UNA LECCIÓN DE HISTORIA: LA REALIDAD DESCUBIERTA POR SOLIDARIDAD. CON LA ESPERANZA DE QUE SEA LEIDA POR LOS LÍDERES DE LA OPOSICIÓN ANTICASTRISTA Y MEDITEN SOBRE ESTAS VERDADES

Fragmentos de un artículo del Cardenal Lustiger, por un aniversario del movimiento libertador Polaco.

En aquellos tiempos estaban el Este, el telón de acero y el Oeste. El imperio soviético nos parecía tan inmutable como el Egipto de los faraones. Asimismo, los primeros acontecimientos de Gdansk nos llenaron de estupefacción admirativa, y de temor ante los riesgos de represión. Pero, enseguida, algo nuevo apareció. Primero, el mentís ruidoso ocasionado a la ideología marxista: los obreros exigían del régimen comunista el respeto de la justicia y de la democracia. Después, el surgimiento de un movimiento popular original donde se encontraban intelectuales y sindicalistas obreros.

El pueblo polaco, avasallado por un régimen policial, primero ha conseguido la solidaridad, antes de que se convirtiera en una organización. La fe y la oración de un pueblo de creyentes han sido el abono de la cultura y la historia de Polonia. Es necesario medir la fuerza, no primero como un arma de guerra contra el régimen, sino como la memoria de lo real, y como lo real de la memoria, que nutre la conciencia de un pueblo. Todavía era necesario que esta solidaridad alcanzada fuera pensada, articulada en programa de vida, de esperanza, de acción. Esto es lo que hicieron con los obreros y los intelectuales del movimiento. La experiencia de la solidaridad es el corazón de la vida humana. Ella coloca a cada persona según su capacidad de relación con el prójimo. Pone inmediatamente en juego la instancia fundamental de la conciencia. Es toda una antropología que dibuja así la reflexión de un pueblo oprimido en los dominios fundamentales de la vida personal y social. El trabajo era el centro de la ideología oficial; los trabajadores, reivindicando su dignidad, se reafirmaban como hombres reales y no como productores. Así, es el hombre real quien es puesto en el centro de la empresa política.

Para que naciera Solidaridad fue necesaria la conjunción del pensamiento y la acción. Los intelectuales han sabido pensar racionalmente esta experiencia. Es más, han sabido dar una expresión popular a eso que vivía y esperaba el pueblo polaco. La palabra Solidaridad fue el magnífico símbolo. Remarcamos la importancia de este fenómeno que permitió explorar lo real escapando del círculo en el que se encierra la dialéctica hegeliana de Marx. Se puede reconocer este recorrido fenomenológico en los discursos del Papa a lo largo de sus viajes en Polonia, como en el librito del padre Josef Tischner, difundido clandestinamente bajo el título de Spotkania. Este escrito ha sido uno de los instrumentos de la toma de conciencia provocada por Solidaridad. En cuanto a la acción, basta con recordar aquí el papel decisivo de los acontecimentos de Gdansk y el liderazgo de Lech Walesa.
A medida que aparecen la humanidad en la realidad social y sus consecuencias, se percibe otra manera de obrar: la de la ética de Solidaridad, que quiere ser una ética de la conciencia, capaz de crear relaciones respetuosas con el prójimo, de organizarse como un sistema democrático. La reivindicación de libertad supone la aceptación de las diferencias y de la diversidad de opiniones. Por tanto, la corriente religiosa y cristiana de la experiencia de Solidaridad se reconoce claramente, precisamente porque confirma el fundamento indestructible de la dignidad humana. Así, aquellos que no comparten la fe de los cristianos pueden, con ellos, afirmar esa dignidad y reconocerse fraternalmente en la misma lucha por la libertad. En cuanto a la ideología, nivela las diferencias y no puede crear más que la unidad frente a la violencia y el miedo. Esto también forma parte de la experiencia de Solidaridad.

Si en los principios de Solidaridad bastaba para moverse con hacer una llamada a la ética de solidaridad, se necesitaba redimensionar la ambición totalitaria de la política. Era necesario también que la ética de Solidaridad inspire las elecciones políticas y aprenda a dirigir lo posible. Se necesitaba que el pueblo mismo saliera de la pasividad inculcada por un régimen totalitario, y aprendiera a acarrear con las consecuencias sociales de la responsabilidad de cada uno.

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