UNA EXPLICACIÓN QUE DEBO DESDE HACE TIEMPO

Arriba: Aldo Rosado-Tuero, al centro de la foto de la izquierda y en uniforme de gala, en la de la derecha.

Por, Aldo Rosado-Tuero

Acabo de cumplir 80 años, y por lo tanto he entrado en la recta final de la carrera de la vida,  por lo que va siendo hora de que explique a amigos y lectores el porqué de muchas posturas que he adoptado en la parte de mi vida pública y en las actividades en que me he visto envuelto por mí ya larga actuación en la lucha por la libertad de mi patria.

Muchos camaradas nacionalistas de otros países se preguntarán con razón, como es posible que alguien como yo—un nacionalista de “hueso colorado”—con décadas de militancia y ocupando puestos dirigentes, llegó a vestir el uniforme de un ejército—en este caso el de USA—que no es el de su patria.

Según Ortega y Gasset el hombre es “él y su circunstancia” y en 1962, todo indicaba que una invasión norteamericana era inminente para barrer a la tiranía recién instaurada en Cuba por Fidel Castro Ruz y que jóvenes norteamericanos estaban a punto de regar con su sangre el suelo de mi patria.

Ante esa circunstancia, lo ético, patriótico y viril era dar un paso al frente para conseguir que la primera sangre vertida y las primeras vidas ofrendadas en las arenas de las costas cubanas fuera sangre de cubanos anticastristas.

(Foto de arriba: Aldo Rosado-Tuero a la izquierda junto a su jefe de escuadra, Remigio Sánchez Travieso, a la derecha de la foto.

Por eso, en cuanto se hizo el llamamiento–como nacionalista de corazón y mente—me presenté como voluntario para integrar las tropas especiales que bajo el nombre de Unidades Cubanas del US Army, se formaron con voluntarios cubanos para ser la vanguardia de lo que lucía como la punta de lanza que desembarcaría en mi patria.

Foto de arriba: Aldo Rosado-Tuero en 1963, en Fort Jackson, Carolina del Sur. en la Compañía A-4-1

No hubo cálculos, ni se midieron los riesgos. Había que cumplirle a Cuba y dar el ejemplo para salvar el honor de nuestra juventud, aunque ello conllevara la pérdida de la vida. No se podía permanecer impávido mientras jóvenes norteamericanos se preparaban para la misma tarea. Fuimos  a Fort Knox y a Fort Jackson a reclamar el puesto de honor que nos correspondía como cubanos y nacionalistas.

Si se descontaba que en una invasión a la isla habría muchas bajas entre las vanguardias del desembarco, creíamos ayer—y lo seguimos creyendo hoy—que esas primeras bajas tenían que ser de cubanos anticastristas…Y nosotros estábamos allí para asumir ese rol, aunque eso significare perder la vida.

Lo que parecía una realidad se frustró, como se han frustrado otros planes, por la taimada complicidad de los capitalistas que a través de la historia, desde que se fundó el socialismo, siempre lo han apadrinado y han acudido presurosos a su rescate, cada vez que ha estado en peligro, en todas partes del mundo; pero el gesto colectivo de casi cinco mil cubanos dignos puso bien alto el nombre de Cuba Libre y les enseñó a nuestros camaradas de armas norteamericanos que no todos los cubanos son unos sumisos carneros, ni permanecían irresolutos y acomodaticios esperando que otros les sacaran las castañas del fuego.

Estoy seguro de que mis camaradas nacionalistas de todo el mundo comprenderán ahora, porqué hubo genuinos nacionalistas cubanos que vistieron otro uniforme que no era el de su nación.

Y al nacionalista que me lo critique, me atrevo a recordarle las circunstancias que llevaron a León Degrelle a vestir el uniforme de las SA, cuando Europa parecía que caería entera bajo la hegemonía alemana.

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