socialismo. Y un par de segurosos para poner orden en la sala, por si las moscas… Realmente no hacía falta. Todo estuvo bajo control: en línea con los Lineamientos del PCC y los decretos-leyes del General-Presidente. Y eso fue en Miami, la capital del exilio anticastrista.

Mucho ha cambiado el carácter de Miami desde los tiempos en que algunos energúmenos quemaban pavos reales pintados por Mendive o amenazaban con ponerle una bomba a Rosita Fornés porque alguna vez, en un rapto de guataquería,  se retrató vestida de miliciana.

Recientemente el exilio  tuvo que soportar la afrenta de que se exhibiera en una galería de Miami la exposición  “Yo me muero como viví”, de dibujos de Antonio Guerrero, uno de los tres agentes de la Red Avispa presos en Estados Unidos. Hubo protestas, tuvieron que cambiar de galería, pero la exposición fue y no hubo quien le tirara no una pedrada, ni siquiera una escupida.

En Miami, personajes como Max Lesnik, Andrés Gómez, Fulano Fariñas y otros desembozados voceros del castrismo hacen uso y abuso de su derecho a la libertad de expresión sin sentir pudor ni consideración por una comunidad que debe su existencia a una dictadura que se apropió a la brava de la patria.

El exilio de Miami ha tenido que aprender a tragarse aunque no los mastique lo mismo a esbirros arrepentidos o no que a oportunistas, impostores, pelafustanes y artistas que se creen embajadores de la cultura cubana, apolíticos para lo que les conviene, por encima del bien y del mal.

A pesar de aguantar a tanto descarado venido de Cuba, y hasta infiltrado sin mucho disimulo, no hay quién le quite al exilio anticastrista la mala fama de la intolerancia y el revanchismo. Basta con que alguien se queje por alguna nueva afrenta o provocación castrista para que le cuelguen el cartelito. Vigilia Mambisa todavía no ha organizado un piquete, no ha sacado las pancartas, y ya llueven las acusaciones, no solo del régimen, sino también de los ingenuos y demasiado tolerantes que no recuerdan –tal vez porque es demasiado obvio o sencillamente porque no conviene a sus intereses – que la llave del odio y la intolerancia la tienen siempre a mano en La Habana.

Y el régimen se frota las manos de contento, muestra la calaña de sus enemigos, los mismos a quienes chulea su dinero y chantajea emocionalmente con sus familiares-rehenes, y vuelve a posar de víctima de “la mafia anexionista y anticubana”.

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