SIETE Y MEDIA Y PAGO

Por, Rafael N. Varona

 Esta frase que sirve de título a esta nota, estoy seguro que muchos de mis lectores la reconocerán, principalmente aquellos que como yo, tiramos piedras en los patios del fondo del Colegio Episcopal en nuestro querido Camagüey, en la Quinta del Cerro tumbando marañones, comiéndonos la fruta y tostando su semilla. Sí, esta misma que hoy compramos aquí con el muy sofisticado nombre de “Cashew” y todas aquellas cosas que hacían agradable la vida de muchachos de barrio como nosotros.

Claro, había horas que ya no eran de tirar piedras ni de tumbar marañones, y entonces, Ahhhh entonces entraba el tiempo del juego de azar. El juego, según el tiempo también que correspondiera, tenía sus especificidades.

Si era tiempo de postalitas, pues nada, en vez de dedicarnos a coleccionar álbumes como debía ser, no hombre…eso no le importaba a nadie, la cosa era llegar a tener cajas de zapatos llenas de ellas, y en cualquier portal de la Avenida de los Mártires armábamos nuestro Casino.

Allí la riqueza (es decir las cajas de zapato llenas de postalitas) pasaban de la propiedad de unos a otros por el juego vil. Las propias postalitas servían para hacer de barajas, allí cada cual apostaba y el que más alto número sacaba ganaba.

Pero cuando esa época pasaba, entonces quedaba el juego fijo, “La siete y media”. Esa era nuestra versión de barrio de algo parecido al Póker, donde cada uno iba pidiéndole al Banco que le diera cartas. Según lo que fueras acumulando, lo más cercano posible a 7 y medio punto. Te plantabas o si eras demasiado ambicioso terminabas “explotando” y perdías antes del gran final…cuando alguien muy cerca de el numero maravilloso se viraba y decía ¡Siete y media pago”! Ese era el momento cumbre, cuando nos jugábamos el todo por el todo.

¡Qué tiempos aquellos, y sí, seguro  que muchos de mis lectores recordarán aquellos tiempos en mi ciudad, o en cualquier otra de nuestra Cuba de entonces.

Lo que trajo a mi memoria la frasecita en el día de hoy fue un comentario que oí en la radio, muy acertado por cierto, alrededor de todo este problema de la salud y la ley que hasta ahora la rige, o la que en el futuro (quien sabe la regirá).

El asunto amigos míos es que como bien decía el que hablaba, no sabemos cuan claro está en la cabeza de los Senadores que rigen los destinos de este país el hecho de que no va a resultar fácil el decir así, con las nalgas muy frescas (y perdónenme la expresión pero creo que no hay otra que quepa tan bien) que “Esto se acabó, Colorín Colorado este cuento se ha acabado.”

La cosa es que después que un pueblo se le da algún beneficio, por defectuoso que este sea, no resulta  fácil “Darle patrá” así como así.

El llamado Obamacare, siendo sinceros, y mirándolo sin apasionamientos de ningún tipo, tenemos que llegar a la conclusión que, aunque no resolvió todo lo que era necesario resolver, si dio un primer impulso a algo muy legítimo en un país desarrollado como el que vivimos, y así no queda más remedio que verlo, salvo que queramos vivir en el mundo de “Trucutú”, el Cavernícola de los muñequitos del “El País “, también de aquellos lejanos tiempos de los juegos de azar de nuestra infancia.

Por tanto amigos míos, pienso que “El negro” como algunos le  dan en llamar a nuestro anterior presidente, ha dejado la cosa en una posición parecida a aquel “Siete y media pago” como decíamos en nuestra infancia.

O se llega, y se llega bien al número mágico, o se quedan cortos y ni se nota su participación mala y chapucera. Lo que si no creo que hagan, es explotar de lo bueno porque demasiados intereses y demasiado miedo a perder cosas  que los beneficia de una forma u otra, no los va a dejar.

Pero de todas formas, si quieren mantener su superioridad en el Congreso, no va a quedar más remedio que aceptar el “Siete y media pago”, vestirse de hombrecitos y aceptar que el pueblo norteamericano (que al fin y al cabo es el que los pone allá arriba ) merece una ley de salud delante de la cual todo el mundo se quite el sombrero.

¿Tendrán cabeza estos muchachos de entender esto? Bueno no sé…Yo no soy capaz de garantizar que ellos entre tanto vivir bien, se hayan dado cuenta del momento que viven, pero ojalá que sí, porque es la forma de evitar males mayores en el futuro y que el pueblo norteamericano (que no es muy fácil de dejarse tocar el trasero) más adelante no los quiera usar como para limpiar alguna parte comprometida.

Bueno como siempre digo todo esto son cosas que se me ocurren, y que lo único que pretenden es acercarse lo más posible a la verdad que me viene frente a los ojos. A lo mejor no siempre tengo la razón, pero por lo menos está mirado sin apasionamientos.

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