SI TODOS HUBIERAN SIDO COMO USTED Y YO, OTRO GALLO CANTARÍA

por Esteban Fernández

Todos los días nos cae encima, desde hace muchas décadas, un aluvión de negatividad con respecto a la patria lejana. Malas noticias, mala vibra y ardientes deseos de desencantarnos.

Verdades, medias verdades, mentiras, exageraciones, todas desfavorables a la causa que obstinadamente queremos defender y ganar.

Y entonces simbólicamente tenemos que ponernos una armadura que no le entren ni lo tiros de las más potentes ametralladoras.

¿Qué tiempo hace que los verdaderos activistas no reciben una solitaria noticias con el más leve biso de credibilidad que nos cause el más ligero de los optimismos con respecto a liberación de Cuba?

Yo creo que a través de los últimos 30 (o 40 o 50) años he recibido miles y miles de frases negativas que hubieran decepcionado al más pinto de la paloma.

No dicen: “Tú estás loco, porque sigues en esa bobería, aquello no se cae más nunca, los cubanos ni aquí ni allá merecen que te sacrifiques por ellos, ¿qué ganas con amargarte la vida?”.

“Los líderes se han robado los fondos de las organizaciones, a los verdaderos combatientes se han muerto, andan con un burrito o están recluidos en un “home”.

“Eres un empecinado, un dinosaurio, Miami es una olla de grillos, no hay unidad, los pícaros están recibiendo subvenciones o “grants”, en Cuba ya hay comunismo. Los cubanos van y vienen, vienen y van, y ni mencionan una sola vez sus deseos de liberar a Cuba”.

“Todavía lucen aterrados  -y estando en tierras de libertad- de mencionar una sola crítica contra los Castro”

Y así un millón de cosas más, en algunas tienen razón, en otras no, pero yo asiento, les sigo la corriente, no les discuto ninguno de esos puntos de vista, y solo respondo: “Bueno ¿y qué?”

¿Bueno, y qué?  ¿Qué quieren que haga, que me rinda, ¿que tire la toalla, que levante la bandera blanca, que pare de echarles con el rayo a los que han destruido y siguen destruyendo al país que yo sigo queriendo añorando y defendiendo su libertad?

Vamos a aceptar que todo es verdad, que aquello no tiene solución, que perdimos, que al 90 por ciento de mis compatriotas aquí y allá les interesa tres pepinos la denigrante situación de la Isla, está bien lo acepto, pero lo que no acepto es unirme al coro de los derrotados, de las auras tiñosas, y de los que han enterrado las ansias de rebeldía y beligerancia en lo más profundo de sus seres.

Ante cada frase derrotista, solo hay que responder: es verdad pero que has hecho tú para que no sea así.

La mejor forma de callarlos es diciéndoles: “Si todos fueran como yo y hubieran tenido una actitud contestaria contra el régimen aquello de hubiera caído antes de agosto de 1959, pero el 95 por ciento fueron como tú, y por eso ESTAMOS COMO ESTAMOS.

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