RADIO MARTÍ: PATRIOTISMO O UNA COMEMIERDADA MÍA.

En la foto: Jorge Alberto Riopedre

Por Esteban Fernández

La cosa fue así: Uno de mis mejores amigos en el mundo (mi compadre, como si fuera mi hermano, Jorge Alberto Riopedre, en la foto que encabeza este artículo) es nombrado -en los inicios de Radio Martí- un alto ejecutivo de la empresa. Era uno de sus fundadores en Washington D.C.

Esto coincide con la etapa más violenta de nuestras actividades en California. La Juventud Cubana de Los Ángeles en su apogeo. Cuero y candela contra nuestros enemigos.

Broncas constantes contra los izquierdistas y los hippies del patio. Caíamos presos, nos soltaban, e inmediatamente nos preparábamos para la próxima reyerta.
El 90 por ciento de nuestras actividades anticomunistas eran semi-ilegales, y el otro 10 por ciento todavía no me atrevo a mencionarlas por temor a que hay delitos donde no existe ninguna limitación. Dicho en otras palabras, en cualquier momento se pueden presentar cargos en nuestra contra.

Sin yo pedírselo, eso es natural entre amigos del alma, Jorge Riopedre -ajeno a mis actividades en Los Ángeles- desde que llegó a la capital, desde que se sentó en su buró en Radio Martí, se dio a la tarea de tirarme un cabo y colocarme en una posición de envergadura en la estación de radio.

No era lo más grande que Jorge hacía por mí porque ya había ido a Camarioca tratando de sacar a mis padres y hermano de Cuba.

La cuestión fue que un 25 de Diciembre, día de Navidad del año 1984, recibo muy temprano en la mañana una llamada de un norteamericano comunicándome que quería verme inmediatamente.

Al principio yo, desconfiado, le pregunté que si era un agente del FBI, pero se rió y me dijo: “Bueno, algo parecido”. Me tranquilizó cuando me dijo: “Quiero verlo hoy, lo antes posible, en el Edificio Federal de la Wilshire Blvd. en la suite tal, usted está recomendado por Jorge Riopedre”.

En la foto de arriba: Memorandum fechado el 26 de noviembre del 1984,  del nombramiento de Esteban Fernández como represetante de Radio Martí en California.

Para allá me fui, inmediatamente después del saludo de rigor me entregó una llave y me dijo: “Esta será tu oficina, ganarás un sueldo fabuloso, serás representante de Radio Martí en California, después que pases una serie de pruebas e investigaciones”.
Hasta ahí iba todo bien hasta que agregó: “Serás un empleado federal, y tu obediencia y lealtad absoluta será a los Estados Unidos de Norteamérica”.

Le dije: “Y…de Cuba qué?” Y me respondió: “Bueno, la libertad de Cuba es nuestro objetivo a través de brindarle información a los cubanos”. Con el tiempo descubrí que compatriotas como Pedro Corzo y Carlos Cabeza trabajando en Radio Martí siguieron laborando a favor de la causa, pero en ese instante pregunté : “¿Puedo seguir escribiendo lo que me dé la gana? ”

Y ahí fue donde me dejó frío: “Claro que sí, escribe, pero tienes que parar todas las actividades ILEGALES que ustedes realizan aquí”.

Me sonreí, le di la mano y al dársela en ella iba la llave de mi oficina la cual nunca pude estrenar. Salí mandado por el ‘405 Freeway’ para llegar a la casa antes que las niñas abrieran sus regalos.

Yo soy muy malo para los números, pero me parece que esa decisión -a la hora de retirarme- me representó como un cuarto de millón de dólares perdidos.

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