SIENDO POLÍTICAMENTE INCORRECTOS. LA OTRA CARA DE LA HISTORIA: PAUL RASSINIER Y SU OBRA “LA MENTIRA DE ULISES”-42-

 

PAULRASSINIERFOTOGRANDEPor Paul Rassinier (Foto grande de arriba)

Pero yo planteo esta cuestión: lo que procediendo de mí fuese una calumnia y una difamación, ¿sería palabra de evangelio y respetable procediendo de Rémy Roure?

¿O no será más bien que él no me perdona el haber sido el primero en intentar dar a conocer esta horrible verdad?

Haré caso omiso de los venenosos sueltos en los periódicos, inspirados por las asociaciones de deportados, que publicaron por complacencia cada ocho o quince días periódicos como Franc-Tireur, L’Aube, L’Aurore, Le Figaro, etc., para mantener a la opinión pública en estado de alerta. Llegaron a tomarse tales licencias respecto a la objetividad, que el título de la obra se había convertido en La leyenda de los campos de concentración.

En marzo, la ofensiva llevada contra nosotros creció hasta el delirio. Un periodista de escasa categoría, prestándome generosamente la tesis, escribió en Le Progrès de Lyon: « ¡Los malos tratos, una leyenda! ¡Los hornos crematorios, una leyenda! ¡Las barreras eléctricas, una leyenda! ¡Los muertos por grupos de diez, una leyenda! »

Y el mismo Jean Kréher, el abogado que habían escogido las asociaciones de deportados, ayudaba en el Rescapé, órgano de los deportados, con esto que según él se deduce de mi estudio: «… Pues si nosotros estábamos saciados de salchichón, de excelente margarina, si todo estaba previsto para que se nos cuidase y se nos diese n las distracciones necesarias, si el crematorio es una institución exigida por la higiene, si la cámara de gas es un mito, si, en una palabra, los de la S.S. se mostraban llenos de atenciones hacia nosotros, ¿de qué se queja la gente?» [292]

El lector decidirá por sí mismo si se puede sacar esto como conclusión de lo que yo he escrito.

Toda esta gente, por otra parte, ha hecho muchos esfuerzos para nada. La «verdad» que ellos querían hacer prevalecer no ha prevalecido, y el descrédito que han intentado en vano echar sobre nosotros, recae hoy sobre ellos desde el momento en que, independientemente del sensible descalabro que les acaba de infligir el Tribunal de Casación, en Le Figaro Littéraire del 9 de octubre de 1954, André Rousseaux, que sin embargo puso por las nubes e indistintamente a todos los destajistas de la literatura de los campos, ya había llegado él mismo – probablemente bajo la influencia del sentimiento del público – a plantearse esta cuestión: «Pero para los supervivientes del infierno, la condición de ex deportados ¿no se ha hecho muy rápidamente análoga a la de los ex combatientes de todas las guerras: hay muchas más víctimas que testigos?»

Pues esta manera de hablar, que visiblemente sólo usa la forma de pregunta por una precaución de estilo, supone ante la historia una condena total, sin apelación, y mucho más valiosa que la sentencia del Tribunal de Casación, de todos estos testimonios tan orientados como interesados, contra los cuales he sido el primero en poner al público en guardia. La desgracia es – ¡ay! – que llega un poco tarde.

Y también lo es el que una literatura tan sospechosa como lo era la de los campos de concentración en su misma inspiración, que una literatura que hoy ya nadie toma en serio y que será un día la vergüenza de nuestro tiempo, haya suministrado durante años sus principios fundamentales a una moral (que era la apología del bolchevismo – ¡esto tiene su importancia! -) y a una política (35) su garantía (que era el bandolerismo, justificado por la razón de Estado). Todo esto viene de aquello.
[293]

Y ahora veamos el fondo de la discusión, que un ejemplo hará más accesible…

NYISZLIMIKLOSAcaba de aparecer en Hungría un nuevo testimonio sobre los campos de concentración alemanes, del que Les Temps Modernes se ha encargado de divulgarlo en Francia. Se trata de S.S.-Obersturmbannführer Doctor Mengele, por el doctor Nyiszli Miklos (foto de la izquierda), y se refiere al campo de Auschwitz-Birkenau.

La primera idea que le viene a uno a la mente es que este testimonio no ha podido aparecer en Hungría más que con el asentimiento de Stalin, a través de los intermediarios, de los Martin-Chauffier de este país, cuyos poderes como miembros directivos de la asociación equivalente a nuestro C.N.E. (36), son lo bastante amplios para permitirles impedir que se publiquen allí obras similares a La mentira de Ulises.

Solamente por este motivo ya resultaría sospechoso. Pero no es ésta la cuestión.

Este doctor Nyiszli Miklos pretende entre otras cosas que en el campo de Auschwitz–Birkenau, cuatro cámaras de gas (37), de 200 metros de largo (sin precisar la anchura) duplicadas con otras cuatro de idénticas dimensiones en las que se preparaban las víctimas para el sacrificio, asfixiaban diariamente 20.000 personas; y que cuatro hornos crematorios, cada uno con 15 parrillas de tres plazas, las incineraban a medida que iban llegando. Añade que, por otra parte, otras 5.000 personas eran también suprimidas diariamente por medios menos modernos, y quemadas en dos inmensas hogueras al aire libre. Incluso añade que él ha asistido personalmente durante un año a estas matanzas sistemáticas.

Yo afirmo que todo esto es manifiestamente inexacto, y que no es necesario que uno haya sido deportado para poder establecerlo con un poco de buen sentido.

Como el campo de concentración de Auschwitz-Birkenau fue construido efectivamente a partir de finales de 1939, y evacuado en marzo de 1945, al ritmo de 25.000 personas diarias – si creyésemos al doctor Nyisz1i Miklos – habría que admitir que durante cinco años habrían muerto en él unos 45 millones de personas, de las que 36 millones habían sido incineradas después de la asfixia en los cuatro hornos crematorios, y 9 millones en las dos hogueras al aire libre.

Supuesto que sea perfectamente posible que las cuatro cámaras de gas hayan sido capaces de asfixiar a 20.000 personas diariamente (a 3.000 por tanda, dice el testigo), no lo es en absoluto que los cuatro hornos crematorios las hayan podido incinerar a medida que las iban recibiendo. Aun cuando hubiese quince parrillas de tres plazas. Ni siquiera aunque la operación sólo necesitase 20 minutos, como pretende el doctor Nyisz1i Miklos, lo cual también es falso. [294]  (Continuará)

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