UNA GUERRA CONMIGO

Por, Dr. Luis Conte Agüero

En la computadora libro diariamente una guerra conmigo. La estupidez de la empresa servidora de los mecanismos es tal que ahora casi diariamente me obligan a cambiar mi contraseña para escribir y entrar. Aunque asistentes capacitados me ayudan, la dificultad se repite y estas mismas líneas reflejan mi rechazo a tan inseguro sistema de seguridad y a tanta incompetencia para entender. Tanta gente distante y distinta, alegando sospecha de fraude o invasión extraña, obligan a ese cambiar repetido, molesto y tonto. Parece que gente tratando de justificar el salario, muestran a la empresa un celo dañino. Si sospecharan de un fraude, bastaría esperar unas horas por la denuncia del usuario agraviado, pero no. Ellos, superguardianes, hacen méritos estorbando a empresarios y creadores.

Y hasta hoy, no hay remedio. Son tan sabios los maquinógrafos que, empecinados, obligan al cambio constante, y no lo atribuyo a mi incapacidad porque se repite con trágica alegría para que pidamos ayuda y asistencia técnica. Tampoco pasan el servicio de una a otra computadora, así que es agotadora la sucesión de filtreos y escaramuzas. Y repito que no puede alegarse incapacidad personal porque quienes me ayudan saben hacerlo siempre, salvo en estos días en estos casos.

Y al hacer caso, perdí recientemente la continuidad en LIBRE.  Y de medios que antes me publicaban. No tengo otra explicación para el cese de publicaciones. Lealtad y honestidad ideológica enorgullece justamente a tales medios. En todas las circunstancias el deber es seguir en información y denuncia, aunque otros se empecinen en la maldad. Confesar un error les duele como si equivaliera a confesar un crimen. Y así insisten en cometerlo.

Pero, hermoso pero, al llegar y superar mis nueve décadas, el corazón se inclina a la comprensión y prefiere el canto al llanto, la sonrisa a la mueca. Y habiendo medios como éste y otros escritos, radiales, televisados, se escribe, se envía, se publica.

Porque Venezuela amiga, cordial, hospitalaria, fraternal, lo necesita. Porque lo necesita la Cuba donde nacimos, crecimos, amamos y nos multiplicamos. Y la Nicaragua donde estuvimos y combatimos y cantamos las excelsitudes de Rubén. Y esa Bolivia poética en la que siempre recordaremos la amistad sonriente del presidente René Barrientos y otros jefes de estado y líderes cordiales en paz y cariño.

Qué más… Seguir, seguir martianamente en canto y canto. Combatiente sonriente de aquel Oriente cubano, orgulloso maceico de sus paisajes, su historia, su voluntad de combatir y servir. Y honrar a este país generoso donde no nacimos, y sí sentimos y vivimos en gratitud y lealtad. Libres para servir la libertad que falta en la propia tierra donde nacimos. El patriotismo se americaniza, se universaliza al servicio de la libertad y de Dios.

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