WELCOME, PAPACISCO! EL EXTRAÑO CASO DE UNA NAVIDAD CONVERTIDA EN PRETEXTO PARA JUSTIFICAR LA INMIGRACIÓN ILEGAL

Por Pedro de Sotomayor.- Fuente: Alerta Digital-España

¡Welcome, Papacisco! La verdad es que, cuando tuve conocimiento de tu mensaje de Nochebuena, no pude decir aquellos versos de Bécquer «Cuando me lo dijeron sentí el frío de una hoja de acero en mis entrañas». Te estoy vigilando desde hace mucho tiempo, y ya me esperaba un discurso globalista como el que soltaste al mundo con motivo de la Navidad.

Podías haber denunciado, con motivo del nacimiento de Jesús, los 50 millones de abortos que se produce anualmente en el mundo; podías haber proclamado que la Sagrada Familia es un modelo de la única familia que la humanidad ha conocido hasta estos tiempos luciferinos en los que vivimos, en los que se nos pretende adoctrinar desde la infancia con una diversidad de familias; podías haber aleccionado a la Cristiandad sobre el profundo mensaje salvador del infante que nace en Belén; podías haber hecho un llamamiento en contra del consumismo atroz con el que nuestra podrida sociedad occidental pretende homenajear a un humilde y pobre matrimonio que tiene un vástago… pudiste haber hecho muchas reflexiones sobre el profundo significado teológico de la Navidad, acordarte alguna vez del Jesús que estaba naciendo…

Pero no, volviste al tema estrella de tu nefasto pontificado: la necesidad de acoger a más inmigrantes. Convertiste un sencillo problema de «overbooking» en Belén, en un supuesto caso de racismo xenófobo, pretexto espúreo para hacerle el juego a George Soros ―quien ha reconocido públicamente que ha sido él quien ha instigado la avalancha de refugiados sobre Europa―, quien habrá aplaudido entusiásticamente en su dacha el mensaje totalmente «sorizo» con el que nos has obsequiado en tu Nochebuena globalista.

Confieso que, desde que te vi salir al balcón en la plaza de San Pedro el día de tu proclamación como Papa, sentí ―ahora sí― «el frío de una hoja de acero en mis entrañas». Desde entonces me proclamé «sedevacantista», y no acierto a comprender cómo es posible que la Cristiandad todavía no se haya dado cuenta de que un miembro de honor del masónico «Club Rotary» no puede representar a Cristo en nuestro atribulado mundo.

Papacisco, que vas a Lesbos y te traes a refugiados musulmanes en vez de a cristianos masacrados y perseguidos en tantos países; Papacisco, que saliste al balcón aquella fatídica noche en que te proclamaron Papa sin los atributos protocolarios de todo Pontífice, en apariencia por espíritu de pobreza, pero en realidad porque abominas de los símbolos de la Tradición Católica. Tu caso me recuerda al de Pablo VI, que donó la tiara papal a U-Thant, el masón Secretario General de la ONU, para acabar hace poco subastada en Internet.

Papacisco, que, con los enormes problemas que tiene hoy la Iglesia, sometida a una feroz persecución, a un furibundo laicismo, una perversa y generalizada apostasía, a un sinfín de blasfemias y sacrilegios… una Iglesia que empieza a ser residual, marginal, sitiada por las fuerzas infernales… sólo se te ocurre decir en las calendas navideñas que tenemos que coger a más refugiados, cuando la misma Unión Europea ha admitido que se trata solamente de inmigrantes ilegales, que han puesto al borde del colapso a países como Grecia e Italia.

Papacisco, que llevas encima como símbolo de tu pontificado una cruz absolutamente siniestra, cuyo significado invito a los electores a investigar para que vean a quién tenemos al frente de la nave de la Iglesia.

Jamás olvidaré ni te perdonaré que en la celebración del centenario de Fátima celebraras una misa con velas negras, satanismo puro en una escenografía totalmente masónica; ni que en el marco del 50 Aniversario de la Encíclica «Nostra Aetate» emititieras junto con la superlogia masónica judía «B´nai B´rith» ―la que dirige la masonería mundial― importantes declaraciones fortaleciendo el camino del «diálogo interreligioso».

Porque esa es otra de tus obsesiones globalistas: el ecumenismo religioso, cuyo objetivo es llegar a una sincretista religión mundial, sobre la cual pondrá sus pezuñas sulfurosas el Anticristo.

Si, Papacisco, projudío hasta la médula, que como arzobispo de Buenos Aires celebraste «Rosh Hashaná» y «Hannukah» en las sinagogas locales, coautor de un libro con Avraham Skorka, prominente rabino de Buenos Aires. También te he visto besar la mano de los prebostes sionistas en el Museo del Holocausto. Entonces, como cardenal, solías decir, sobre tu afición al acudir a las sinagogas, que «Es algo que suelo hacer, como los hermanos judíos vienen a nuestra casa, yo voy a la de ellos, somos hermanos. El amor nos lleva a la fraternidad».

También son tus hermanos los protestantes que desgarraron el catolicismo. En octubre del año pasado, participaste en los actos de conmemoración de los 500 años de la reforma luterana, celebrando una misa junto con sacerdotes luteranos. Justificarte tu decisión diciendo que viajaste a Suecia para «acercarte» a tus «hermanos y hermanas» porque, según señalaste, «la cercanía hace bien a todos».

Tus declaraciones para justificar tamaño dislate constituyen la quintaesencia del ecumenismo globalista que destrozará la Iglesia: «La distancia en cambio nos hace mal. Cuando nos alejamos, nos cerramos dentro de nosotros mismos, adquirimos miedos. Es necesario aprender a trascender para el encuentro con los demás. Si no lo hacemos, también nosotros cristianos enfermamos con las divisiones. Con este viaje espero dar un paso de acercamiento».

Y así podríamos seguir contando hazañas globalistas del Papacisco. Lo más curioso de este señor es que hace todo a plena luz pública, bajo los focos mediáticos del mundo entero, diciendo lo que dice y haciendo lo que hace sin que ―exceptuando una minoría―, casi nadie se llame a escándalo.

Y es que constituye un digno caso de estudio sociológico el hecho de que, en un mundo donde cada vez más gente adquiere plena conciencia de la conspiración globalista que pretende acabar con los valores morales tradicionales, con la Iglesia, con las naciones-Estado; donde mucha gente conoce con nombres y apellidos a la mafia luciferina que pretende llevarnos al Armageddón del Anticristo, resulta increíble que muy poca gente entre los creyentes haya advertido el tremendo peligro del Papacisco. Es más, la práctica totalidad de la cristiandad le tributa entusiásticos homenajes, una auténtica veneración. Cosas veredes.

Veneración que también se le da ―salvando las distancias, claro― por la progresía coletuda-bolivariana. Es realmente curioso y sospechoso el fenómeno de este Papacisco, también cae a los ateos matacuras y quemaconventos. Conocí en cierta ocasión a un alto cargo de la Cienciología que tenía en su móvil una frasecita del Papacisco absolutamente impresentable para un católico, pero que él exhibía con orgullo.
Dentro de poco vendrá la Semana Santa, y seguro que despachará otro de sus memorables discursos globalistas. Aquí estaremos para contarlo.

Un Comentario sobre “WELCOME, PAPACISCO! EL EXTRAÑO CASO DE UNA NAVIDAD CONVERTIDA EN PRETEXTO PARA JUSTIFICAR LA INMIGRACIÓN ILEGAL

  1. Como escribe Aldo Rosado en Nuevo Accion; EN LA DIANA.

Leave a Reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *

Help

WordPress theme: Kippis 1.15