UNA PAUSA PARA LA DEVOCIÓN

Querida Virgencita de Fátima:

Te presento  personalmente a Fátima, mi nietecita mayor. Seguramente ya la conoces; pero, ésta es una ocasión muy especial porque ella organizó este viaje hasta tu casa en Portugal. Es octubre del 2018. Su papá no pudo traerla como era su deseo, según me dijo en una oportunidad. Pero bueno; yo lo sustituyo y estamos contentos, porque aceptamos las decisiones de tu hijo, Jesús, aunque a veces no las podemos entender completamente.

Nunca supe porque la bautizaron con el nombre de Fátima. Pero sirvió para que sus tres hermanas  menores también tengan  un nombre que  comienze con “Fa”. Nosotros queremos que ellas también puedan venir algún día hasta este Santuario. Seguramente lo harán. Y lo hará, también, su mamá Gloria Rebeca.

Fátima es una joven muy buena: seria, sana, responsable y muy bonita. Con un gesto  de amor presente a favor de su prójimo y siempre contenta. Quiere ser médico; es catequista, reza con  su rosario electrónico en su auto y tiene una estatua tuya en su cuarto de Miramar, estado de la Florida. Yo estoy sumamente “proud“ of her. Ella es perfectible, por supuesto,  por eso siempre aspira a lo  mejor como tu hijo nos  enseñó.

No venimos a implorarte un milagro. Nada especial necesitamos. Dios nos ha dado en abundancia  más de lo merecemos en una familia “normal” de exiliados cubanos  que seguimos deseando lo mejor para  nuestra patria.

Solamente  queremos tu ayuda para mantenernos  en la Fe  dentro de tu iglesia católica. Gracias, Virgencita, por toda  tu intercesión ante tu Hijo.

Haz a Fátima fecunda, física y espiritualmente, en los años porvenir.

Es el deseo y la petición de su  abuelito: Santia.

Santiago Cárdenas García

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