VENEZUELA, NO HAY REGRESO

Por, Jorge Riopedre

El pragmatismo romano, griego y hebreo, esencia de un proceso milenario lineal sin precedente, se enfrenta hoy al germen de un fenómeno demográfico doctrinal y revanchista. La migración masiva de todo el globo comienza a penetrar los  prados de Rembrandt, Monet, Van Gogh y Goya. Cada vez más se escucha el Adhan, la llamada del almuédano desde el minarete de la mezquita. Aumenta los sacrificios y ofrendas yorubas en zonas urbanas. Se multiplican las imágenes de Buda y diversas deidades o conceptos religiosos, políticos y filosóficos ajenos a Occidente, diversidad inevitable que algún día te hará llorar. Quizá muchos latinoamericanos ni siquiera tienen noticia del enclave de la llamada Triple Frontera (Brasil, Argentina y Paraguay), una suerte de tierra de nadie donde se dice que abunda el contrabando, el narcotráfico y el terrorismo islámico. Sin duda, el mundo está cambiando.

Aquí en América, sin embargo, la evolución parece algo estancada. En enero de 1962, en Punta del Este, Uruguay, la Organización de Estados Americanos excluyó a Cuba de esa entidad regional por 13 votos a favor y seis abstenciones: Argentina, Bolivia, Brasil, Chile, Ecuador y México. De nada sirvió a la libertad de Cuba aquella jornada diplomática latinoamericana ni el posterior embargo económico de Estados Unidos a la isla. Ahora parece que la historia se repite con la reelección de Nicolás Maduro a la presidencia de Venezuela.

Como en 1962, se esgrime el argumento de un gobierno autoritario de corte marxista (la recién descubierta dictadura de Nicolás Maduro) cuando el absolutismo bolivariano comenzó hace veinte años con la entrega de Hugo Chávez a Fidel Castro, y la posterior ocupación militar cubana de Venezuela. Tiempo suficiente para controlar las fuerzas armadas, la seguridad interna y la primera magistratura en la figura de Maduro, entrenado en la Escuela Superior del Partido Comunista Ñico López u otro centro de capacitación ideológica. Da igual. El procónsul bolivariano reúne las dos condiciones exigidas por La Habana, un origen proletario y una total obediencia a los dictados del Partido.

A esta nueva edición de condena a la reelección de Maduro (muy justa y apropiada) se suma el denominado Grupo de Lima, integrado por Perú, Argentina, Brasil, Canadá, Chile, Colombia, Costa Rica, Guatemala, Honduras, Panamá, Paraguay, Guyana y Santa Lucía. Un lame duck (como llaman acá a los gobiernos con poco poder real), porque le falta el indispensable apoyo de México.

Por este camino lleno de esperanzas, el Grupo de Lima y el pueblo venezolano en particular, corren el riesgo de la decepción y el descalabro. La experiencia cubana ofrece algunos indicadores. Los antiguos caudillos seguían el orden paternalista establecido desde la colonia, ellos eran depositarios de todos los poderes. Una vez desbancados por otro caudillo, recogían la fortuna amasada y se refugiaban en algún país vecino. Estos de ahora han encontrado en el marxismo-leninismo una fórmula de alto vuelo intelectual para apropiarse de todo sin abandonar el territorio nacional. No hay engaño ni revolución traicionada, tal vez ignorancia, porque en el prólogo al libro de Marx en 1895, sobre Las luchas de clases en Francia, Engels no podía decirlo más claro:

Nosotros, los revolucionarios, los alborotadores, prosperamos mucho más por los medios legales que por los medios ilegales y por el alboroto. Los partidos de orden, como ellos se llaman, perecen por el estado legal que ellos mismos crearon.

¿Acaso no ha perecido Venezuela por el estado de una legalidad establecida por Hugo Chávez al cambiar la Constitución del país? A partir de ese presupuesto la reelección de Maduro fue legal, tanto, que se puede dar el lujo de tener una Asamblea opositora. La clave es fomentar el éxodo de la clase media con el fin de abrir espacio a las organizaciones de masas, la mayoría, hambrienta, sin techo, educación ni cuidado de la salud.

¿Cómo contiene el régimen venezolano la arremetida opositora a cambio tan radical? Nada de esto era posible sin la experiencia organizativa de los cubanos. Lo primero que hizo el régimen castrista fue armarse y desarmar a la población. Lo segundo limpiar de elementos dudosos las fuerzas armadas. Lo tercero el control interno de la población, instrucciones contenidas en un manual adoptado por sus pares venezolanos.

¿Qué fuerzas los respaldan? Con los millones del petróleo   Hugo Chávez adquirió armamentos modernos y organizó fábricas de armas en Venezuela. ¿De qué vale que las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia, FARC, entregaran las suyas si hay un arsenal a su disposición?

¿Cuál puede ser la solución? Aunque algunos valores son universales, no todos los pueblos comparten las mismas costumbres. Después de 500 años Hispanoamérica se debate en persistentes conflictos culturales que parecen no tener fin. Esperemos que la premonición de Gabriel García Márquez no se cumpla cuando afirma en su libro que las estirpes condenadas a cien años de soledad no tenían una segunda oportunidad sobre la tierra.

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