SEÑALES DE ALERTA

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JORGERIOPEDREPor, Jorge Riopedre

Una mayoría aplastante de periodistas, académicos y analistas suscriben la tesis de una Cuba republicana en pleno desarrollo, fuera de serie, no sólo en Hispanoamérica, también en Europa, por sus logros importantes en la salud, educación, producción de alimentos, radio, televisión, deportes, industria azucarera y agropecuaria, y una larga lista en la que sobresale una baja tasa de mortalidad infantil y analfabetismo; faltaba mucho por hacer, siempre hay asignaturas pendientes, pero ya se habían echado los cimientos de un futuro prometedor… y sin embargo.

Me dicen que en 2016 Estados Unidos es todo color de rosas; que gozamos de una pujante economía, que el desempleo ha disminuido, que las minorías florecen; que las fuerzas armadas no tienen rival o que la integración racial marcha muy bien. Sin duda, no hay otra potencia mundial en condiciones de enfrentar frontalmente a Estados Unidos. Sin embargo, la inestabilidad interna es palpable, la división profunda, las necesidades materiales crecientes, la amenaza asimétrica latente. El cerco se estrecha; la diversidad que una vez la hizo poderosa ahora le asedia. ¿Cuba 1958?

No, por favor, que no cunda el pánico, Estados Unidos no es una isla miserable como Cuba, en la que todos sus nuevos habitantes canibalizaron la república hasta dejarla en el hueso y ahora vienen por más. Pero la percepción pública estadounidense está enviando señales de alerta con esa capacidad sensorial compartida por otras especies que perciben el terremoto antes de que la tierra comience a temblar.

¿Cómo se ha llegado a este punto? Un postulado antropológico sugiere que todo cambio demográfico suscita un cambio cultural. En Roma fueron las tribus germánicas; aquí, varias minorías despuntan en proceso de definición. ¿Qué significa esto? Que la lucha por el poder se incrementa; la violencia se expande; y las fuerzas del orden se repliegan. ¿Qué viene después?

No se preocupe, todavía no existen todas las condiciones necesarias para el desenlace. Pero así como muchos europeos cruzaron el Atlántico en busca de otros mundos, siempre quedará la alternativa de buscar una apacible residencia en otro planeta donde la oportunidad llegue al techo… bueno, hasta que se forme se nuevo el zafarrancho y haya que seguir camino por el espacio en una deriva que no tiene fin

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