SIENDO POLÍTICAMENTE INCORRECTOS. LA OTRA CARA DE LA HISTORIA: PAUL RASSINIER Y SU OBRA “LA MENTIRA DE ULISES”-11-

PAULRASSINIERPor, Paul Rassinier

…Pröll es un joven alemán de 27 a 28 años. En 1934, tenía la intención de ser médico. Hijo de comunista y comunista él mismo, fue detenido cuando era todavía casi un niño. Lleva diez años en diversos campos.

Enviado primeramente a Dachau, sobrevivió a los rigores del naciente campo gracias a su juventud: la S.S., así como los detenidos, generalmente no se ensañaban sobre los niños; los primeros por una especie de regresión ante la inocencia indudable, los segundos por una ternura particular que les alimentaba la esperanza de ver convertirse a aquéllos en invertidos. Gracias a esta doble circunstancia, Pröll logró infiltrarse en la enfermería como Pfleger, y permanecer allí algunos años, hasta ser enviado a Mauthausen con este título. La Häftlingsführung verde de Mauthausen pronto se desembarazó de él en provecho de Auschwitz que le incluyó en el primer convoy que partió para Natzweiler. Fue en Natzweiler donde tuvo su mayor permanencia: fue Kapo del Lagerkommando y adjunto del Lagerältester. Los presos, pocos en verdad, que le conocieron en este campo, eran unánimes en declarar que nunca habían visto un animal semejante. Una revolución de palacio en la H-Führung de Natzweiler determinó su envío a Buchenwald, de donde fue reexpedido a Dora como hombre de confianza de los comunistas y Kapo de la enfermería.

En Dora, Pröll se porta como los otros Kapos, ni mejor ni peor. Inteligente, organiza la enfermería salida del apostolado del holandés, que le considera a pesar de todo como una valiosa ayuda por su competencia. Ciertamente, no obedece siempre los mandatos morales de la medicina: es brutal y, en la composición del ejército de Pfleger que precisa para asegurar la marcha de la empresa, prevalecen las referencias políticas sobre las profesionales. Es así como el herrero Heinz, que era comunista y había logrado infiltrarse en la enfermería ya bajo el reinado del Kapo verde, como Oberpfleger o enfermero mayor, gozó siempre de su total confianza, frente a la opinión de los médicos. Así es como prefiere siempre a no importa qué mozo de cuerda alemán, checo, [110] ruso o polaco, en vez del estudiante de medicina del que sabe que sus opiniones políticas no concuerdan con las de él. Tiene una gran admiración por los rusos y cierta debilidad por los checos que, según él, fueron abandonados a Hitler por los anglosajones y los franceses, a los que desprecia. Pero es un organizador de primera clase.

En menos de un mes, la enfermería está ordenada bajo los principios de los grandes hospitales: en el bloque 16, la administración, las entradas y los cuidados urgentes; en el 17 y en el 39, medicina general, nefritis y neuritis; en el 38, cirugía; en el 126 pulmonías y pleuresías; en el 127 y 128 los tuberculosos. En cada bloque hay un médico responsable, asistido por un Oberpfleger en cada sala un Pfleger para los cuidados y un Kalfaktor para diversos servicios. Para los enfermos hay literas de sólo dos pisos con jergones de viruta de madera, sábanas y mantas. Hay tres regímenes alimenticios: el “Hauskost” o alimentación semejante en todo a la del campo, para los enfermos que no estén afectados en las vías digestivas; el “Schleimkost” o sopa fina de sémola (sin pan, margarina ni salchichón) para aquellos cuyo estado requiera dieta; y el “Diatkost” que consiste en dos sopas diarias una de ellas azucarada, pan blanco, margarina y confitura para los que tienen necesidad de un fortificante.

No se puede decir que en la enfermería se esté muy bien cuidado. La S.S.-Führung sólo concede unos pocos medicamentos y Pröll sustrae del cupo todo lo necesario para la H-Führung no dejando filtrar a los enfermos más que aquello de lo que ella no tiene necesidad. Pero se duerme limpio, se reposa y la ración alimenticia, aún en el caso de que no sea de mejor calidad que en el campo, es siempre más abundante. Pröll limita el cumplimiento de su oficio de Kapo a una visita diaria, que acompaña con algunos gritos y golpes distribuidos generosamente entre el personal y los enfermos cogidos en flagrante delito de transgresión de los reglamentos de la enfermería. La vida que se lleva en ella contrastaría con el régimen que impera en el resto del campo si el Pfleger y el Kalfaktor, tanto por celo y fidelidad a las tradiciones como por temor al Kapo, no pusiesen toda su voluntad en procurar hacerla intolerable.

(Continuará)

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