RESCATANDO UNA COSTUMBRE QUE VA DESAPARECIENDO. VUELVA A LEER LIBROS-IV

Nota de Nuevo Acción: Para nadie es un secreto que el hábito de la lectura ha ido desapareciendo poco a poco y que ya casi nadie lee libros. Para contribuir en algo a rescatar ese hábito, publicaremos esta sección con la esperanza de animar a algunos lectores a adquirir conocimientos provechosos dedicando un tiempo diario a leer obras importantes, principalmente que no se ajustan a la tan nefasta moda de “la corrección política”.

“LOS DIARIOS DE GUERRA DE CHARLES A. LINDBERGH”

Charles A Lindbergh fue uno de los hombres más famosos del siglo XX. Hay que incluirlo con toda justicia dentro de este reducido grupo de personas cuyas actividades abarcan un amplio campo del hacer humano, tanto en el cultivo del espíritu como en las realizaciones “prácticas”. Puede considerársele como un genuino humanista dentro de la moderna tradición americana. Su nombre saltó a la fama internacional en 1927 tras su vuelo en solitario a través del Atlántico a bordo del “Spirit of St. Louis”, que representó un hito fundamental en el desarrollo de los transportes aéreos. Al poco tiempo volvió a acaparar la atención mundial por un hecho luctuoso: el secuestro y la posterior muerte de uno de sus hijos. Eran los años del apogeo de la prensa amarilla y Lindbergh sufrió la persecución de unos periodistas más preocupados por el éxito fácil que por respetar el dolor ajeno y se vio obligado a emigrar a Europa con toda su familia, en busca de paz y reposo. Posteriormente realizó un viaje por algunas capitales europeas para estudiar la situación de la aviación de las grandes potencias.

Profundo conocedor de la materia, sus consejos hubieran sido de gran utilidad para el Gobierno norteamericano si éste los hubiera tomado en consideración. Por aquellos años su interés se orientó hacia los trabajos técnicos y científicos. Colaboró con el Dr. Alexis Carrel en sus estudios sobre el fenómeno de la vida y con el Dr. Goddard, pionero de los cohetes espaciales; inventó y perfeccionó una bomba de perfusión de órganos; exploró las rutas aéreas de América del Sur, Europa y Oriente; todo ello sin dejar nunca su labor de escritor.

Mientras, se acercaba a pasos agigantados la Segunda Guerra Mundial. Lindbergh, filósofo de la Historia a su modo, previó con toda claridad cuál sería el final de esta guerra, quiénes serían los vencedores auténticos y cuáles serían las consecuencias. No le cupo ninguna duda sobre la victoria de Rusia y la derrota de Europa. Por ello luchó con todas sus fuerzas, a través de la organización America First para evitar la entrada de los Estados Unidos en la lucha al lado de la U.R.S.S. Los Diarios de Guerra en los que Lindbergh vertió todas sus experiencias, ilusiones y amarguras se inicia en el momento en que Alemania invadía Austria mientras él, con toda su familia, se hallaba en su retiro de llliec, en la costa de Bretaña. Después vendrá el viaje por Europa, el, regreso a los Estados Unidos y la lucha por evitar que su nación participara en la guerra.

Cuando, por la decidida voluntad de Roosevelt y la influencia de los elementos pro-británicos del país, se vieron obligados a entrar en la contienda. Lindbergh, que era coronel de aviación, se puso al servicio de su patria. Primero como técnico de la casa Ford y más tarde como observador y consejero en la zona del Pacífico contribuyó al perfeccionamiento de los aviones militares.

Acabada la guerra volvió a Europa con la misión de reclutar técnicos aeronáuticos alemanes para la industria americana. Aquí pudo comprobar lo que había representado para nuestro continente la guerra: su total destrucción. Sus profecías sobre el avance del comunismo no habían sido vanas. Todo lo fue anotando Lindbergh en su diario, con un estilo completamente llano, sin ninguna retórica estilística.

Los Diarios no estaban destinados al público, y de hecho no lo fueron hasta veinticinco años después de haber sido escritos. Por ello asoma en sus páginas una sinceridad y un realismo que hacen de la obra de Lindbergh un documento único para estudiar la actitud de los Estados Unidos en particular y de todos los contendientes en general durante aquellos tormentosos años.

Lindbergh escribió una crónica de guerra pero también un ensayo político e histórico de un período que cambió totalmente el equilibrio mundial y que sentó las bases de la situación posterior. En todas estas páginas de valor, épico y trágico la nota amable es la dulzura y la comprensión de la esposa del autor, Anne Morrow.

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