YO NO ODIO A LOS “HOMBRES NUEVOS”, ODIO A SUS PRECURSORES

por Esteban Fernández

La inmensa mayoría de los jóvenes recién llegados si bien ignoran nuestros esfuerzos de darle libertad a Cuba tampoco son fidelistas. Al Fidel asesino y destructor de Cuba que nosotros odiamos hasta después de muerto, ellos lo recuerdan como un anciano cañengo y trastornado con  arteriosclerosis…

Si bien nos molestan las actitudes de algunos -NO TODOS- todavía yo no he visto que actúan en contra de nosotros, ni nos atacan, ni van a romper un acto ni un banquete cubano, ni protestan ante las oficinas de Alpha 66 o de la Junta Patriótica o de cualquier organización anticastrista. A los que no sirven yo los ignoro y ellos me me pasan por alto. Ellos con sus Van Van y el equipo Industriales, yo con Willy Chirino y Habana y Almendares.

Jamás ninguno ha intentado hacerme daño. No los detesto porque no me hacen la vida imposible, ni salen a contradecirme, ni atacarme. En realidad, me ignoran completamente, PERO de la misma manera la mayoría de ellos también se hacen los suecos con respecto al castrismo.

No quieren saber de “política”.  No parece interesarles lo que yo diga y mucho menos los que sostenga el “chicle masticado” Raúl Castro.

Son simplemente víctimas de un sistema férreo que ha intentado convertirlos en rebaño. Mi odio absoluto y feroz es contra sus antepasados, contra sus abuelos y quizás sus padres.

Esos fueron los que cambiaron el rumbo de mi vida, los que me convirtieron en paria en mi propia tierra, los que fusilaron, los que enviaron a lo mejor de la Patria a podrirse en inhumanas prisiones. Esos son los grandes H. P. , esos son los destructores de Cuba. Y víctimas somos nosotros como lo son sus descendientes. De forma muy diferente, pero victimas al fin.

Todo lo malo que veamos en la juventud cubana es por culpa de Fidel y Raúl Castro y  de sus esbirros, y muchas veces culpa de sus padres y abuelos cederistas.

Cada vez que usted vea a un recién llegado decente, correcto y anticastrista USTED NO TIENE NI QUE PREGUNTAR, detrás de ellos hubo unos padres y abuelos inteligentes, correctos, religiosos y buenos.

El elemento malo (que siempre es el que se ve porque la decencia no se pregona en una esquina)  es heredero directo de que los que nos gritaron “Paredón”, intervinieron negocios, hicieron inventarios en las casas de los que nos íbamos. Son los hijos de “Papito paredón, mamita comité y abuelito chivatón”.

El objetivo, la moraleja de este escrito es que donde quiera hay buenos y hay malos, en un pantano se revuelven los cocodrilos, pero también pueden salir unas flores preciosas.

Para los buenos mi abrazo fraternal y muy sincero, mi estrechón de manos, y unámonos todos a salir de los hijos del diablo, de ayer y de hoy, para poder convertir a nuestro país de nuevo en el paraíso que un día fue. Con los buenos de todas las épocas.

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