RECORDANDO A DOS GRANDES AMIGOS

Una Nota de: Aldo Rosado-Tuero

El vivir largos años tiene ventajas innegables; pero también te ocasiona grandes dolores en lo más íntimo del alma, cuando la vida te arrebata a seres queridos, de la familia o a hermanos elegidos, no heredados, que en muchas ocasiones son los que se sienten más, por la afinidad desarrollada con esas personas, a la que no te obligan los lazos de la sangre, sino los de los ideales.

Con motivo del otorgamiento por primera vez, del “Premio Agustín Tamargo: Soldado de la Libertad de Prensa“, establecido por Nuevo Acción para honrar la memoria de ese Paladín de la Libertad de Prensa, que fue Agustín, fui a mi archivo personal a buscar alguna foto del inolvidable y admirado amigo, para ilustrar  la información sobre el premio, y entre  otras muchas fotos, encontré ésta que hoy comparto con nuestros lectores, con una combinación de sentimientos encontrados: de tristeza, entrañables recuerdos y agradecimiento a la vida, por haberme permitido compartir por tantos años una tan estrecha amistad  y tantos momentos gratos y inolvidables con dos grandes cubanos, que ya se nos fueron: Roberto Cruzamora y Agustín Tamargo.

En la foto que ilustra esta nota aparecemos, sentados a una mesa compartiendo excelente queso, con uvas, y otras maravillas que Roberto–excelente anfitrión– siempre nos preparaba, una tarde de las tantas que acostumbrábamos a disfrutar los integrantes del cuarteto fotografiado, hasta dos o tres veces por semana, en el Penthouse de Roberto. Allí se ven, de izquierda a derecha a José “Pepe” Fernández, al que escribe estos renglones, a Roberto Cruzamora y a Agustín Tamargo. ¡Cuantas tertulias larguísimas!, cuanta amena conversación sobre todo lo divino y lo humano: de arte, historia, música (Agustín, como yo, era un fanático de la música flamenca), pintura (de la que Roberto y Agustín eran unos enamorados), historia, (en la que Pepe es una autoridad) y política,  en la que nunca faltaba el eterno tema de nuestra Patria sojuzgada, avasallada y abandonada, pero no rendida.

Aún recuerdo como muchas veces extendíamos las conversaciones iéndonos a comer al Roma, en los primeros años,  y al Versailles  y a La Rosa, en los últimos años de la vida de estos dos hermanos, que hoy no están.

A Agustín lo admiré en Cuba, sin conocerlo, siendo yo apenas un jovenzuelo, cuando sus escritos en Bohemia sentaban cátedra. Después tuve la dicha de hacerme su amigo cuando dirigía él, publicaciones en New York. Siendo él director de “Vanguardia” de Luís González Lalondry, tuve el privilegio de escribir una columna semanal para dicha publicación y un par de veces, Agustín consideró mis trabajos suficientemente buenos para darle espacio en la primera plana, cosa que agradecí eternamente. Cuando se trasladó para Miami, fue cuando tuve la oportunidad de intimar con él, gracias a la hermandad que me unía al poeta, periodista, ex guerrillero y ex preso político, Roberto Cruzamora, que era al mismo tiempo, amigo entrañable de Agustín. Roberto en el 90 % de los casos era el anfitrión que facilitaba las reuniones, tertulias o comelatas en que, algunas veces acompañados por otros amigos, y la mayoría de las veces, integradas por los 4 fotografiados, virábamos el mundo al revés, y compartíamos sueños, logros, fracasos, esperanzas y frustraciones, como suelen hacer los verdaderos amigos. Allí, alentado por mis tres amigos, y los elogiosos comentarios de Agustín al leer los dos primeros capítulos, nació mi primera novela “Recuerdos de Aurelio”, que después Agustín me hiciera el honor de presentar en la Moderna Poesía, el 17 de mayo del 2003 .

Hoy tienen los lectores que perdonarme el que me atreva a compartir con ustedes, esta triste añoranza, de dos cubanos, a los que quise mucho y que la Providencia nos arrebató antes del amanecer de libertad que nos espera, y en el que nos hubieran hecho tanto bien, con su inteligencia y pasión. Hermanos que vivirán perennemente en mi memoria, hasta el momento en que yo también me vaya de este mundo. (foto:archivo personal de Aldo Rosado-Tuero)- (Publicado en la edición del  martes 5 de mayo del 2009)

2 comentario sobre “RECORDANDO A DOS GRANDES AMIGOS

  1. Mis respetos, Aldo, un escrito nostalgico y muy sentimental, honor a quien honor merece, q.e.p.d., los buenos.

  2. Querido Aldo,

    Hoy vi la foto de nosotros con Roberto y Agustín y se me estrujó el corazón un poco.

    Debe tener entre 15 y 20 años, o más.

    Gracias por este recuerdo de la máquina del tiempo.

    Un fuerte abrazo,

    Pepe

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