VENEZUELA Y CUBA DOS MUNDOS SIN REMEDIO

Por, Jorge Riopedre

Si finalmente Venezuela se pierde dando paso a una democracia absolutista como la soñada por Simón Bolívar, autor de la Constitución de Bolivia en la que promulgaba gobernantes vitalicios (como en Cuba), la defunción cronológica podría rezar así: Después de crear condiciones populares e internacionales favorables a un cambio de régimen en Venezuela; alcanzado entonces el clímax soñado por cualquier revolucionario a punto de tomar la casa de gobierno, el 23 de febrero de 2019 tornase fatal con notas de fanfarria en el extremo colombiano de un puente sin futuro.

La historia se repite. El 17 de abril de 1961 (como el 23 de febrero de 2019), la diosa de la Fortuna esperaba por el pretendiente más resuelto, más aguerrido, más dispuesto a conquistar su favor. En la mitología griega los dioses tomaban partido, se peleaban entre ellos (y ellas) por salvar a su preferido, pero en Bahía de Cochinos sólo había un dios indeciso en La Casa Blanca, sin ánimo de cumplir con la palabra empeñada a los hombres que se batían contra fuerzas más numerosas y mejor pertrechadas en Playa Girón.

El 23 de febrero de 2019 se pierde en Venezuela la imagen de la victoria simbólica al alcance de la mano. Ese era el mayor peligro. ¿Por qué? Al desaparecer la esperanza de una victoria que parecía cercana, daría comienzo en Venezuela la “conversión” para integrarse al nuevo estado de cosas ¿Recuerdan los conversos españoles? Eso mismo pasó en Cuba; los cubanos se convirtieron a la fe de los vencedores. Es una cosa muy humana. Hay que sobrevivir.

Tengo casi la certeza de que algunos políticos y diplomáticos veteranos con muchos años de honorable servicio público no tenían plena conciencia de lo que se estaban jugando en el puente Tienditas de Cúcuta, Norte de Santander, Colombia. Digo algunos porque el enviado del presidente Donald Trump, Elliott Abrams, conoce muy bien como opera el enemigo; sin embargo, allá se fue Abrams al puente de Tienditas en compañía de los presidentes de Colombia, Iván Duque; Sebastián Piñera, Chile; Mario Abdó, Paraguay; y el Secretario General de la OEA, Luis Almagro. ¿Para qué semejante despliegue si no había intención de utilizar la fuerza?

Varios aviones de carga C-17 de la Fuerza Aérea de Estados Unidos, descendieron en Cúcuta con toneladas de ayuda humanitaria, en lo que pareció a los vecinos de Cúcuta la avanzada de algo mayor. Después de todo esas movilizaciones son inusuales. Como era lógico esperaban, por intuición, lo evidente, si han movilizado tantos recursos es de esperar alguna acción definitoria. Esa fue la imagen que Washington proyecto en Cúcuta y más allá, porque el pueblo lo que toma en cuenta es la imagen, no los hechos. Uno va al baile en espera de una gran orquesta, no un trío con guitarra, maraca y güiro.

En conclusión: Estados Unidos no quería aplastar al régimen de Fidel Castro ni quiere poner fin al régimen de Nicolás Maduro. América Latina es un territorio sin remedio al que no pudo cambiar la Alianza para el Progreso, de John F. Kennedy, ni la buena voluntad de mucha gente deseosa de romper el supuesto triángulo de su desgracia: La Iglesia, el Ejército y la Oligarquía. No hay tal cosa, los pueblos se comportan de acuerdo a sus culturas. Los pueblos no son buenos ni malos, sencillamente viven una vida acorde a costumbres y tradiciones.

Estados Unidos perdió la oportunidad de corregir la dirección de la conducta anómala de la sociedad cubana. Ahora le quedan grandes los zapatos de los romanos para enfrentar las consecuencias. Roma tampoco logró civilizar a los alemanes de aquel tiempo y más tarde tuvimos dos guerras mundiales.

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