SIENDO POLÍTICAMENTE INCORRECTOS. LA OTRA CARA DE LA HISTORIA: PAUL RASSINIER Y SU OBRA “LA MENTIRA DE ULISES”-34-

JUICIOSDENUREMBERGCAPÍTULO VII: LAS CÁMARAS DE GAS: 6.000.000 DE GASEADOS O…

PAULRASSINIERPor, Paul Rassinier 

Lo primero que hay que decir es que la cuestión ha evolucionado mucho desde la fecha en que escribí La mentira de Ulises. Esto era en 1949-50. Prestando fe a cualquier relato, a cualquier deportado, todos los periódicos colocaban cámaras de gas y de exterminios en masa a lo que saliese la suerte, dondequiera y en casi todos los campos. Casi todos los deportados las habían visto- con sus propios ojos -. Y todo el mundo les creía.

Por otra parte, esto sucedía a pesar de Eugen Kogon, que en su libro El infierno organizado había escrito en 1945: «en los escasos campos donde las hubo…» Como él no dijo en cuáles, cada uno las colocaba donde quería y terminaba habiendo de ellas en todas partes.

En Francia yo he destruido la leyenda de la de Buchenwald y de la de Dachau. Hoy trato de saber qué es lo que fue exactamente de las – pues se habla de cuatro – de Auschwitz, las únicas sobre las cuales se habla todavía.

Pero comencemos por el principio. En la actualidad, a pesar de la prohibición que se les impuso, muchos abogados de los acusados de Nuremberg(foto que encabeza este capítulo)  han publicado los documentos que les sirvieron para defender a sus clientes y cuyas copias habían quedado entre sus legajos de documentos. En 1949-50 no era lo mismo.

Me había visto obligado a tratar del problema de las cámaras de gas tomando el máximo de precauciones de estilo y en una forma tan dubitativa como me era posible (páginas 187 a 194). [258] En aquel entonces, sólo se podía presentir la impostura y yo no tenía nada más que sospechas.

Posteriormente todo lo que se ha publicado ha venido a confirmar estas sospechas y frecuentemente lo ha hecho por el absurdo.

NYISZLIMIKLOSEn 1958 apareció Der Lagerkommandant van Auschwitz spricht; en el capítulo precedente se ha leído lo que pienso de ese libro. En 1953 ya había aparecido también S.S.-Obersturmführer Dr. Mengele, del comunista húngaro doctor Nyiszli Miklos (foto de la izquierda), y no pude decir lo que pensaba de él más que en la cuarta edición de esta obra a modo de introducción (páginas 293 y 294).Esta vez la impostura saltaba a la vista y, por lo demás, incluso lo ha reconocido parcialmente el autor. (Nota de la página 29).

Se puede comparar ahora la descripción de las cámaras de gas y de exterminio que hace este doctor Nyiszli Miklos con la que aparece en el capítulo precedente en el libro atribuido a Rudolf Höss. ¿Qué fe se puede prestar a dos testigos de un mismo acontecimiento que se contradicen hasta tal punto? ¿Y dónde está la verdad?

Pero se ha leído anteriormente cómo Eugen Kogon afirmaba que las cámaras de gas estaban en disposición de funcionar «en marzo de 1942»: pues bien, en marzo de 1942 Höss nos dice a la vez que las cámaras de gas no han funcionado (página 174) y que durante el verano, como no estaban construidas, fue preciso utilizar el bloque 11 – después depósito de cadáveres – para proceder a los exterminios con gas (pág. 229). Y mucho antes de la publicación de «su» libro, ya sabíamos que los hornos crematorios de Auschwitz habían sido «encargados el 3 de agosto de 1942 a la casa Topf und Sohne de Erfurt por la orden número 11450/42/BI/H»: ¿cómo han podido entonces funcionar estas cámaras antes de que los hornos crematorios fuesen construidos? Sobre todo si se las presenta como unidas a ellos. Es la cuestión que ya planteaba en mi estudio crítico de este libro.

Finalmente, he señalado en este estudio crítico dos libros en los cuales se dice que «los alemanes hicieron saltar las cámaras de gas de Auschwitz al aproximarse las tropas rusas en noviembre de 1944»; éstas son Histoire de Joël Brand de Weisberg y Exodo de León Uris.

EUGENEKOGONEugen Kogon,(foto) él por lo menos, tomó sus precauciones para el porvenir diciéndonos que «a partir de septiembre de 1944 [259] las órdenes habían prohibido el utilizarlas». Y cuando uno lograba llegar a Auschwitz como turista podía pensar que visitaba auténticas cámaras de gas. Con Weisberg y Uris todo se desploma. Lo mismo que pasó con Dachau.

Queda un argumento todavía: la «solución final» del problema judío. La «solución final» del problema judío no es una expresión propiamente alemana. Desde hace siglos y siglos – exactamente desde Tito y la Diáspora – ha sido empleada por todos los constructores de sistemas sociales: en primer lugar por los Estados del mundo mediterráneo y después por los de la Europa septentrional y meridional. En Francia, la hicieron célebre la Révolución de 1789 y luego Napoleón, que creyeron haberla encontrado bajo la forma de un estatuto equitativo para todos los súbditos judíos que vivían en el territorio nacional. Nada más terminar la guerra europea, con la Declaración Balfour, tomó a escala mundial el sentido de la «reconstitución de un hogar nacional judío» al que Inglaterra se comprometía a ayudar en Palestina. Con el advenimiento del nacionalsocialismo en Alemania, tomó el de exterminio masivo de los judíos europeos por medio de las cámaras de gas.

¿Es correcta esta interpretación? En el proceso de Nuremberg fue esgrimida como una acusación contra todos los dignatarios del régimen que habían participado de cerca o de lejos en la deportación de judíos a los campos de concentración aplicando la «Solución final» y todos respondieron unánimemente que «cuando se hablaba de la solución final del problema judío ellos no sospechaban que esto quisiese decir las cámaras de gas». Bajo juramento, algunos testigos llegaron a afirmar ante el tribunal (sobre todo en el proceso de los médicos), que habían recibido – verbalmente, es verdad – órdenes para actuar en este sentido y se les creyó. En aquella época se encontraban testigos para afirmar cualquier cosa con tal que fuese en el sentido de la verdad de los vencedores. ¿No llegó uno de ellos a declarar como auténtica la orden de «hacer saltar todos los campos, incluidos los guardianes, al aproximarse los aliados», [260] cuando en realidad se probó después (declaración de Jacques Sabille en Le Figaro Littéraire en 1951 y libro de Joseph Kessel Las manos del milagro) que gracias a Kersten, médico de Himmler esta orden no había sido dada nunca? ¿No llegó a decir otro que la artillería alemana había recibido la orden de echar a pique tres barcos cargados con deportados (entre ellos el Arcona) que se dirigían por el mar Báltico hacia Suecia y de los que se ha sabido después que fueron hundidos equivocadamente por la aviación aliada?

Si hoy en día ya no se concede importancia a las órdenes de hacer saltar los campos al aproximarse los aliados, de disparar en el Báltico sobre barcos llenos de deportados, y de tantas otras aún, no es sólo porque no había documentos para sostenerlas sino también porque han aparecido escritos que prueban sin discusión posible que no hubo tales órdenes. Para sostener las órdenes de exterminio de los judíos con el gas no había tampoco documentos: se ha pretendido que los había, aún se pretende, se les ha mencionado, se les cita todavía.

PROTOCOLOSDEWANSEE¿Qué dicen estos escritos? El más preciso de ellos – por otra parte el único que todavía se suele citar – es extracto de un documento llamado «Protocolo de Wannsee»(foto a la izquierda), que reúne, en una forma en la que sólo las personas prevenidas y los especialistas pueden distinguir el comentario y el texto auténtico, los informes presentados y las decisiones tomadas durante una reunión interministerial que tuvo lugar el 20 de enero de 1942, y a la cual asistieron los secretarios y los altos funcionarios de todos los ministerios del III Reich.

He aquí este texto en la traducción que ha sido hacha en Francia por el «Centre de documentation juive»:  «(…) En el cuadro de la solución final del problema, los judíos serán trasladados con fuerte escolta a los territorios del Este y estarán destinados allí en el servicio del trabajo. Formados en grandes columnas de trabajadores, hombres por un lado, mujeres por el otro, serán llevados a estos territorios: no es preciso señalar que una gran parte de ellos se eliminará por decrecimiento natural (…) El resto que subsista al final – y al que hay que considerar como la parte más resistente – deberá ser tratado en consecuencia. En efecto, la experiencia de la historia demuestra que una vez liberada esta élite natural lleva en germen los elementos de un nuevo renacimiento judío.»
[261]

El mismo texto extracto del Protocolo en lengua alemana es el siguiente: «Unter entsprechender Leitung sollen im Zuge der Endlösung die Juden in geeigneter Weise im Osten zum Arbeitseinsatz kommen. In grossen Arbeitskolonnen, unter Trennung der Geschlechter, werden die arbeitsfähigen Juden strassenbauend in diese Gebiete geführt, wobei zweifellos ein Grossteil durch natürliche Auslese darstellend, bei Freilassung als Keimzelle eines neuen jüdischen Aufbaues anzusprechen ist.»

A simple vista se ve que ambas partes de este texto, la que he subrayado y la que la precede, no están redactadas en el mismo estilo. La primera conclusión que se impone es ésta: o bien no son del mismo autor, o no han sido redactadas en la misma ocasión o no figuran en el mismo «documento». La primera, efectivamente, está redactada en el estilo de la decisión, la segunda en el de la apreciación, es decir en el del comentario.

Es en este texto en el que se han apoyado muchos para aceptar como verdaderos los testimonios de las personas que, en Nuremberg y otros lugares, declararon que habían asistido a exterminios con gas o que habían recibido la orden de proceder a ellos.
(Continuará)

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