SIN ELECCIONES PLURALISTAS NO HAY DEMOCRACIA

Por, Carmelo Díaz Fernández

Uno de los rasgos más sobresalientes de la democracia es el respeto a la voluntad popular ejercida a través de los procesos electorales en un marco de solidaridad y pluralismo.

Una de las principales virtudes de los gobernantes es saberse reconocido y aceptado por el pueblo, y que su mandato se produce por la voluntad soberana de la mayoría, como una forma no sólo moderna y civilizada de gobierno sino también, inteligente.

Muchos se preguntan con justificada extrañeza ¿Por qué el régimen cubano, lejos de someter su legitimidad al escrutinio público, le ha impuesto a la ciudadanía una espuria “constitución” inaceptable en toda su escritura debido a que no es otra cosa que un reglamento del Partido Comunista consecuentemente plagado de arbitrariedades y absolutismos? ¿Por qué han tenido que imponer a un desconocido sujeto que nadie respeta y designarlo presidente?

Ahora han elucubrado una nueva “Ley Electoral”, de corte estalinista y continuismo totalitario, es decir sinónimo de irrespeto a la ciudadanía. Un régimen que proclama que la gran mayoría del pueblo lo respalda ¿por qué no le permite a ese pueblo manifestar su soberanía a través de elecciones pluralistas en el civilizado camino de las urnas?

Parece ser que enfrentar el desafío que conlleva un proceso electoral independiente es un reto que el régimen totalitario no está dispuesto a asumir. Unas elecciones honradas, pluralistas y transparentes romperían el absurdo sistema de una economía centralizada, incompetente y arcaica.

El régimen cubano está entrampado en los arcaicos esquemas de la década de 1960 cuando desde Moscú se dictaban las órdenes. El pueblo cubano en la isla, y nosotros en el destierro, reclamamos elecciones libres con todas las garantías que provee un mundo moderno con inherentes valores democráticos.

El régimen cubano teme a las elecciones libres porque serian sin dudas el único medio efectivo que socavaría la estructura totalitaria y permitiría a la ciudadanía decir la última palabra, y no a través de consignas descalificadas por la historia, sino por medio de un confiable proceso electoral.

La democracia, digámoslo una vez más, se ejerce  en las urnas; la voluntad popular, el respeto a la inteligencia del pueblo tiene una forma irreprochable de manifestarse y es mediante un libre proceso para elegir a quienes lo merezcan por sus méritos.

La nación cubana necesita elecciones libres y competitivas, las urnas son el único camino de las sociedades modernas.

El régimen cubano está en el ineludible deber de someterse al cívico proceso de las elecciones libres y democráticas, el derecho ciudadano así lo exige.

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