REFORMA DICTATORIAL, ALIAS, REFORMA CONSTITUCIONAL

Por,  Carmelo Diaz Fernández- Especial para Nuevo Acción

En toda nación que se respete, la constitución encarna el paradigma de la sociedad y de la democracia, y establece el necesario equilibrio entre la política, la sociedad y la justicia.

Una prueba de ello fue la Constitución de la República de Cuba de 1940, considerada la más expresiva manifestación del Estado de Derecho en cuanto a las libertades cívicas se refiere.

Aquella constitución se elaboró con el concurso y la participación de todos los fundamentos ideológicos y filosóficos, ningún ideario fue marginado y los líderes de las diversas agrupaciones políticas y corrientes de pensamiento se expresaron sin temor al rechazo o a la censura.

Si una constitución no se conforma de manera explícita y combativa entonces no es otra cosa que un borroso y cuestionable documento.

A partir del año 1959 la Constitución de 1940 fue abolida por el régimen totalitario que gobernó por decreto hasta 1976, es decir durante 17 años. En ese año dieron a conocer un Reglamento del Partido Comunista al cual llamaron, de manera insultante, constitución.

¿Cómo es posible llamar constitución a un mamotreto del cual no han participado las distintas corrientes políticas y sólo el partido comunista ha sido su promotor y redactor?

Actualmente están redactando una reforma dictatorial para imponerla al pueblo de Cuba y vendérsela a la opinión pública internacional como un modelo de reforma constitucional, algo que constituye otra burla del castrismo a la inteligencia humana.

La nación cubana no reconoce esa caricatura de constitución  con la cual la dictadura pretende seguir anclada en el poder, y se refiere a ella con el alias de reforma dictatorial, algo totalmente lógico debido a la sutilesa con la que intentan seguir falsificando la realidad quienes han usurpado el poder absoluto por más de medio siglo.

En este nuevo Reglamento del Partido Comunista, alias constitución, no se menciona la libertad de expresión, la pluralidad de partidos políticos ni elecciones independientes, periódicas y competitivas, como tampoco se hace referencia a la libre locomoción del ciudadano cubano tanto dentro como fuera de la Isla.

Tampoco se otorga al cubano el legítimo derecho a invertir en la mediana y gran empresa, y en cuanto a los prisioneros políticos ni pensar que serán puestos en libertad: algunos de ellos llevan más de 30 años encarcelados.

¿Y qué decir de los trabajadores cuyas conquistas han sido cercenadas? No tienen derecho a la huelga ni a una mejor remuneración salarial, y son obligados a participar en los actos políticos organizados por el régimen bajo la amenaza de ser despedidos de sus empleos.

Resultaría interminable la lista de arbitrariedades, que por falta de espacio, no podemos mencionar en este artículo. El cubano no pertenece al género tonto, su naturaleza es humana-valiente y no admitirá bajo ningún concepto, cueste lo que cueste, el nuevo Reglamento del Partido Comunista que quieren imponerle con el apodo de reforma constitucional.

*CARMELO DIAZ FERNANDEZ, sindicalista cubano independiente. Ex prisionero de la Causa de los 75.

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