TRIBUNA LIBRE, ABIERTA A TODA OPINIÓN RESPONSABLE: NUESTROS VERDADEROS ENEMIGOS SOMOS NOSOTROS MISMOS

SERVANDOGONZALEZPor Servando González

We have met the enemy and he is us.

—Pogo (Walter Kelly).

El análisis del Sr. Artalejo en su artículo “¿Quiénes son nuestro enemigos?”, se desploma por su propio peso. En primer lugar, porque para aceptar que Fidel Castro siempre ha sido marxista leninista habría que aceptar también que David Rockefeller y otros magnates petroleros y banqueros de Wall Street, todos ellos miembros del Consejo de Relaciones Exteriores (Council on Foreign Relations, CFR) — a quienes Artalejo ni siquiera desea nombrar — también serían marxistas y leninistas, y eso sería totalmente absurdo.

En segundo lugar, hablar de que en Washington la izquierda está en el poder tampoco se ajusta a la verdad, a no ser que pensemos que David Rockefeller, los magnates petroleros y los banqueros de Wall Street y sus agentes en el  CFR, el verdadero Gobierno Invisible de loss EE.UU., sean izquierdistas, lo cual dista mucho de ser cierto. También habría que pensar que la alta jerarquía del Vaticano, que siempre ha demostrado ser aliada de Castro, también es comunista y Marxista Leninista — pero esto es un soberano disparate.

En tercer lugar, Artalejo no quiere abundar sobre si Castro fue reclutado por la CIA. Pero el hecho es muy importante, porque la CIA siempre ha sido un instrumento en las manos de los Rockefellers y otros banqueros de Wall Street. (Para leer la historia exhaustiva de cómo la CIA reclutó a Castro en 1948 y lo envió como agente provocador a Colombia para participar en el Bogotazo y echarle la culpa a los comunistas, lean mi libro Fidel Castro, La CIA, el Bogotazo y el Nuevo Orden Mundial: La Guerra Secreta Contra América Latina.

Por supuesto, Artalejo y los anticastrocomunistas del exilio, muchos de los cuales aún sienten un amor profundo por la CIA que los reclutó y los traicionó en la Bahía de Cochinos, temen enfrentarse a la verdad de las relaciones Castro-CIA como el diablo teme la cruz. El lema de estos anticastrocomunistas parece ser: “No me confundan con los hechos.”

Por último, Artalejo confiesa que “Yo no escribo sobre lo que leo, solo lo hago sobre lo que he vivido,” lo cual explica que, como Artalejo no es ni Dios ni la Internet, que están en todas partes, su visión de los hechos es muy limitada. No obstante, en ese mismo articulo, Artalejo dice que Castro estudiaba “marxismo leninismo por las noches, con Armando Hart y Augusto Martínez en casa de Agueda Rodríguez.” Como Artalejo no estaba presente en esas reuniones, hay que llegar a la conclusión que Artalejo escribe no sólo lo que ha vivido, sino también las historias descabelladas que le sirven para apuntalar sus opiniones personales.

Por otra parte, si Fidel Castro realmente estudió Marxismo Leninismo —que lo dudo — hay que llegar a la conclusión de que perdió su tiempo miserablemente. Con excepción de su famosa frase “Soy marxista-leninista y seré marxista-leninista hasta el último día de mi vida”, en sus discursos la retórica marxista brilla por su ausencia. Esto es tan evidente que su amigo del alma Gabriel García Márquez tuvo que salir en su defensa explicando que la terminolgía marxista no aparece en la obra de Castro porque Fidel no es un marxista dogmático.

El hecho indiscutible es que, después de 60 años del “marxista” Fidel Castro en el poder, el “marxismo” cubano ha resultado poco fecundo. 55 años después de la imposición del “marxismo” castrista en Cuba, todavía la obra cumbre del marxismo cubano sigue siendo Los fundamentos del socialismo en Cuba, de Blas Roca, publicado en 1943.

De lo que no cabe duda, pues abunda la evidencia, es que Fidel Castro es el producto de la educación jesuíta. En Santiago de Cuba fue alumno de los colegios La Salle y Dolores, y en La Habana fue alumno destacado del Colegio de Belén.

Y fue precisamente en Belén cuando Castro se buscó la primera bronca con los comunistas del Partido Socialista Popular (comunista), cuando se opuso públicamente al Plan Marinello, que abogaba por la eliminación de los colegios religiosos y afectaría directamente a sus amados preceptores jesuítas. Los comunistas se indignaron tanto que, en una de sus columnas del periódico Hoy, un articulista que escribía con el pseudónimo Esmeril lo tildó de come gofio, loco y marica. La animadversión de los comunistas cubanos hacia Fidel Castro no terminó ahí. Después del asalto al Moncada los comunistas lo acusaron de putchista — que en la jerga comunistoide de la época significaba fascista.

La acusación tiene cierta lógica, porque el discurso de autodefensa de Castro por el asalto al Moncada, terminó con la frase: “Condenadme, no importa. La Historia me absolverá.” La frasecita no la sacó el “marxista” Fidel Castro del Capital de Marx, sino del discurso de autodefensa de Adolfo Hitler por el frustrado putsch de 1923, que terminó con la frase: “Condenadme, no importa. La Diosa de la Historia me absolverá.”

Pero el odio que los comunistas cubanos sentían por Castro no paró ahí. En abril de 1962, en contubernio con el embajador soviético Kudriavtsev, que también era un alto oficial de la KGB, los comunistas cubanos trataron de derrocar a Castro con un golpe de estado, pero el tiro les salió por la culata. El “comunista” Castro descubrió la estratagema, expulsó de Cuba al embajador soviético y a sus secuaces kagebistas, y metió en la cárcel o envió al exilio a sus aliados del PSP.

El hecho de que algunos cubanos anticastristas en el exilio todavía acusen a Fidel Castro de comunista y marxista es sencillamente inexplicable. A nadie en su sano juicio se hubiera ocurrido acusar a Mussolini de fascista, a Lenin de Comunista o al papa de católico. Pero estos cubanos se jactan de acusar a Castro de lo que él mismo afirma ser: comunista y marxista (recuerden que, entre otras cosas, Castro es un mentiroso de marca mayor). Esto no se le hubiese ocurrido ni al que asó la manteca en la punta de un dedo.

Pero lo más grave de todo esto no es que la mayoría de los cubanos del exilio sigan acusando a Castro de comunista, sino que, en su ceguera y obcecación, hayan ayudado a cimentar a Castro en el poder. Al parecer nunca se percataron de que, al acusar a Castro de comunista, lo ayudaron a él y a los comunistas latinoamericanos a lograr una posición de vanguardia revolucionaria que nunca hubiesen logrado sin su ayuda. En su afán por ocultar la verdadera ideología fascisto-jesuítica de Fidel Castro, aceptaron sin reservas mentales una definición castrista del castrismo en un área ideológica en la que nunca debieron haberlas aceptado sin un serio análisis. Un analista de contrainteligencia diría que estos cubanos del exilio que aceptaron el mito del marxismo castrista fueron conquistados por la propaganda enemiga.

No deseo que este artículo se vea como un ataque personal contra el Sr. Artalejo, a quien respeto y considero una persona honesta y sincera. Simplemete lo he usado como ejemplo porque el caso de Artalejo es sintomático del por qué Castro está aún en el poder en Cuba y en gran parte explica el por qué los cubanos anticastristas del exilio aún siguen discutiendo sobre cuántos comunistas caben en la punta de un alfiler — o algo por el estilo. Entre otras cosas esto explica el por qué la mayoría de los cubanos anticastristas aún no saben quiénes son sus verdaderos amigos y mucho menos quiénes son sus verdaderos enemigos.

En definitiva, si Fidel Castro es realmente marxista, debe serlo de la facción Groucho. Yo, por mi parte, prefiero a Harpo.

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