SIN MORDAZA Y SIN TARIFA: LA VERDAD ANTE TODO. LOS QUE NO ENTIENDEN EL JUEGO DEMOCRÁTICO

Por Aldo Rosado-Tuero-Director de Nuevo Acción.

“La verdad de la verdad / y la verdad verdadera / y la verdad como un templo / son verdades como fieras” 

Me es imposible contestar, publicar o comentar los cientos de e-mails que sobre distintos temas o tópicos recibo diariamente, pero hoy quiero comentar sobre lo que algunos me han enviado como una crítica, por lo que he expresado sobre lo que, gracias al gracejo de Zoé Valdéz, se le conoce ya como “disidencia cacahuetera”.

Me dicen que no soy demócrata porque les critico sus posiciones y su postura frente a la tiranía. Los que eso escriben, ponen de manifiesto el daño que a sus cerebros le han hecho los años de asistencia a las escuelas del castrismo, formándolos para que fueran “el hombre nuevo de la revolución” y sobre todo para que “fueran como el Che”.

No conciben estos pobres mancos de cerebro, que se pueda discrepar. Están creados en la unanimidad y en la doble moral que los obliga a callar sus ideas propias, para no desentonar. ¡Pobres! No comprenden que el discrepar y  combatir públicamente con la palabra escrita o hablada, una postura también pública, es una de las prerrogativas que te da la democracia y que hacerlo no significa que quieras callar al circunstancial adversario al que criticas, combates y desenmascaras.

Cuando combato sus posturas, no les estoy negando su derecho a asumir esas u otras posturas que ellos estimen convenientes, por que así lo crean de verdad o por conveniencias personales; y algunos porque es su trabajo, debido a los compromisos contraidos con los supuestos enemigos, pero haciendo uso de mi derecho a discrepar y a explicar el porque de mi antagonismo, es que les combato, escribo en contra de sus posturas y hasta desenmascaro muchas de sus posiciones y pongo en claro, que–según mi punto de vista–estén sirviendo a quienes dicen combatir. Y que con mis denuncias, aclaraciones y duda, trate de influir en la opinión pública para que no apoyen sus posturas.

Eso, distinguidos críticos, es el ejercicio de la democracia, que ustedes parecen no haber entendido y posiblemente no entenderán nunca, pues no tienen ni la más puta idea de lo que constituye el debate de ideas y de posturas políticas, filosóficas, religiosas o morales,  que es la esencia misma de la  genuina democracia. 

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