RÉQUIEM POR LA ECONOMÍA YUGOSLAVA-PRIMERA PARTE

PALENQUEOTONODE1993Nota de la dirección de Nuevo Acción: Una buena cantidad de lectores se han dirigido a nosotros, unos indagando, otros opinando y otros varios interrogando sobre la Autogestión, tocada por mí en mi columna hace unos días; y tratada varias veces anteriores en otras ediciones. Hoy les traemos un interesante artículo sobre el tema, aparecido en el número de otoño del 1993,  Año 4, número 10 de la revista “Palenque”, de la que yo formaba parte del Consejo de dirección.

Recomiendo a los interesados lean con detenimiento este interesante e ilustrativo artículo sobre la Autogestión: 

BRANKOHORVATPor Branko Horvat

Una nota de la dirección de Palenque: Habíamos anunciado en anteriores números que el gobierno cubano preparaba paliativos para ganar tiempo y confundir. En el pasado mes de septiembre se anunciaron en Cuba cambios en el sector agrícola. Se dice que las cooperativas se convertirían en autogestionarias, pero, y aquí viene el pero, seguirán bajo la administración del Estado y solo podrán vender sus productos a organismos del Estado bajo precio fijado por éste. Ahí está la trampa. Como Palenque ha venido proclamando por años, es requisito indispensable para que exista la verdadera autogestión, que los trabajadores nombren libremente su administración y gerencia, sin ninguna intervención estatal o foránea a la empresa; que la empresa autogestionaria pueda comprar y vender en un mercado de libre competencia; y que tanto la empresa como sus ganancias sean verdadera propiedad de los integrantes de la misma. Así es como funciona la verdadera autogestión. 

El siguiente artículo sobre la autogestión en Yugoslavia, habla por sí solo. El proyecto fue un rotundo éxito en ese país mientras la dictadura comunista no metió su cuchareta injerencista. Una vez que “la nueva clase” y la gerentocracia se apoderaron de la administración de las empresas, éstas fracasaron estrepitosamente, como era de esperarse. Por otra parte, el paso dado en nuestra patria es un paso de avance, ya que una vez eliminada la tiranía estalinista, solo hará falta entregar la administración a los trabajadores y técnicos y dejarlos comprar y vender en el mercado libre y sin injerencias extrañas a las empresas. El papel del gobierno se debe de limitar a facilitarles acceso a asesoría técnica, y si fuese necesario, garantizar  algún financiamiento inicial. Alertamos a nuestros hermanos dentro del Archipiélago a aceptar ese paso solo como un punto de partida para llegar a convertirse en los verdaderos dueños y administradores de sus propios destinos. 

Se ha dicho en ocasiones que Yugoslavia se desintegró por sus fallos económicos. Los que conocen un poquito hablan acerca de los supuestos fallos de la autogestión. Siguen habiendo otros que responsabilizan a la propiedad social por el fracaso. Algunos economistas admiten que hubo desarrollo económico, pero mantienen que fue debido a la ayuda extranjera. Ninguna de esas explicaciones es correcta. Las causas son políticas.

Antes de la Segunda Guerra mundial Yugoslavia estaba extremadamente subdesarrollada. Gracias al rápido auge de la autogestión para 1968 Yugoslavia había sobrepasado los niveles de producción y consumo de la pre guerra de los países más avanzados de Europa. De 1953 hasta 1965, el crecimiento anual de la productividad fue del 4.7 por ciento. Compárese esto con el 3.3 por ciento de los países de economías capitalistas y con el 3 por ciento de las economías estatizadas. El crecimiento de la productividad fue posiblemente el de más alto rendimiento en el mundo durante ese período. Al mismo tiempo, lo índices relativos al bienestar básico de la población (expectativa de vida al nacimiento, educación y servicios de salud) eran no solos más altos que los de los países capitalistas, sino sustancialmente mucho más altos que los estado paternalistas (léase países comunistas). De hecho, alrededor de 1971, eran los más altos del mundo.

El alto grado de crecimiento no fue solo una cifra estadística. Este se reflejó en el crecimiento del bienestar económico de la población. Un artículo de consumo puede servir para ilustrar los resultados obtenidos. Con 2.9 millones de automóviles en 1986, Yugoslavia poseía el doble de carros que Turquía, que tenía el doble da la población de Yugoslavia.

Sin embargo, la economía no es  la disciplina que se debe utilizar para explicar los eventos de Yugoslavia. Dentro de los marcos de este artículo me tendré que limitar a hacer notar algunos hechos innegables. La Yugoslavia de la pre-guerra, al igual que la Rusia Zarista era un país atrasado.

A medida que se agrandaba la brecha entre Yugoslavia y los países desarrollados, la brutalidad en sus relaciones mayores, se tornó mayor. El desarrollo era lento, el régimen represivo. Se hizo evidente que el único modo de salir del círculo vicioso de pobreza y brutalidad, era instrumentando u  cambio revolucionario violento. Para la imaginación popular, la revolución valía los sacrificios si significaba realmente algo nuevo—no solamente ligeras alzas de salarios—y unos políticos un poco mejores. La revolución debía crear una nueva sociedad en la que los menos privilegiados pudieran  valerse de las instituciones democráticas, en las que la justicia social estuviera garantizada y los niveles de vida crecieran aceleradamente.

La oportunidad se presentó durante la guerra. Los comunistas emergieron victoriosos y comenzaron a implementar su visión. En ese momento eran extremadamente populares. De acuerdo con varios cálculos ellos hubieran obtenido al menos dos tercios de los votos en unas elecciones libres.

Desafortunadamente su visión contenía en sí misma dos contradicciones cruciales y una falsa conclusión, también crucial. El Socialismo significa una sociedad en la que el “estado represivo desaparecerá” y en el que la libertad de cada uno es un a pre-condición para la libertad de todos (Manifiesto Comunista). Sin embargo nos decían que no se podía esperar que el pueblo analfabeto y sin educación, comprendiera esto y se comportara en consecuencia. Por lo tanto la clase dirigente se opondría fieramente a una sociedad igualitaria. (Continuará)

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