Y, SIN EMBARGO, EL EMBARGO- SEGUNDA PARTE Y FINAL

Por Vicente P. Escobal- Especial para Nuevo Acción

El levantamiento del embargo no devolvería a los padres cubanos la soberana decisión de escoger el tipo de instrucción que desean para sus hijos ni concedería a la nación su soberanía. El humillante sistema de racionamiento no terminaría, porque la capacidad productiva de la industria alimentaria está destruida y su soporte agropecuario paralizado. ¿Se instalaría en los jóvenes cubanos la aspiración de llegar a ser reconstructores de la nación y no una masa amorfa y manipulada con la única ambición de abandonar la tierra donde nacieron y lograr de una vez y para siempre redimirse del pesado fardo de la mediocridad y la servidumbre y asumir sus responsabilidades cívicas y éticas?

La dictadura afirma que el embargo ha dañado la economía cubana en varias decenas de millones de dólares. Pero lo que esa dictadura no dice es cuántos cientos de millones de dólares ha significado el aventurerismo bélico y sus irresponsables prácticas terroristas y guerrilleras en otras latitudes, como tampoco menciona el dinero malgastado en descabellados proyectos, como aquel funesto Cordón de La Habana a través del cual se intentó sembrar café en terrenos con un alto contenido de salinidad, desoyendo las recomendaciones de especialistas altamente calificados.

Sería interminable la lista de irracionalidades económicas que involucran directa y personalmente a Fidel Castro y sus cómplices por las que cualquier ciudadano común tendría que responder ante la justicia.

Cuba puede acceder a otros mercados si se atiene a las leyes de la oferta y la demanda y a las reglas de una economía globalizada. Durante años Cuba estuvo sometida a un extraño experimento consistente en el intercambio de bienes y servicios mediante el cual la Unión Soviética y sus satélites la subsidiaban en una cifra cuyo monto no se ha podido cuantificar. Así se deformó el mercado nacional e incluso se adulteraron los hábitos de consumo de la población. Durante su luna de miel con sus aliados de la Europa del Este a Castro no le interesaba el embargo. En una ocasión afirmó que Cuba estaba preparada para “resistir el bloqueo por toda la vida…”

Cuando nos enteramos a través de los medios de la astronómica cifra de la deuda externa cubana ascendente a miles de millones de dólares, nos preguntamos: ¿qué se hizo con todo ese dinero, en qué se invirtió? Tal vez la respuesta pueda proporcionarla alguna institución bancaria radicada en Europa donde han ido a parar cuantiosas sumas de dinero que ahora engrosan las cuentas bancarias de la familia Castro y sus apandillados.

Cuando el último fragmento del Muro de Berlín se desplomó sobre la Plaza de Brandemburgo entonces Castro comenzó a ocuparse y preocuparse por el embargo. Hasta entonces Cuba se había mantenido girando alrededor de la órbita del Consejo de Ayuda Mutua Económica (CAME), un diabólico engendro consistente en conceder a la esclavitud y la dependencia un carácter solidario y cooperativo. Cuba estaba obligada a entregar regularmente al campo socialista azúcar y sus derivados, café, cítricos, tabaco, níquel y cobalto. En cambio, recibía medios de transporte, material bélico, materias primas y productos intermedios de una pésima calidad.

No es ocioso recordar que en la década de los 70’s Cuba recibió del bloque soviético alrededor de 95 mil vehículos automotores de los cuales, diez años más tarde, solamente funcionaba el 15 por ciento. Otro tanto ocurrió en sectores tan sensibles como la educación y los servicios médicos. Por su parte toda la metodología implantada en el sistema nacional de educación fue burdamente copiada de la Alemania comunista, despreciando la rica experiencia acumulada durante décadas por los educadores cubanos en los primeros cincuenta años de república. En el sector de la Salud Pública se emplearon normas ensayadas en la Unión Soviética, Bulgaria, Hungría, Polonia y Checoslovaquia. En la rama psiquiátrica se experimentaron técnicas de tratamiento y manipulación mediante sesiones de electrochoque a opositores políticos. El Comité Soviético para la Seguridad del Estado, conocido por sus siglas KGB, brindó entrenamiento, logística e intercambio de experiencias a los cuerpos represivos de la dictadura.

¿Qué ocurriría si de repente el mercado interno cubano resulta literalmente invadido por productos estadounidenses y millones de turistas de este país comenzaran a arribar a los puertos de la Isla? Reflexionemos al respecto: La estrategia castrista es esencialmente represiva. Inmediatamente se duplicarían los controles policiacos y se reforzarían las medidas de seguridad destinadas a impedir el contacto de los cubanos con los turistas americanos a fin de evitar la “contaminación ideológica”. El castrismo es un auténtico policía del pensamiento social, un fiscal de la iniciativa ciudadana y un censor de la libertad de expresión.

Los almacenes del Estado, concretamente los administrados por las fuerzas armadas, reciclarían sus inventarios y pondrían a disposición de la nomenclatura política y militar productos deficitarios o de prolongada escasez en el mercado interno.

Las tesis de los defensores de los derechos políticos, civiles, sociales, laborales y culturales del pueblo cubano se desplomarían. El triunfalismo se apoderaría de los sicarios de la Seguridad del Estado y estimularía la multiplicación de sus instintos represivos.

Se produciría un reforzamiento de la actividad criminal en el terreno económico y las diferencias entre sectores socio-laborales serían más evidentes que las actuales. El sistema carcelario ampliaría sus capacidades y se crearían nuevos centros de “corrección de conductas inapropiadas”.

Los medios controlados por el régimen lograrían mayor efectividad en su capacidad de adoctrinamiento y los centros de poder ideológico perfeccionarían sus planes de penetración social y acelerarían sus detenidos proyectos de edición de publicaciones destinadas a adoctrinar y movilizar las masas. Se garantizaría la continuidad histórica del castrismo, otorgándole el cuestionable privilegio de haber destruido “el bloqueo yanqui”.

Ciertos criterios coinciden en afirmar que el castrismo no soportaría una semana de apertura política y económica. Probablemente no la soportaría. Pero, ¿quién puede asegurar categóricamente que el levantamiento del embargo propiciaría esa apertura?

El castrismo alcanzó seis décadas de poder absoluto. Se ha ganado el ominoso título de ser la dictadura más añeja del continente. La cúpula de ese poder conoce perfectamente las emociones y las reacciones del pueblo que sojuzga y han convertido a la nación cubana en un gigantesco laboratorio de experimentación política, económica, sociológica e ideológica. Y un poderoso sistema de espionaje y delación permanece activo todo el tiempo. El Departamento Ideológico del Partido Comunista elabora periódicamente reportes sobre el estado de opinión pública respecto a determinados temas de interés para la dictadura. Determinados funcionarios del aparato represivo se han especializado en técnicas de desinformación y propalación de rumores. Los servicios de contrainteligencia dominan detalladamente cada espacio de la sociedad. En las comunidades están creados sistemas de control que escudriñan los actos más íntimos de la vida familiar. Nada ni nadie escapa al control estalinista impuesto a la sociedad cubana.

En la década de los años ochenta los servicios especiales del Ministerio del Interior ensayaron cómo actuar ante un levantamiento popular en la ciudad de La Habana. Desertores del régimen confirman que durante el año 1982 se pusieron en práctica técnicas de desinformación y agitación que costaron al país varios millones de dólares. Pero ese tema Fidel Castro prefería obviarlo con sus interlocutores durante sus agotadores monólogos nocturnos en su confortable oficina del Palacio de la Revolución porque paradójicamente, y a pesar del embargo, el castrismo dispone de un palacio.

Estados Unidos posee un sólido y prestigioso sistema de instituciones democráticas. Su liderazgo mundial no depende solamente de su capacidad económica y militar. Hay otras fuerzas morales operando al interior de la sociedad estadounidense que le confieren su auténtica pujanza.

Estados Unidos va a jugar inexorablemente un papel de primer orden en la democratización de Cuba. El levantamiento del embargo no aseguraría ese objetivo.

Cuba debe avanzar hacia un gobierno de transición nacional que restituya el Estado de Derecho, la vida en libertad y democracia, y que fortalezca la capacidad productiva del país generando bienestar y empleos suficientes. Cuba debe garantizar los derechos fundamentales de sus ciudadanos y devolver a la nación su soberanía y su independencia. Ese sería el verdadero levantamiento del embargo.

Para alcanzar esos propósitos hay que tener una clara noción de lo que significa la palabra futuro y sus implicaciones en el presente. La responsabilidad de la crisis que afronta Cuba recae sobre el régimen. Desde el principio Castro fragmentó a la nación cubana, criminalizó y tergiversó su historia, arruinó sus instituciones, suplantó sus tradiciones, liquidó los altos principios de moralidad, decencia y legalidad, dispersó las familias y generalizó, hasta proporciones escalofriantes, las deformaciones del totalitarismo. Lo más sensato sería preparar las bases para esa Cuba del futuro con la que los amantes de la democracia sueñan.

Al castrismo le queda una minoría sustentada por el odio y el miedo al juicio de la historia, una minoría hipócrita para la cual el futuro ya terminó.

En el embargo no está la génesis de la crisis. Hay que aprender a identificar a los autores materiales e intelectuales del crimen perpetrado contra Cuba. Aun se mueven en plazas, tribunas y eventos internacionales y muchos de ellos quizás sean nuestros vecinos. No hay pretextos para justificar el levantamiento del embargo.

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