SIENDO POLÍTICAMENTE INCORRECTOS. LA OTRA CARA DE LA HISTORIA: PAUL RASSINIER Y SU OBRA “LA MENTIRA DE ULISES”-31- Por, Paul Rassinier

LAMENTIRADEULISESPAULRASSINIERPORTADACAPÍTULO VI- EL COMANDANTE DE AUSCHWITZ HABLA…,de Rudolf Höss

PAULRASSINIERPor, Paul Rassinier 

Desde el momento en que, apenas terminadas las hostilidades, fue revelada al mundo la existencia de los campos alemanes de concentración – por otra parte, al mismo tiempo que al pueblo alemán – no hubo más que un grito: nunca se había visto esto y era necesario un genio tan demoníaco como el de Alemania para inventarlo. Nadie observó en aquel momento que los que gritaban más fuerte eran los comunistas. Y como los comunistas añadían que se habían comportado en ellos lo mejor posible, que gracias a ellos muchas personas destinadas al exterminio se habían salvado de una muerte horrorosa, todo el mundo cedió a su voluntad excepto algunas personas de carácter. La gente les creyó tanto más fácilmente porque habían encontrado dos escritores de talento, si no de una indiscutible probidad, para responder por ellos: David Rousset en Francia y Eugen Kogon en Alemania.

Con el tiempo, si las cosas no volvieron del todo a su orden normal, al menos la verdad salió poco a poco a la luz.

Los historiadores, asombrados momentáneamente por la versión comunista, aunque no se atrevieron a decir nada al estar los comunistas en el poder en la mayoría de los países de la Europa occidental, empezaron a escribir que Alemania no había inventado los campos de concentración, que los ingleses los habían utilizado contra los boers en Africa a fines del pasado siglo, que los franceses habían encerrado en ellos a los españoles en 1938,  [245] que los rusos los empleaban desde 1927 y retenían en ellos hasta 20 millones de personas, etc. En una palabra, que todos los países del mundo habían empleado esta institución en un período u otro de su historia, v que cada vez se habían podido comprobar en ellos los mismos horrores que en los campos de concentración alemanes, cualquiera que fuese la forma de gobierno.

Para mí estaba clara la maniobra de los comunistas: poniendo el acento sobre los campos alemanes, pensaban entretener y desviar la atención del mundo de los 20 millones de personas que ellos guardaban en sus propios campos, y a las cuales imponían unas condiciones de vida de las que los testimonios publicados hoy por algunos supervivientes (Margareth Buber-Neumann, especialmente) han probado ampliamente que eran peores todavía que las que nosotros conocimos en los campos alemanes.

Además, al cultivar el horror apoyándose en David Rousset y Eugen Kogon, los comunistas, cuyo tema central era: «Nunca olvidéis esto» (1), querían mantener a las potencias occidentales en estado de división, y, más especialmente, impedir toda reconciliación entre Francia y Alemania, pilares de la unión general.

Solamente hoy, uno se da cuenta de que en este último punto han conseguido su propósito, y se empieza a comprender que no les ha ayudado poco su tesis sobre los campos alemanes de concentración. En lo relativo al horror inherente a los campos de concentración, en cualquier país y bajo cualquier gobierno, es la misma Francia la que aporta el testimonio más significativo: en julio de 1959, mientras hacía un reportaje en Argelia, el periodista francés Pierre Macaigne, de Le Figaro, tuvo ocasión de visitar el campo de concentración de Bessombourg, donde veía a millares de personas en el mismo estado de salud que era el nuestro cuando salimos de los campos alemanes. El informe de la Cruz Roja internacional publicado en 1959, asegura por otra parte que en Argelia hay «más de cien campos» como aquél, con un total de 1.500.000 personas detenidas, o sea 1/6 de la población…

Quedando establecido este punto, no es indiferente el entrar en el detalle y ofrecer algunos ejemplos de «verdades» reveladas [246] por los comunistas, admitidas ayer por una opinión crédula y de las cúales se puede decir hoy que eran desvergonzadas mentiras.

Pues los comunistas no han abandonado sus proyectos: el cultivo del horror – de un horror en el que tienen su buena parte, ya que ellos mismos administraban los campos alemanes de concentración y mandaban en todo – habiendo servido tan admirablemente a sus designios políticos, intentan mantenerlo publicando de vez en cuando lo que ellos llaman en un delicioso eufemismo, un testimonio. Se sabe, ciertamente, que viniendo del otro lado del telón de acero, todos estos «testimonios» infunden la sospecha de haber sida fabricados por las necesidades de la causa.

Pero la propaganda comunista está tan bien hecha, los tiene traducidos en todas las lenguas y tan abundantemente propagados en la Europa occidental, que los espíritus no prevenidos que a pesar de todo son la mayoría, pueden dejarse engañar. Aun cuando este trabajo resulta fastidioso, se hace necesario el examinarlos minuciosamente para poner en evidencia el engaño.

NYISZLIMIKLOSEn 1953, tuvimos “S.S.-Obersturmführer Dr. Mengele”, por el comunista húngaro Nyiszli Miklos (en la foto), y hoy tenemos Der Kommandant van Auschwitz spricht que pretende ser una confesión redactada en la cárcel por Rudolf Höss, en los días que precedieron a su ejecución en Cracovia el 7 de abril de 1947.

Ambos «testimonios» se refieren a Auschwitz-Birkenau, y han sido publicados para probar que la mayoría de los internados, y más especialmente los judíos, fueron exterminados sistemáticamente por medio de las cámaras de gas. Estoy satisfecho de poderlos confrontar hoy, pues la contradicción existente entre el primero y el segundo confirma más allá de toda esperanza la tesis que sobre este punto sostengo en La mentira de Ulises.(Continuará)

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