VENEZUELA Y LA MÁQUINA DEL TIEMPO

Por: Licenciado Frank Braña Fernández

Despertar una mañana y encontrarse en el pasado parece ser solo posible mediante el archiconocido largometraje “La Máquina del Tiempo” o cualquiera de las otras película de ciencia ficción que tanto se cotizan en las pantallas; pero este 27 de marzo parece que las dimensiones tiempo y espacio coincidieron para hacer involucionar a la sufrida América, un autogolpe en la hermana Venezuela privo ilegal y arbitrariamente a los miembros de la Asamblea Nacional del derecho a ejercer sus funciones, desconociéndose la democracia y los poderes constituidos por el Estado. Cuando el líder de un país luego de haber llegado al poder por medios legales disuelve o desconoce a su órgano legislativo se llega al límite permisible para la instauración de una dictadura.

Desde el primer autogolpe registrado en la historia, dado en la Antigua Roma por Lucio Cornelio Sila en el año 81 a. C. hasta el presente muchos han sido los resultados nefastos de esta práctica con la cual la elite gobernante se aferra a la silla presidencial tras dejar una herida abierta en la sociedad que trasciende hasta el plano internacional.

Las décadas entre los 60 y los 80 del pasado siglo se vieron marcadas por el proceso de militarización del continente americano mediante los golpes y autogolpes de estado, los gobiernos se comenzaron a degradar no pudiendo mantener el orden y control por lo que muchos apelaron  a esta vieja técnica para conservar el poder, justificaban su actuar con el de mantener la democracia y las conquistas sociales; era normal amanecer con la noticia de un cambio abrupto de gobierno o que el de turno se acentuara suspendiendo libertades y derechos.

Venezuela es hoy un país polarizado y pudiéramos plantear la tesis que su territorio se ha convertido en el último campo de batalla entre una izquierda anticuada moribunda y el pensamiento de un nuevo liberalismo político con matiz social. Los dos poderes constituidos en ese país, el legislativo y el ejecutivo fueron refrendados por votación popular, pero el control político y social se ha ido de las manos del ejecutivo llegando a convertir el que fuera un referente económico y social en un ejemplo del fracaso de una ideología.

Con este gorilazo (como gustaba llamar la izquierda), madurazo (por su protagonista principal) o autogolpe la región retrocede 30 años en materia de democracia, derechos humanos y gobernabilidad sentando precedentes negativos para el futuro de un pueblo al que cada día le van quedando menos opciones.

En mi déjá vu solo faltó la condena de esos revolucionarios de siempre que hoy se alinean más con sus propios intereses que con los principios que defendieron; el silencio cómplice pesará nuevamente en la historia.

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