SIENDO POLÍTICAMENTE INCORRECTOS. LA OTRA CARA DE LA HISTORIA: PAUL RASSINIER Y SU OBRA “LA MENTIRA DE ULISES”-24- Por, Paul Rassinier

DAVIDROUSSETFoto: David Rousset

PAULRASSINIERPor, Paul Rassinier 

CAPÍTULO IV LOS PSICÓLOGOS: DAVID ROUSSET Y EL MUNDO DE LOS CAMPOS DE CONCENTRACIÓN

De todos los testigos, ninguno consiguió esta habilidad, esta potencia de evocación y esta exactitud en la reconstitución de la atmósfera general de los campos, como esta gran figura conocida a escala universal Pero tampoco ninguno de ellos ha novelado más ni mejor.

La historia conservará su nombre: yo tengo miedo de que esto sea sobre todo por su calidad de literato. En el plano histórico propiamente dicho, el embalaje ha logrado la venta del producto. El, por otra parte, lo ha presentido y ha tomado la delantera:
«He contado ciertos hechos tal como eran conocidos en Buchenwald, y no como los presentan los documentos publicados ulteriormente…» «…Existen sobre todo contradicciones de detalle, no solamente entre los testimonios sino también entre los documentos. La mayoría de los textos publicados hasta ahora sólo se apoyan sobre aspectos muy exteriores de la vida de los campos, o bien son apologías cuyo procedimiento se basa en alusiones, y más que a recoger hechos se limitan a afirmar principios. Tales documentos son valiosos pero a condición de conocer ya íntimamente aquello sobre lo que hablan: entonces, permiten encontrar a menudo una concatenación [174] todavía desapercibida. Yo me he esforzado precisamente en reproducir las relaciones entre los grupos en su complejidad real y en su dinámica.” (Los días de nuestra muerte, anexo, página 764)!

Este razonamiento le ha permitido descuidar los documentos totalmente o casi, y apoyándose en el hecho de que los relativos a los campos del Este son a la vez escasos y pobres, declarar que  « El recurso a los testimonios directos es el único método serio de prospección.» (Ibídem.) después de escoger entre estos testimonios directos aquellos que servían mejor su manera de ver del momento.

«Se trataba en estas condiciones (señala él), más bien de una atrevida tentativa – arriesgada, se podría decir quizá – que de querer un panorama de conjunto del mundo de los campos de concentración.» (Ibídem.)  No se le podría caracterizar mejor de lo que lo hace él mismo. Pero entonces, ¿por qué ha presentado los campos en esta forma que procede de la afirmación categórica?

El mundo de las campos de concentración (Pavois, 1946) tuvo un éxito merecido. En el concierto de los testigos menores que pedían la venganza a gritos y la muerte de los alemanes vencidos (7) intentaba llevar las responsabilidades sobre el nazismo e indicaba un giro, una orientación nueva. La Francia pacifista le agradeció a David Rousset (ver foto grande que encabeza esta entrega) por haber concluido en estos términos: «La existencia de los campos es una advertencia. La sociedad alemana, en razón a la vez de la potencia de su estructura económica y del rigor de la crisis que la ha derrotado, ha conocido una descomposición hasta [175] ahora excepcional en la actual coyuntura del mundo. Pero sería fácil demostrar que los rasgos más característicos de la mentalidad de la S.S. y de los cimientos sociales se encuentran en muchos otros sectores de la sociedad mundial. Sin embargo, menos acusados, y ciertamente sin medida común con el desarrollo en el Gran Reich. Pero esto no es más que una cuestión de circunstancias. Sería un engaño, y criminal, pretender que es imposible a los otros pueblos pasar por una experiencia semejante por «razones» de oposición de «naturaleza». Alemania ha interpretado con la originalidad propia a su historia, la crisis que le ha conducido al mundo de los campos de concentración. Pero la existencia y el mecanismo de esta crisis depende de los fundamentos económicos y sociales del capitalismo y del imperialismo. Bajo una nueva forma, mañana pueden aparecer todavía efectos análogos. (8) Se trata en consecuencia de una batalla muy concreta que hay que llevar.» (Página 187.)

Los días de nuestra muerte (1947), obra en la que se vuelven a tomar los antecedentes de El mundo de los campos de concentración y se especula con ellos hasta agotarlos, está bastante alejada de esta profesión de fe que, por otra parte, El payaso no ríe olvida totalmente. De donde hay que concluir que David Rousset ha evolucionado con el pretexto de hacerse más preciso, lo cual ha hecho que su obra haya acabado por tomar un carácter mucho más antialemán que antinazi a los ojos del público. Esta evolución, en su punto de partida, fue más notable al estar matizada de ciertas debilidades por el comunismo, pero después de cierto tiempo
[176] ha encontrado su conclusión en un antibolchevismo del que sería aventurado decir que no se transformaría en rusofobia para y simple si la crisis mundial se precipitase en una guerra.

MARTIN-CHAUFFIERLa originalidad, pues, de El mundo de los campos de concentración ha sido distinguir entre Alemania y el nazismo en el establecimiento de las responsabilidades. Y es doble por una teoría que hizo sensación en tanto que justificaba el comportamiento de los presos encargados de la dirección de los asuntos del campo, por la necesidad de conservar para la postguerra ante todo la élite de revolucionarios. (9) Martin-Chauffier (foto de la izquierda) justificando al médico que quiere salvar al mayor número posible de presos para lo que concentra sus esfuerzos, ante todo, en ciertos enfermos, y David Rousset justificando la política que quiere salvar la calidad y no el número, pero una calidad definida en funciones de ciertos imperativos extrahumanitarios, ofrecen muchos argumentos, y de no poca importancia, que irritan los ánimos de la masa anónima de los internados. Y si, a propósito de uno y otro caso, se habla algún día de impostura filosófica ello no tendrá nada de extraño.

Los espíritus maliciosos podrían incluso añadir que David Rousset probablemente fue salvado de la muerte por el Kapo alemán Emile Künder, que le consideraba como perteneciente a esta élite revolucionaria, que por este motivo le manifestó una gran amistad y que hoy reniega de él.
Esto sea dicho sin perjuicio de otras salvedades.
(Continuará)

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