SIENDO POLÍTICAMENTE INCORRECTOS. LA OTRA CARA DE LA HISTORIA: PAUL RASSINIER Y SU OBRA “LA MENTIRA DE ULISES”-41-

LAMENTIRADEULISESPAULRASSINIERPORTADA

PAULRASSINIERPor Paul Rassinier

PROLOGO DEL AUTOR PARA LA SEGUNDA Y TERCERA EDICIONES FRANCESAS

«Las armas del enemigo no son tan mortíferas como las mentiras con las que los jefes de las víctimas llenan el mundo; el canto odioso del enemigo es menos desagradable al oído que las frases que, como una saliva repugnante, manan de los libros de los necrólogos.»
Manès SPERBER. (Et le Buisson devint cendre.)

Ambas partes de esta obra han sido publicadas separadamente: — la primera, o la experiencia vivida (El paso de la línea) en 1949, la segunda, o la experiencia de los otros (La mentira de Ulises propiamente dicha) en 1950, bajo la forma de un estudio crítico de la literatura de los campos de concentración, pues pensé que, en un asunto tan delicado, convenía administrar la verdad a pequeñas dosis.

De esta disposición de ánimo han intentado aprovecharse algunos para sembrar la desconfianza sobre mis intenciones. Si El paso de la línea, generalmente acogido con simpatía, sólo provocó vagos rechinamientos de dientes, y sin consecuencias, de determinado sector, La mentira de Ulises fue causa efectivamente de una violenta campaña de prensa cuyo origen estaba en la misma Asamblea Nacional.

ALBERTPARAZParalelamente, Albert Paraz (foto a la izquierda), autor del prefacio, el editor y yo mismo, fuimos llevados ante el Juzgado, (donde salimos absueltos, y después ante el Tribunal de Apelación, donde fuimos condenados (27) aunque el propio fiscal general, haciendo justicia a nuestras conclusiones, pidiese la confirmación pura y simple del juicio de faltas.

Al Tribunal de Casación corresponde ahora el resolver el litigio, [288] pero la opinión pública, a la que se informa en sentido único, está desorientada, y, por poco inclinada que esté a intervenir en la polémica, se ha hecho indispensable el desenmarañar para ella las circunstancias bastante confusas que han creado el clima de este asunto. Así se matarán dos pájaros de un tiro, pues no se puede dejar de poner al mismo tiempo ante los ojos del lector las pruebas convincentes (28).

Al llegar en pleno debate sobre la amnistía, La mentira de Ulises, que la justificaba a su manera, fue acogida por algunos como un asunto especialmente político, y es por este lado sutil por el que se le intentó dar ese carácter exclusivo.

Por una enfadosa casualidad, el prefacio de Albert Paraz contenía un aserto jurídicamente insostenible (29) respecto a las circunstancias del arresto y deportación del señor Michelet, en aquel entonces diputado y líder parlamentario del R.P.F. El señor Guérin, entonces diputado del M.R.P. de Lyon, se aprovechó de esto no para protestar contra la publicación de la obra, a pesar de que hábilmente lo haya aparentado, sino para intentar desacreditar a uno de los principales militantes que le hacía la más temible competencia electoral. Así pues, La mentira de Ulises fue explotada primeramente por un movimiento político contra otro, y ya había bastante para hacer desesperar al historiador.

Fue durante una intervención incidental del señor Guérin, cuando se incorporó la acción extraparlamentaria con miras a impresionar a la opinión pública. En la Asamblea Nacional, el diputado de Lyon me incluyó entre «los responsables de la colaboración con el ocupante y los apologistas de la traición» (30).

Patéticamente, había exclamado: «Parece, mis queridos colegas, como si no hubiese habido nunca cámaras de gas en los campos de concentración… Eso es lo que se puede leer en este libro.» (J.O. del 2 de noviembre de 1950. Debates parlamentarios.)
[289]

¡El señor Guérin no leyó la obra! Sin leer más, todos los periódicos en los que causan estragos los periodistas improvisados por cierta resistencia (31) tras la liberación, continuaron el tema y me hicieron decir las cosas más inverosímiles.

Tres asociaciones de deportados, internados y víctimas de la ocupación alemana, pidieron al Juzgado de Bourg-en-Bresse que ordenase el secuestro del libro, la destrucción de los ejemplares ya puestos en venta, y nos condenase en conjunto a la ligera suma de un millón de francos por daños y perjuicios. Más prudente, el Comité de acción de la Resistencia se abstuvo de toda manifestación hostil, no porque no tuviese el deseo, sino por temor a quedar en ridículo. El Partido comunista, que habla iniciado una ofensiva, advirtió a tiempo que se arriesgaba nuevamente a poner a Marcel Paul, a Casanova, y al coronel Manhes en una delicada situación y realizó una prudente retirada. Pero el Partido socialista, al que he representado en el Parlamento, después de haber sido durante muchos años el jefe de una de sus federaciones departamentales, me excluyó de su seno, «a pesar del respeto que impone mi persona», dice la sentencia que me ha sido comunicada por el Comité supremo (32).

Tales fueron las primeras escaramuzas de una ofensiva poco gloriosa y que no tuvo mucho éxito. La mala fe que la caracterizó, no se desmintió después ni por un instante.

LOUISMARTIN-CHAUFFIERLouis Martin-Chauffier (foto), que bailó en la cuerda floja en casi todos los movimientos ideológicos de la mitad del siglo, tomó el mando de la segunda oleada de asalto.

Como yo había señalado – de paso – una de sus impericias de pluma, se creyó obligado a corregirla con otra (página 163 y nota marginal), a tomar nuevamente el tema de Maurice Guérin y a demostrar que además no sabía leer.

«Todos los deportados han mentido – afirma Paul Rassinier -, quien niega la existencia de las cámaras de gas», escribió en cabeza de un artículo cuyo título: «Un falsario y calumniador cogido en flagrante delito» (Droit de vivre, 15 de noviembre a 15 de diciembre de 1950), me hubiese permitido por sí solo – si hubiese sentido el deseo de darle la respuesta en el mismo tono – el obtener sustanciosas reparaciones de cualquier Juzgado.

REMYROUREEl abanderado de la tercera oleada fue Rémy Roure (foto de la izquierda), en los siguientes términos:[290], «Este Rassinier describe en la siguiente forma el campo de Buchenwald: “Todos los bloques, geométrica y agradablemente puestos sobre la colina, están comunicados entre sí por calles de hormigón; unas escaleras de cemento y en rampa conducen a los bloques más elevados; delante de cada uno de ellos hay pérgolas, con plantas trepadoras, pequeños jardinillos con césped de flores, por aquí, por allá, pequeñas glorietas con surtidores o estatuillas. La plaza, que cubre algo así como medio kilómetro cuadrado, está totalmente pavimentada, tan limpia que en ella no se podría perder un alfiler. Una piscina central, con trampolín, campo de deportes, frescas sombras, un verdadero campo para colonia de vacaciones, y cualquier transeúnte al que le fuese concedido el visitarlo en ausencia de los presos, saldría convencido de que en él se lleva una vida agradable, llena de poesía silvestre y especialmente envidiable, en todo caso fuera de toda medida común con los azares de la guerra que son el destino de los hombres libres…”

Hago un llamamiento a mis camaradas de Buchenwald: ¿reconocen ellos su campo?» (Force ouvriè re, jueves 25 de enero de 195l.)

Rémy Roure puede hacer el llamamiento a sus camaradas de Buchenwald: esto no se encuentra en La mentira de Ulises. Cogido en flagrante delito ante el Juzgado de Bourg-en-Bresse, se excusó y tuvo a bien el reconocer (Le Monde, 26 de abril) que no habiendo leído la obra solamente me citaba según Maurice Bardèche (33). Ahora bien, si es exacto que Maurice Bardèche citó este pasaje en su Nuremberg II no lo es menos que lo tomó de El paso de la línea – donde se encuentra para dar una idea de la instalación material no del campo de Buchenwald sino del de Dora en su último período – y que muy honestamente no buscó el desfigurar su sentido aislándole de su contexto.

Añado aún, por molesto que le resulte a Rémy Roure, que considerando ausentes a los detenidos – lo digo claramente: ¡en ausencia de los presos! – el campo de Dora se asemejaba a la descripción que [291] he hecho de él, y todos los que lo han conocido son del mismo parecer. Cuando los presos volvían a él, después de una larga y agotadora jornada de trabajo, la burocracia le daba otro aspecto diferente, y lo que precede y sigue al pasaje que bastante a la ligera se me reprocha – ¡y que para las necesidades de la causa Rémy Roure reemplaza hábilmente por unos puntos suspensivos! – lo dice en términos precisos.

Le perdono de buena gana a Rémy Roure esta mala acción. Aunque sólo sea porque en el mismo artículo ha escrito esto: «Los mandos de los KZ (34), los Kapos, jefes de bloque, Vorarbeiter y Stubendienst, presos también que vivían de la muerte lenta de sus compañeros.»; que es uno de los temas principales de La mentira de Ulises, probado así de brillante manera, y que es muy exactamente lo contrario de lo que todos los destajistas de la literatura de los campos de concentración, con David Rousset a la cabeza, habían escrito hasta ahora.(Continuará)

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