SIENDO POLÍTICAMENTE INCORRECTOS. LA OTRA CARA DE LA HISTORIA: PAUL RASSINIER Y SU OBRA “LA MENTIRA DE ULISES”-18-

PRISIONCENTRALDERIOMENFRANCIAPAULRASSINIERPor, Paul Rassinier 

Apéndice al Capítulo II

LA DISCIPLINA EN LA PRISIÓN CENTRAL DE RIOM EN FRANCIA (Foto de arriba)

«Tres destacados elementos deben ser recogidos en cuanto a los medios de disciplina.

»El primero es la institución de una jerarquía interior de presos que cooperan con los guardianes en el mantenimiento del orden. He oído frecuentemente a franceses indignarse por la institución de estos auxiliares benévolos de los cabos de presidio en los penales nazis: son los mismos que no pueden admitir que algunos alemanes ignoraban lo que pasaba en su suelo, y que no saben lo que pasa en Francia. Hay precedentes, no obstante, para los Kapos, los Schreiber, los Vorarbeiter, los Stubendienst, etc… Los contables de los talleres, los capataces (aunque hay también civiles), toda la administración, son tomados entre los presos, y gozan evidentemente de ciertas ventajas. Hay que dejar aparte a los prebostes u oficiales, explícitamente encargados de mantener el orden. Esto va desde el preboste de dormitorio, que tiene cerca de su cama un botón para alertar a los carceleros cuando sucede algo anormal (fumar, lectura, conversaciones, etc.) y del que felizmente hace poco uso – hasta el verdugo oficial o preboste del «Quartier».

»Ahora me falta por decir lo que es el «Quartier»: la prisión especial en el interior de la cárcel, y de hecho el lugar de tortura (aseguro que la palabra no es exagerada). Este segundo elemento de la disciplina lleva, como en el «Infierno» de Dante, diversos círculos. Empieza con la sala de disciplina, donde en principio se[155] contentan con hacer andar en círculo a los condenados, con pausas muy breves, a un ritmo sostenido por una ración especial para el entrenador – mientras que la regla para los otros es la disminución de la comida -; de hecho, llueven los golpes. Yo mismo he tenido la suerte de escapar a ellos, pero puedo afirmar que muy frecuentemente he visto salir de la «Sala» a las pobres víctimas con las huellas visibles de los recientes golpes. Y va hasta la celda – en principio hasta 90 días consecutivos, equivalentes prácticamente a la pena de muerte – con una escudilla de sopa cada cuatro días y unos crueles refinamientos que repugna el expresarlos. En especial, afirmo que ha sido frecuentemente aplicada la llamada tortura de la camisole, camisa de fuerza que junta los brazos tras la espalda y muy frecuentemente los lleva después hasta el cuello. Aseguro, por haber reunido innumerables testimonios concordantes, que ciertos carceleros – ayudados especialmente por el preboste – golpean con diversos instrumentos, incluyendo la aguja de forja, y a veces hasta que sobreviene la muerte. Igualmente afirmo que los nazis sólo han aportado perfeccionamientos de detalle al arte de matar lentamente a los hombres.

»Ahora bien, y éste es el tercer instrumento de la disciplina, estas condenas accesorias» que van a veces hasta la pena de muerte implícita, no son pronunciadas por los tribunales instituidos por la ley, sino por una jurisdicción que, me parece, ella ignora: el Prétoire. Este es un tribunal interno de la prisión, presidido por el director, el cual está asistido por el subdirector (en el argot penitenciario el sous-mac) y el jefe de guardia en funciones de escribano. Ninguna defensa, una acusación en ocasiones ininteligible, ninguna respuesta salvo el ritual “Gracias, señor director” que sigue a la condena. Por mi parte, yo siempre he podido salir de él con una simple multa, reduciendo solamente el derecho de compra en la cantina (los recursos están limitados al salario, o más bien a una parte disponible muy escasa, y a una ayuda exterior que entonces era extremadamente reducida pues sólo se permitía el paquete de ropa interior.) Pero las condenas severas llueven, incluso por el simple incumplimiento de la tarea impuesta.» Pierre Bernard. (Revolución Proletaria, junio de 1949.) [156] (Continuará)

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