UN NUEVO PAÍS

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JORGERIOPEDREPor, Jorge Riopedre

Los periodistas disponen, por lo general, de un banco de datos diverso y abundante, combustible esencial de una cualidad típica del oficio: la percepción que tras captar y procesar una información pone en marcha el detonante de la intuición creativa. Me ha sucedido muchas veces, pero en particular el 21 de enero de 2013, en la explanada del Capitolio en Washington, durante la toma de posesión del presidente Barack Obama.

Enviado por Televisión Martí a cubrir la ceremonia debía erminar mi reportaje con un tradicional stand up, copete o resumen de lo acontecido en cámara, siempre dentro de parámetros objetivos pero sin sacrificar por completo lo percibido por mí de primera mano. Solo recuerdo el remate de mi informe: Más que el inicio de un nuevo mandato esto parece el comienzo de un nuevo país.

Después de su primer periodo de gobierno, como siempre sucede a los mandatarios estadounidenses demócratas y republicanos que no pueden aspirar a la reelección, Obama entró en la etapa final de su presidencia conocida como lame duck (pato cojo), sinónimo de gobernante ineficaz. De hecho, se afirma que 1.7 millones de personas asistieron a su primera investidura, mientras que solo unas 800,000 presenciaron la segunda. Quizás era el reflejo de una creciente desilusión y desconfianza.

Como otros líderes políticos empeñados en revolucionar a sus países, el último de ellos Bernie Sanders, Obama nunca ocultó su propósito de desmantelar la cultura dominante de Estados Unidos, cosa que ha logrado en buena medida por medio de un gobierno paralelo al margen de los poderes del Estado: el decreto. Sus simpatizantes aplauden y justifican las medidas en pro de los pobres y los inmigrantes, pero la oposición arguye que no se debe fomentar el subsidio ni la inmigración ilegal. Quizá no se dan cuenta de que ya el mal está hecho.

Hace algunos años, a raíz de lo que percibí aquella tarde invernal en la explanada del Capitolio en Washington, escribí un ensayo inédito (para la gaveta), sobre lo que puede suceder a la gente incrédula e ingenua.

¿Se repetirá en Estados Unidos lo sucedido en Cuba? Yo creo que sí, pero no será una réplica exacta de lo que ocurrió en la isla. Esa coreografía no consistirá en el espectáculo de una pandilla de pistoleros y aventureros bajando de las Montañas Rocosas o las Montañas Apalaches rumbo a Washington, con el mismo desenfado que los castristas se apoderaron de La Habana. No, será algo mucho más sutil, casi imperceptible y a largo plazo. No obstante, compartirá con el castrismo las características de un espíritu revanchista entre los sectores en pugna, provocado (como tantas veces) por la desigualdad económica y la densidad poblacional. Pero no hay que alarmarse, la descomposición de la cultura norteamericana como resultado de factores demográficos y migratorios evolucionará lentamente; la mayoría de las personas que lean estas líneas no vivirán para verlo. Los que vivan dentro de cien años serán los encargados de confirmar o desmentir estas predicciones.

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