SIMPLEMENTE UN ALUMNO

Por, Esteban Fernández

¿Qué fue lo que pasó? Del lado de allá, como una vorágine, se implantó una férrea censura. Fueron borrados de la mente del cubano el pasado lejano y hasta el inmediato.

Inclusive esconden el presente porque nadie en Santiago de Cuba ni en Baracoa se entera de lo que pasa en Luyanó ni en Calabazar de Sagua.

Allá no solamente desconocen al general de la Guerra de Independencia Calixto García Iñiguez sino también al general Ministro del Interior actual; y al morir los comandantes Osmany Cienfuegos y Faure Chomón casi nadie en Cuba sabía quienes fueron los occisos.

¿Qué pasó del lado de acá?: Casi lo mismo.  Al creer inicialmente los exiliados que “Aquello se caía pronto” todo era euforia, cooperación a la causa y gran interés en estar absolutamente enterados, integrados e interesados en el diario acontecer cubano.

Al llegar a la conclusión de que “Aquello iba para largo”, al dejar de ser los norteamericanos nuestros jefes y aliados, al irse la Isla depauperando materialmente, al considerar los cubanos que “Allá no irían a vivir ni a buscar centenes”, miles y miles de cubanos les volvieron las espaldas a la Isla y se desentendieron del problema por completo. Una laguna de desinterés patrio dentro de un destierro próspero y ajeno. “¡No me hablen de Cuba!” decían hasta con cierto orgullo.

Una inmensa mayoría se fue a labrar un futuro, a poner negocios, a estudiar, a lograr carreras para sus hijos, a ocuparse fervientemente de sus familias y de sus porvenires.

Entonces, ahora constantemente nos encontramos con ellos (con los de allá recién llegados aquí y con los de aquí que se han pasado 50 y pico de años ajenos a los sucesos patrios) neófitos por completo de todo lo ocurrido dentro del acontecer cubano y que no saben o no recuerdan (y esto es simplemente pequeños ejemplos entre un millón) de ¿Quién fue el periodista del New York Times Herbert Matthews, quién fue el plumífero Alfredo Guevara, quién es el traidor  Max Lesnik,  o cuando y de qué murió Jorge Mas Canosa?

Pero hubo una pequeña minoría aquí (y quiero creer que allá también) que se mantuvo interesada e integrada a la causa, pendiente de las noticias, lo mismo leyendo escritos y libros que participando beligerantemente sin enterrar el hacha de la guerra a pesar de que obviamente la guerra no existía.

Dentro de ellos un guajirito de Güines hoy convertido en “senior citizen” estuvo a la vera de los combatientes, muy cerca a los patriotas, sin perderse un solo detalle de la tragedia de su nación por 61 años.

Al ser muy pocos, al ir desapareciendo la inmensa mayoría de ellos, sobresalgo y me llaman “maestro”. Simplemente porque “En la tierra de los ciegos el tuerto es rey”.

Y yo rechazo el título profesoral, aunque estoy dispuesto 24 horas al día a impartir mis conocimientos de una materia sagrada para mi  a todo el que quiera leerme o escucharme.

No, mis amables lectores, no soy maestro, soy el más dedicado (y quizás el más conocido) de los alumnos de esta contienda.  Y lo soy simplemente por mi constancia y porque los iguales o superiores a mí están en el cielo o van camino a la extinción como lo hicieron una vez los dinosaurios.    

Leave a Reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *

Help

WordPress theme: Kippis 1.15