EL ACABOSE CASTRISTA

por Esteban Fernández

El desastre es total dentro de las filas enemigas. La población cubana, incluyendo a los herederos de los líderes del régimen, desesperadamente quieren vivir ajenos a la política y a las gastadas consignas gubernamentales.

¿Dije líderes de la revolución?  El pueblo no sabe ni quiénes son. Los ignora, no los conoce, no sabe dónde viven, ni le interesa saber que huevos los puso.

A los “hijitos de papá paredón” (EN LA FOTO EL NIETO DE FIDEL CASTRO) jamás se ligan con los que ellos consideran gentuza, negrada y populacho. Son unos mequetrefes que los llevan choferes a las escuelas. Esos engreídos y zoquetes son un millón de veces más capitalistas que cualquiera de los muchachos nacidos y criados en el exilio y en la abundancia.

Buenos carros, buenos zapatos, buenas indumentarias, son la única forma de identificar a la prole de los que un día se identificaron como los defensores del proletariado.

Nosotros hablamos del comandante Guillermo García Frías cuando dijo la sandez de que los cubanos debían alimentarse de avestruces, pero allá los jóvenes, y los cubanos en general, ni idea tienen de quién es este viejo cagalitroso.

El vetusto García Frías en una fiesta por su cumpleaños les presentaron a un montón de hijos y ni a eso él reconocía, le preguntaba a cada uno: “Muchacho y ¿quién es tu madre”.

Allá el desbarajuste es total y a nadie le interesa el socialismo, ni el comunismo, ni el castrismo, sólo están interesados en los dólares, en recargas para el teléfono, o en el supremo éxito en la vida de poder abandonar aquel desmadre.

A Fidel Castro no lo recuerdan como un victorioso comandante sino como el ‘Coma andante”, quien se pasó los últimos años de su vida babeado, con un pañal desechable puesto y absolutamente decrépito.

No se puede encontrar en todo el país a cubanos que prefieran encontrarse con Raúl Castro (el chicle masticado) y saludarlo que poder acercarse y recibir una propina de un visitante.

Los niños dicen que “Cuando sean grandes no quieren ser ni maestros, ni médicos, ni abogados, quieren ser turistas extranjeros o camareros en un hotel Meliá”.

De “Yanquis Go Home” han pasado a desvivirse por querer irse a vivir al “Home de los Yanquis”. De desear irse a estudiar a Rusia, Checoslovaquia, Hungría, ahora todos optan por querer largarse a la “Yuma”.

Cuba, desde hace rato, pasó del intento de crear un país “socialista” a ser un arroz con mango dentro de una olla de grillos. De “Primer Territorio Libre de América” a la mayor plasta de estiércol del mundo. Vaya.

EL PATRIOTISMO CASTRISTA ES SOLO FALSEDAD

Por, Héctor Julio Cedeño Negrín

En estos últimos días hemos podido constatar, lo falso del patriotismo de los personeros y acólitos de la tiranía, que se la pasan dictando cátedra, sobre el comportamiento cívico ante los símbolos patrios, sus héroes y sus mártires gloriosos. Queriendo enseñarles a los ciudadanos lo que ellos entienden por patria y por nación.

Todo el melindre lo han formado por el performance perfilado por un grupo de cubanos, que se hacen llamar; “Clandestinos”. Ellos utilizaron la figura de José Martí, tomando para ello, varios bustos del Apóstol, diseminados por la Habana, para expresar sus criterios políticos y sus inquietudes reprimidas.

A mí ciertamente, la iniciativa me ha parecido valiente y hasta genial, una hazaña realizada precisamente, el día primero de enero, día en que comenzó la larga y tenebrosa noche en que nos ha sumido la tiranía castrista, a Cuba y a la mayoría de los cubanos.

Me pareció formidable, porque en La Habana los bustos de José Martí están permanentemente vigilados y escoltados, tanto por la Policía ordinaria, como por la Política, es decir, por la Seguridad del Estado. Los bustos del apóstol están, sencillamente, militarizados.

Decírmelo a mí, que he participado en innumerables acciones relacionadas con el Apóstol, colocando flores en sus bustos o en actos de homenaje, preparados por la oposición a lo largo y ancho de la ciudad. Allí, hemos sido reprimidos o detenidos, en diversas ocasiones por los esbirros de la tiranía castrista, que han tratado a toda costa de impedirlo.

¿Qué moral tienen los lame botas de ésta tiranía inmoral para inculpar a nadie por estas acciones?

¿Quién les otorgó el poder de juzgar a valientes ciudadanos, por esas actuaciones más bien simbólicas, que no pretenden denigrar al Apóstol si no, situarlo, como figura cimera de nuestras luchas?

¿Es que los infamadores y sus asistentes, se han creído el papel de jueces, que les han otorgado la tiranía y la falsa constitución que ellos mismos se inventaron?

Cuando triunfen la democracia y la libertad vamos a quemar ese panfleto apócrifo, al que ellos llaman constitución en la mayor plaza pública y entonces elaboraremos, ante el pueblo cubano, una verdadera constitución democrática; “Con todos y para el bien de todos” como expresara nuestro Apóstol, de la República soñada por él.

Los conocidos” Clandestinos” embadurnaron con sangre (con sangre o con pintura roja) varios bustos de José Martí, en La Habana. Ya se sabe que José Martí es para los cubanos una de las más grandes figuras de la historia, junto con Carlos Manuel de Céspedes y Antonio Maceo; son para los cubanos, el Apóstol de nuestra independencia, el Padre de la Patria y el Titán de Bronce, símbolos inconmensurables de la Patria.

Pero para la mayoría, José Martí, es el más grande de todos los cubanos. Dada su firmeza, su valor y su entereza para conseguir la independencia y la liberta de Cuba. Sus méritos son tan extraordinarios, que harían palidecer, a cualquier otro prócer de la patria.

Para los cubanos, José Martí, simboliza, la Patria misma y tiene mucho sentido este acto de los “Clandestinos”, al señalar, que, precisamente esa Patria, ha sido ensangrentada por la dictadura. Son verdaderamente, los tiranos y sus esbirros, los que han ensangrentado a José Martí.

En una de las presentaciones de “Clandestinos”, aparece la imagen del tirano Fidel Castro, sangrando al Apóstol. Ese es precisamente el sentido de este performance, creado por “Clandestinos” y me parece esa la interpretación de la obra. Ya se sabe que no todo el mundo, interpreta las cosas de la misma manera, pero ese es el sentido que yo le veo.

Hoy la mayoría de los cubanos tienen menos de sesenta años y sus ideas y conceptos están influenciados por las doctrinas de la revolución y de Fidel Castro. Eso quiere decir, que, a buena parte de los cubanos les han hecho ver a José Martí, en un sentido muy diferente, incluso algunos entienden a Martí como un comunista. Eso, porque les han lavado el cerebro, como se decía en otra época.

En ese sentido, me siento orgulloso, porque el Coronel de la Seguridad del Estado; Fernando Labrada Tamayo me decía en uno de los interrogatorios a los que me se sometió, que yo tenía el cerebro, “bastante contaminado”, o sea, que no me han podido lavar el cerebro adecuadamente. Pero si puedo comprender como muchos cubanos ven a José Martí y también como lo culpan a veces de las desgracias de Cuba.

La Patria desangrada por los tiranos, que han hecho correr a raudales la sangre de los cubanos y que aún hoy, la hacen correr. Para mí eso fue, precisamente lo que quisieron simbolizar, esos valientes cubanos, para no dejar morir a la Patria, cuando los traidores la asesinan, la saquean y la humillan. Muy bien por ustedes hermanos.

Estos hermanos, también están clamando por la libertad de los Presos Políticos, de José Daniel Ferrer García, de Roberto de Jesús Quiñones Haces, por la de los Pastores Ramón Rigal y Aida Expósito, por la de las Damas de Blanco Martha Sánchez y Aimara Nieto, por la de Ovidio Martín Castellanos y la de tantos otros, que hoy yacen en las ergástulas inmundas de la tiranía.

Esos Prisioneros Políticos, son asesinados lentamente o “Enterrados vivos”, como diría Héctor Maseda Gutiérrez, cuya esposa Laura Pollán, también fue asesinada, desangrada y asfixiada por los tiranos y sus cómplices, incluso disfrazados de médicos, asesinos violadores del juramento hipocrático.

Esa sangre también simboliza, la sangre de Oswaldo Paya Sardiñas, desangrado con una aguja que le clavaron en la ingle. Significa la sangre de Harold Cepero y la derramada por galones, por los miles de fusilados y asesinados, de Fidel y de Raúl Castro, a lo largo de sesenta y un años de crímenes, de una dictadura impuesta a sangre y fuego, contra el sufrido pueblo cubano.

Hablan de que los “Clandestinos”, son vándalos, por pintar con sangre o pintura, los bustos de José Martí. Pero el primero y verdadero vándalo fue Fidel Castro, que quiso hacer cómplice de sus asesinatos al Apóstol, al pretender implicarlo en el asalto al Cuartel Moncada, como el autor intelectual de las atrocidades que el mismo cometió, eso sí es vandalismo.

Esa también fue su cobardía, para evitar ser condenado por los crímenes planificados por él, induciendo además, al resto de sus compañeros a cometerlo. Culpar al Apóstol de aquel asalto, traicionero y alevoso, contra soldados casi indefensos, desnudos, confiados y borrachos que él inició, es también un crimen. Es también, mancillar la memoria del Prócer y lavarse las manos, como Poncio Pilatos, al señalar a José Martí como el incitador de aquel acto arbitrario.

Vandalismo es también, el del hermano en Jefe, que colocó el pestilente; “Mojón de Fidel”, al pie del Mausoleo del Apóstol, para castigarlo y obligarlo a soportar al tirano, su presencia y su hedor nauseabundo de asesino comunista, que acuchilló por la espalda, al propio José Martí.

Con estas acciones de “Clandestinos”, reforzaran la militarización del Parque Central. Siempre tan vigilado y controlado por los esbirros de la tiranía. No vaya a ser que un día de estos, amanezca anegado de sangre de animal o de pintura un lugar tan concurrido y visitado por los turistas y por la Prensa internacional.

Recuerdo que hace algunos años, cuando cerca de treinta opositores, logramos romper el cerco y pararnos ante el busto de José Martí, situado en el Parque Central de La Habana. Gritamos ¡Libertad! Y nos tomamos una foto, ante la vista de los turistas extranjeros y los asombrados esbirros de la Seguridad del Estado, que nos miraban incrédulos.

Por la vigilancia tan hermética que mantenían los esbirros de la dictadura, sobre Parque Central y el monumento al Apóstol, esa acción, tan inesperada de los opositores a la dictadura, podía consignarse como una hazaña militar.

Habíamos salido de la Iglesia de la Merced, situada en las Calles Cuba y Merced, donde participamos en una misa por la libertad, de Ingrich Betancourt. La política colombiana secuestrada por las narco-terrorista-guerrillas de las FARC, hoy un flamante y falso partido político de los narcos-comunistas colombianos.

De allí y ante el asombro de los “segurosos”, nos fuimos caminando, sin romper el grupo, hasta llegar al Parque Central. No se atrevieron a detenernos porque hubieran necesitado todo un batallón para realizar el operativo, más de sesenta forajidos y ellos estaban en franca minoría, no habían previsto tal acción.

Más tarde me cercaron, me detuvieron, me interrogaron y hasta me filmaron. Para que les dijera de quien había sido la idea. Les dije; lo decidimos entre todos, porque se presentó la ocasión y ya ustedes saben, que; “a la ocasión la pintan calva”. Sin lugar a dudas, fue una jugada perfecta. Debo significar que, a los quince días de orar por la libertad de Ingrich Betancourt, a ella la liberaron.

Algo que, si vi muy feo, fue la decapitación de un busto de José Martí, hecha un 13 de marzo, hace varios años en el llamado “Parque del Curita”. Ese sitio lo ocupaba antiguamente, la “Plaza del Vapor” aquí en La Habana. El parque está situado, entre las calles Reina, Galiano, Águila y Dragones, en el municipio de Centro Habana.

Vandalismo es también, la manipulación permanente del pensamiento de José Martí. Lo hacen los ideólogos de la dictadura, para adecuarlo a las conveniencias, políticas e ideológicas, del régimen castrista, tergiversando, uno a uno, los pensamientos y las palabras, del Apóstol.

Martí decía, según, en el Tomo 1 pagina 185 de sus Obras Completas, publicadas por la Editorial Nacional de Cuba, en el año 1963; “La tiranía es una misma en sus varias formas, aun cuando se vista en algunas de ellas de nombres hermosos y de hechos grandes”.

Vandalismo es hacer creer a los cubanos, que José Martí hubiera comulgado con las ideas de Fidel Castro, cuando en realidad el, las hubiera aborrecido. También es vandalismo afirmar, que José Martí era hombre de ideas socialistas y mucho más aberrante aun, que tenía ideas comunistas, como insinúan.

Cuando el mismo coincide con Herbert Spencer en calificar al socialismo, como la ” Futura Esclavitud”, sino ver el Tomo 15 páginas de la 387 a la 392, de las Obras Completas de José Martí, publicadas en La Habana 1963.

Escribía José Martí, sobre el filósofo ingles Herbert Spencer y su tratado, en que califica al socialismo como; “La Futura Esclavitud”, cito; “Por su cerrada lógica, por su espaciosa construcción, por su lenguaje nítido, por su brillantez, trascendencia y peso, sobresale entre estos varios tratados aquel en que Herbert Spencer quiere enseñar cómo se va, por la excesiva protección a los pobres, a un estado socialista que sería a poco un estado corrompido, y luego un estado tiránico”. Tomo 1 pagina 387 de la Obras Completas de José Martí, impresa el 20 de julio de 1964, por la Editorial Nacional de Cuba.

Dicen los integrantes de “Clandestinos” que los dos jóvenes apresados por la Seguridad del Estado en días pasados, no son integrantes de su organización. Los torturadores cubanos de la Seguridad del Estado, émulos de Lavrentiy Beria y de Iosif Stalin, son capaces con sus torturas y martirios de hacerlos confesar y de auto incriminarse públicamente, aunque sean inocentes. Hoy las acciones de “Clandestinos”, se han extendido, a Santiago de Cuba y otras provincias.

Los gobernantes de Cuba, han prostituido tanto el pensamiento, y las ideas de José Martí, que muchos ciudadanos piensan en José Martí, como en el ideólogo de la tiranía castrista, incluso muchos de ellos, hastiados de tanta tiranía, llegan a odiar al propio José Martí, eso no es más que vandalismo puro por parte de la tiranía castrista.

¿Por qué le dan tanta importancia a una construccion de cemento o de yeso y desprecian verdaderamente las ideas y los pensamientos del Apóstol?

El mayor homenaje a José Martí, no es construirle bustos ni monumentos a lo largo y ancho de la isla de Cuba, sino cumplir con su legado. Porque no cumplen, por ejemplo, con este claro pensamiento del Apóstol y lo ponen en práctica verdaderamente y dejan de falsificar la realidad; “La patria es dicha de todos, y dolor de todos, y cielo para todos, y no feudo ni capellanía de nadie”.

Al menos yo me siento identificado con “Clandestinos” y aunque algunos pretenden denigrarlos y calificarlos de violentos y vandálicos me niego a considerarlos de esa manera, porque los verdaderos vandálicos y violentos, son los tiranos y sus compinches.

UN EDITORIAL DE NUEVO ACCIÓN

Entre las muchas cosas malas que nos ha traído el fidelato, una de las peores es la maldita práctica de la intransigencia, ajena por completo a la idiosincrasia y el carácter de los cubanos hasta la llegada de la revolución que degeneró en tiranía totalitaria. Por desgracia, la intransigencia, como forma de vida, ha enraizado profundamente de este lado del mar, y hoy rivalizan en intransigencia tanto los que manejan el gobierno que se ha enseñoreado de nuestro archipiélago, como los que fuera de la patria quieren trazarles rumbos a los desterrados y los inmigrantes.

No hay que ser muy inteligente para darse cuenta de que es imposible el logro de la paz social en una Nación, en la que por el solo hecho  de que uno no piense como el otro, los convierta en enemigos irreconciliables. Si aspiramos a regresar bajo esa premisa, no cabe duda de que en la Cuba del futuro, jamás reinará la paz social, tan necesaria para que una Nación pueda avanzar por el camino del progreso y logre la estabilidad política y económica.

Nosotros soñamos con una Cuba en la que las opiniones que se expresen no sean uniformes y homogéneas, sino más bien controversiales y diversas, dentro de un marco de altura en el debate y de respeto a la opinión del contrincante. Libertad plena, enmarcada en la tolerancia, volviendo a la sana práctica de discutir y disentir entre amigos y aun con el adversario.

Los que anhelamos un verdadero cambio, los que pensamos con el Apóstol que “cambiar de amo no es ser libre”, los que no vamos a tolerar el mismo perro con diferente collar, somos muchos, tanto dentro de la Isla como en el exterior y debemos predicar con el ejemplo.

Acabemos con “el fidelismo comunista”, pero no permitamos que surja el “fidelismo anticomunista”. La práctica de la intransigencia no tiene color. Es odiosa, y punto. Quien la aliente y la practique—esté del lado que esté del espectro político o religioso—es un tirano en ciernes y, de tener la oportunidad, se convertiría en un Stalin, un Hitler o un Castro.

Se puede ser amigo de una persona, aunque ésta discrepe de uno en muchos aspectos. Se puede socializar con, y aun guardar afecto hacia alguien  que no comparta nuestros puntos de vista. Si “el respeto al derecho ajeno es la paz” ¿Por qué los cubanos nos hemos empeñado en vivir en guerra perenne? Es hora de que le demostremos al mundo, y en especial a los que sufren en el Archipiélago el horror de la tiranía, y sobre todo, demostrarnos a nosotros mismos, que hemos asimilado la lección y que vamos a desterrar de nuestro pensamiento y de nuestra actuación, la intransigencia gratuita y la absurda pretensión de que siempre somos los poseedores absolutos de la verdad.

A la inevitable y próxima caída de la tiranía castrista, debe de aspirarse a que funcione un sistema en que reine un nuevo espíritu entre todos los cubanos. La exposición civilizada de los problemas, la presentación de los distintos puntos de vista y la discusión—apasionada si se quiere—de los argumentos, dentro de un marco de respeto y de tolerancia tendrán que ser la norma que caracterice a la  nueva Cuba, si queremos salvar nuestra nacionalidad, nuestra unidad como pueblo y nuestra presencia como nación civilizada en el concierto de las naciones libres.

OTRAS VOCES: YA ERA HORA DE QUE UNA ADMINISTRACIÓN ROMPIERA LAS “REGLAS” DE LA POLÍTICA EXTERIOR.

Por, Jonathan S. Tobin

Durante veinte años sembró impunemente el terror y la confusión por todo Medio Oriente. Como comandante de los Cuerpos de la Guardia Revolucionaria Islámica (CGRI), Qasem Soleimani fue el cerebro del máximo patrocinador estatal del terrorismo, además del segundo individuo más poderoso en esa opresiva teocracia islamista. No importaba cuánto caos provocara; se creía intocable. Y tres administraciones americanas, tanto demócratas como republicanas, validaron esa creencia dejando pasar las oportunidades que se les presentaron de matar a un hombre con las manos empapadas de sangre; sangre de numerosos americanos e incontables sirios, libaneses, israelíes, etc.

Pero tras orquestar varios ataques contra las fuerzas americanas en Irak y organizar un asalto a la embajada de Estados Unidos en Bagdad, el crédito de impunidad que le extendieron la comunidad internacional y sucesivos presidentes estadounidenses se agotó.

Cuando un dron de Estados Unidos lo mató —junto al líder de los terroristas iraquíes auxiliares de Irán—, lo que se produjo fue algo más que un ajuste de cuentas. Fue una proclamación al mundo de que habían dejado de regir las viejas reglas, por las cuales Irán había podido hacer lo peor contra Estados Unidos, Israel y Occidente sin arrostrar jamás las consecuencias.

Al igual que su decisión de reconocer Jerusalén como la capital de Israel y trasladar allí la embajada estadounidense en el Estado judío, el hecho de que autorizara el ataque contra Soleimani proclama que Trump ha desechado los códigos de política exterior que constreñían a Estados Unidos en el pasado; unos códigos que acabaron blindando a personajes nocivos como Soleimani.

No hay forma de saber hasta dónde llegará el régimen iraní en represalia por el tremendo golpe que ha recibido. Tanto los ciudadanos como los intereses americanos corren ahora peligro. Sin embargo, también es posible que, como sucedió cuando Trump reconoció Jerusalén y trasladó allí la embajada, se estén exagerando las predicciones apocalípticas.

Lo que sí sabemos es que puede que estemos en un momento crucial en la historia del Medio Oriente moderno. Durante cuarenta años, desde el advenimiento de la República Islámica, el régimen de los ayatolás ha podido perseguir sus objetivos de hegemonía regional a través del terrorismo y la subversión, mientras Occidente actuaba como si no pudiera o no intentara hacer demasiado al respecto.

De hecho, el principio rector de la política exterior de la Administración Obama fue el desapaciguar y amoldarse a los iraníes, hicieran lo que hicieran. El presidente Obama afirmó que confiaba en que el acuerdo nuclear que había negociado con Teherán en 2015 permitiera al régimen iraní “llevarse bien con el mundo”. Pero los ayatolás no querían esa oportunidad. Lo que querían era el sello de aprobación de Occidente a su programa nuclear y acceder a los mercados internacionales para vender el petróleo que financiara a sus terroristas predilectos, empezando por los CGRI. Engatusaron a Obama para que hiciera una concesión tras otra en las negociaciones, hasta el punto de que el acuerdo garantizó de hecho que Irán acabara dotándose de armamento nuclear y enriqueciéndose, y reforzó al régimen de los ayatolás, que de inmediato redobló su aventurismo regional, causando estragos en Siria, consolidando su control sobre el Líbano y tratando de conseguir lo mismo en Irak.

La premisa de muchas de las críticas a la decisión de Trump de eliminar a Soleimani se basa en una suposición falsa. Los que lamentan que el presidente haya desechado el saber convencional actúan como si hubiese contravenido una tradición que salvaguardaba intereses y vidas estadounidenses. Pero no era así, ni por asomo.

Lo que sucedió en Siria mientras Irán y su aliado, el presidente Bashar al-Asad, arrasaban el país fue una consecuencia directa del apaciguamiento americano. Lo mismo cabe decir de la capacidad iraní para hacerse con el control del Líbano a través de sus secuaces de Hizbolá. Y, en las últimas semanas, los intentos de Teherán de hacer lo mismo en Irak conllevaron ataques directos contra los americanos, que culminaron con el asalto a la embajada en Bagdad, lo que suscitó inquietantes evocaciones de la debacle de Bengasi (2012) y la toma con rehenes de la embajada estadounidense en Teherán (1979).

El argumento contra la política exterior de Trump es que sus acciones no están correctamente ponderadas, desoye los consejos de los expertos y los aliados y pone en peligro la paz en la región y en el resto del mundo. En concreto, los miembros de la administración Obama dicen que Trump está desperdiciando las oportunidades para la paz que creó el pacto nuclear.

Pero es que lo cierto es lo opuesto. La muerte de Soleimani no provocará una guerra. Irán de hecho lleva ya años librando una guerra nada fría contra Estados Unidos y sus aliados. Al igual que la muy necesaria decisión de Trump de retirarse del peligroso acuerdo nuclear y volver a imponer sanciones a Irán —e incluso añadir algunas nuevas—, la operación contra Soleimani deja claro a los líderes iraníes, tal vez por primera vez, que de ahora en adelante van a ser ellos los que acarreen con las consecuencias de sus provocaciones, no sólo sus enemigos o una población indefensa que clama bajo su despótico yugo.

Jugar con unas normas que servían a los intereses de un régimen canalla es lo que ha venido poniendo en peligro vidas e intereses americanos, al hacer más fuerte a Irán y que los ayatolás se sintieran menos constreñidos a la hora de emplear sus métodos brutales y sanguinarios.

Es de esperar que los restantes jerarcas iraníes hayan escarmentado, y que estén furiosos por lo que le ha ocurrido a su hombre indispensable para el terrorismo. Tal vez comprendan que las tornas han cambiado y que ya es hora de que empiecen a retroceder, no vaya a ser que se vean enredados en un conflicto donde tendrían mucho más que perder que Estados Unidos.

Ocurra esto o no, también ha llegado la hora de que los charlatanes dejen de pretender que el problema es Trump. Desde hace mucho ya hacía falta que alguien se atreviera a romper con un estado de cosas que perpetuaba el poderío y la violencia iraníes. Con independencia de lo que ocurra ahora, un mundo en el que el principal promotor estatal del terrorismo tema a Estados Unidos no puede ser peor que uno donde los ayatolás no sientan más que desprecio ante la determinación de Washington a la hora de defender los intereses americanos.

© JNS – El Medio

¡BASTA DE ESPERAR POR LAS MAYORÍAS: A LUCHAR YA!

Por Aldo Rosado-Tuero

La mayoría gritó a Cristo “crucifíquenlo”. La mayoría pidió para Sócrates, la copa de cicuta. La mayoría  humilló a Westinghouse por descubrir el freno de aire, se rió de Graham Bell por inventar el teléfono, persiguió a Colón por descubrir para la civilización europea, un nuevo mundo.

La mayoría aplaudió la quema de Juana de Arco en la hoguera. La mayoría idolizó a uno de los más grandes charlatanes de la historia de los EE.UU., Franklyn Delano Roosevelt. La mayoría de su época, llamó a José Martí, “aprovechado””, “Pepe Ginebra” y “Capitán Araña”.

La mayoría se postró histéricamente a los pies de Fidel Castro en 1959, diciéndole “esta es tu casa Fidel” y muchos se hubieran sentido felices si Castro les hubiese dormida a la mujer.

Por eso, esperar ahora a que las mayorías apoyen a una causa o a un proyecto para lanzarse a la lucha, es de estúpidos o de cobardes, que usan ese pretexto para no hacer nada.

Los verdaderos luchadores tienen que permanecer apegados a los principios inmutables en los que creen (sin ir detrás de lo que quieran o piensen las mayorías, cuando de conquistar las libertades y la democracia se trata)  con tenacidad, y sobre todo, con un sentido exacto de lo que se quiere y porque se lucha.

El activista, el luchador, el líder, tiene que trabajar día a día, sin descanso por su causa, pero sin apresuramientos que a nada conducen, midiendo las condiciones y haciéndolas propicias para su causa. Sin prisa, pero sin tregua. Sin desfallecer por un fracaso, pero sin dejarse deslumbrar por un embullo.

Siempre han sido las minorías selectas, inasequibles al desaliento, las que han hecho historia. Los que saben a donde van y llevan tras de sí—una vez que ellas mismas han creado las condiciones—a las mayorías vociferantes.

El Norte, sigue estando al norte, aunque las mayorías extraviadas señalen al Sur, diciendo “allá queda el Norte”. Las verdades inmutables no pueden ser cambiadas por el flujo y reflujo de las mayorías moldeadas por los hacedores de opinión.

Por eso, resulta indignante  escuchar a los titulados líderes, justificar su inercia y su falta de iniciativa. Su negativa a apoyar a los que quieren hacer algo, so pretexto de que hay que esperar a que la mayoría del pueblo nos dé su apoyo.

El apoyo de las mayorías se consigue con el accionar de un pequeño y decidido grupo con metas bien definidas, que vayan demostrando con hechos y a base de sacrificios, que es posible llevar a cabo lo que se pretende y se predica. Al principio, serán unos pocos, luego se irán sumando otros, y al final, si se persiste y no se doblegan los que iniciaron la tarea, se consigue el apoyo de la mayoría.

Así ha sido siempre, y así será en el caso cubano. Solo hace falta el apoyo y el empuje de una pequeña minoría, que no titubeé, ni se arredre frente a las dificultades.

UNA NOTA EDITORIAL

Hoy predomina en Cuba, el conformismo con la terrible situación en que ha colocado a nuestro pueblo la cruel y longeva dictadura del castro comunismo. Con la vacuna adormecedora de la “resistencia cívica”, sin salir a las calles, EN SON DE PROTESTA VERDADERA,  olvidando que la prédica de Ghandi era “resistencia pacífica activa” que tomaba las calles, la mayoría de los actuales opositores contribuyen a que se mantenga el status quo, que la gerontocracia gobernante, desea para mantenerse en el poder.

Ahora a alguien se le ha ocurrido inventar un modo de lucha que hasta ahora no ha demostrado nada serio, sino que parece ser un pretexto para que se dé una imagen de falsa rebeldía, que ha traído como colofón, una campaña mediática en que se inventan actos y sabotajes inexistentes con los cuales se llenan muros de las redes sociales dando la sensación de la que oposición a la tiranía está en plena ebullición y a punto de incendiar a media Cuba.

Los nacionalistas cubanos por años hemos venido proclamando que la lucha tiene que ser clandestina y activa, pero no estamos dispuestos a aceptar en silencio la gran farsa nacional que se está gestando, dando la sensación de que el pueblo está soliviantado y realizando sabotajes a diario. No estamos en contra de una campaña  que aliente la resistencia violenta y activa, pero nos oponemos con todas nuestras fuerzas a esta fantasmagórica obra teatral, en que miles de “postalitas” se proclaman “Clandestinos”, abren un muro en Facebook y se dedican a publicar falsedades, dando la sensación de que no hay ya que hacer mucho, “porque la tiranía está en las últimas”. 

Esta situación es insostenible y hace que se encuentren en plena indefensión los ideales y las aspiraciones nacionales. No existe actualmente fuerza alguna, que ejerza ni siquiera un atisbo de liderazgo, que se imponga y predique el deber heroico de castigar los crímenes contra la Patria. No es posible exterminar la hidra marxista, sin esgrimir la santa fidelidad a la Patria, y sin movilizar en torno a esta suprema idea nacional las más sanas reservas del pueblo.

Es necesario que dentro de las fronteras de la Patria se organice un frente de ofensiva, que haga imposible la continuación de la tiranía o la refundación de la tiranía con otras nuevas caras y algunos cambios cosméticos. No se trata de proponer y hacer cambios que salven al socialismo y que permitan a las mafias de la nomenclatura y sus hijos apoderarse de los medios de producción y de las riquezas del país. La meta debe de ser: barrer con el socialismo. No podemos aceptar un cambio de collar al mismo perro.

Solo quien disponga de grandes caudales de hipocresía, puede aceptar las maniobras que ya se vislumbran dentro del sistema, con el objetivo, precisamente de salvar “la revolución”.

Cuba necesita hombres de mucho coraje y mucha confianza en su sino, para no seguir a la patulea de los corifeos o renunciar a la empresa que aunque parezca fallida, está ahí, esperando a un líder o a un grupo de adelantados, para convertirla en realidad. ¿Aparecerán éstos, y darán el paso al frente?

EL EZLN SIN MÁSCARAS (2)

Imagen ilustrativa: obispos Samuel Ruiz García (izquierda) y Sergio Méndez Arceo. (Fuente: scielo.org.mx)

El levantamiento armado del EZLN, el 1 de enero de 1994, fue propiciado en buena medida por el clero católico de izquierda y por la masonería

Por Jorge Santa Cruz-Sin Compromisos. La otra Historia

Es falso que el autodenominado Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN) haya surgido espontáneamente en las comunidades indígenas chiapanecas.

Como se demostró en la primera parte de esta serie, sus fundadores fueron mestizos —«ladinos», como se les conoce en las cañadas—. Todos ellos, pertenecían a las Fuerzas de Liberación Nacional (FLN).

La infiltración ideológica de la izquierda en Chiapas cobró fuerza con la llegada del obispo Samuel Ruiz García a la diócesis de San Cristóbal de las Casas el 25 de enero de 1960, o sea, 34 años antes del levantamiento armado del EZLN.

Don Samuel, como era conocido por sus allegados, tenía entre sus mentores a otro obispo socialista: Sergio Méndez Arceo, quien estuvo al frente de la diócesis de Cuernavaca, Morelos, de 1952 a 1983.

La influencia del Concilio Ecuménico Vaticano II

El final de la década de 1950 presagiaba drásticos cambios a nivel del mundo, de la Iglesia católica y de México.

Era el año de 1958 y —al interior del catolicismo— la corriente progresista, vinculada a la masonería y al socialismo, luchaba abiertamente contra el ala conservadora que defendía la Tradición y el Magisterio de la Iglesia.

El 9 de octubre de 1958, el mundo se enteró de la muerte del papa Pío XII, quien había gobernado a la Iglesia católica desde el 2 de marzo de 1939. El fallecimiento de Eugenio María Giuseppe Pacelli agravó la lucha entre progresistas y conservadores.

Se sabe que el cónclave posterior a la muerte de Pío XII eligió al cardenal italiano Giuseppe Siri (1902-1989) como nuevo papa y que, incluso, Siri se iba a hacer llamar Gregorio XVII. Era, como Pacelli, defensor de la Tradición y el Magisterio de la Iglesia.

Sin embargo, el progresismo —con el apoyo de las logias masónicas— impidió que Siri asumiera el papado y puso en su lugar a otro cardenal italiano, Angelo Giuseppe Roncalli (1881-1963), partidario de colocar al ser humano en el centro del rito y de la liturgia.

El pontificado de Roncalli —quien tomó el nombre de Juan XXIII— fue breve. Duró menos de cinco años. Inició el 28 de octubre de 1958 y concluyó, con su muerte, el 3 de junio de 1963. No obstante, tuvo el tiempo suficiente para convocar al Concilio Ecuménico Vaticano II que se constituyó en el eje promotor de las reformas modernistas.

Muerto Juan XXIII, subió al papado otro cardenal italiano, Giovanni Battista Montini (1897-1978), quien se hizo llamar Paulo VI. A él, le tocó concluir el Concilio Ecuménico Vaticano II y comenzar a aplicar las primeras reformas que auspiciaron, desde ya, la subversión.

Un ejemplo de lo anterior lo tenemos en el decreto «Apostolicam Actuositatem» («Apostolado de los laicos»), publicado por Paulo VI el 18 de noviembre de 1965. El documento, en el penúltimo párrafo del punto 8, establece lo siguiente:

Para que este ejercicio de la caridad sea verdaderamente extraordinario y aparezca como tal, es necesario que se vea en el prójimo la imagen de Dios según la cual ha sido creado, y a Cristo Señor a quien en realidad se ofrece lo que se da al necesitado; se considere como la máxima delicadeza la libertad y dignidad de la persona que recibe el auxilio; que no se manche la pureza de intención con ningún interés de la propia utilidad o por el deseo de dominar; se satisfaga ante todo a las exigencias de la justicia, y no se brinde como ofrenda de caridad lo que ya se debe por título de justicia; se quiten las causas de los males, no sólo los defectos, y se ordene el auxilio de forma que quienes lo reciben se vayan liberando poco a poco de la dependencia externa y se vayan bastando por sí mismos. (1)

La expresión que «se ordene el auxilio de forma que quienes lo reciban se vayan liberando poco a poco de la dependencia externa y se vayan bastando por sí mismos» permitió al clero progresista subordinar el Evangelio al socialismo y promover las tesis de que la subversión es la manera que permite a los pueblos oprimidos liberarse «poco a poco» de la dependencia externa y bastarse «por sí mismos».

La conexión masónica del progresismo en México

El influyente masón mexicano Carlos Vázquez Rangel (1943-1998) reveló a la revista Proceso que tanto Roncalli (Juan XXIII) como Montini (Paulo VI) habían pertenecido a la masonería. De paso, involucró también con esta sociedad secreta a Sergio Méndez Arceo (1907-1992), quien fungió como obispo de Cuernavaca, Morelos —como se apuntó líneas arriba—, de 1952 a 1983.

Presentamos a continuación un fragmento de la entrevista que le realizó el periodista de ese semanario, Elías Chávez, a Vázquez Rangel :

“Sergio Méndez Arceo era masón. Llegamos a trabajar en la misma logia”, dice Vázquez Rangel, al informar que el obispo de Cuernavaca fue el encargado de presentar, en el Concilio Ecuménico, una iniciativa para que se revocara la bula papal de Clemente V en la que se prohibía a los católicos pertenecer a la masonería, so pena de ser excomulgados.

Efectivamente, esa prohibición fue abolida, entre otras cosas porque “el entonces Papa Juan XXIII también era masón, al igual que su sucesor, Paulo VI”, dice Vázquez Rangel, que agrega:

“Fue en París donde los profanos Angello Roncalli y Giovani Montini fueron iniciados, el mismo día, en los augustos misterios de la hermandad. Por eso no es extraño que mucho de lo logrado en el Concilio Vaticano II, de Juan XIII [sic], se fundamente en los principios y postulados francmasónicos”. (2)

La trampa abierta por el Concilio Vaticano II fue ampliada, después, por el Consejo Episcopal Latinoamericano (CELAM) en tres conferencias: Medellín, Colombia (1968); Puebla, México (1979), y Santo Domingo, República Dominicana (1992).

Las directivas revolucionarias del CELAM

El Consejo Episcopal Latinoamericano siguió la línea trazada por el Concilio Ecuménico Vaticano II y por el más prominente teólogo de la liberación, el peruano Gustavo Gutiérrez.

El documento final de la conferencia de Medellín propuso, entre otras medidas, las siguientes:

Las comunidades nacionales han de tener una organización global. (3)

“Una auténtica y urgente reforma de las estructuras y de la política agrarias”. (4)

Desarrollar pequeñas comunidades sociológicas de base que logren equilibrar las relaciones con los grupos minoritarios de poder. (5)

Como se observa, el episcopado latinoamericano propuso en 1968 la creación de una «organización global», es decir, de un gobierno mundial.

Además, apuró a «Una auténtica y urgente reforma de las estructuras y de la política agrarias», lo cual fue interpretado por los clérigos radicales como el permiso de la Iglesia para iniciar la lucha armada en las comunidades más pobres y marginadas.

Digno de hacer notar, además de todo, fue la orden de organizar comunidades de base, como las que fueron utilizadas por el EZLN para soportar su logística. (Las comunidades de base eran dirigidas por presuntos catequistas).

Bertrand de Lagrange y Maite Rico explican en su libro Marcos, la genial impostura cómo el EZLN se benefició de las comunidades de base:

En la región tojolabal, como en el área tzeltal y tzotzil, los catequistas desempeñaron el papel de intermediarios para facilitar a Marcos y a sus compañeros el reclutamiento de la población indígena. Lázaro Hernández, un diácono de origen tzeltal, y David, un catequista tzotzil,, ocupaban simultáneamente funciones en el seno de la Iglesia y en el EZLN […]. Entre los tojolabales, los zapatistas se implantaron gracias a Tacho y a Moisés, que se convertirían en comisarios políticos del movimiento. (6)

Consignado lo anterior, diremos que el documento final de la conferencia de Puebla (1979), a su vez, se pronunció a favor — entre otras cosas— de las siguientes:

Desaparecer la diferencia entre la pastoral al servicio de las élites y la pastoral popular. (7)

Señalar la responsabilidad de los laicos en la construcción de la sociedad temporal. (8)

Conformar la preocupación preferencial del clero latinoamericano por la defensa y promoción de los derechos de los pobres, los marginados y los oprimidos. (9)

Tales directivas se ajustaron perfectamente a la teología de la liberación surgida en Medellín, 11 años antes.

El documento final de la conferencia de Santo Domingo (1992), por su lado, propuso diversas líneas de acción en materia social. Por razones de espacio mencionaremos dos:

Participar en organismos de diálogo y mediación, así como en instituciones de apoyo a las diversas clases de víctimas. (10)

Empeñarse firmemente en la superación de toda injusticia derivada de discriminación racial, nacional, cultural, sexual y religiosa. (11)

La primera directiva citada permitió a Samuel Ruiz García crear la Comisión Nacional de Intermediación (CONAI) con el fin de apuntalar al EZLN.

La segunda, dio más aliento al clero progresista para reforzar su activismo político y subversivo.

Samuel Ruiz, continuador de Juan XXIII

El 14 de noviembre de 1959, Juan XXIII publicó la bula que designaba al sacerdote mexicano Samuel Ruiz García, de 35 años, como obispo de San Cristóbal de las Casas, Chiapas.

Ruiz García tomó posesión de la mencionada diócesis el 25 de enero de 1960 y se valió de la religión para promover la lucha de clases  utilizando el Evangelio.

Don Samuel refería en vida que fue Juan XXIII el que pidió que el Concilio Ecuménico Vaticano II girara en torno a tres ejes:

La acción de la Iglesia en un mundo mayoritariamente ateo.

La unión de las distintas congregaciones cristianas divididas a raíz de la reforma de Lutero.

La Iglesia ante la pobreza.

Sobre este tercer aspecto, Ruiz García declaró al periodista Rafael Ojeda que Juan XXIII fue probablemente influenciado por el teólogo peruano Gustavo Gutiérrez, puntal de la teología de la liberación. (12)

Sobre esto, don Samuel abundó:

La Iglesia de todos, es decir la Iglesia de los pobres. Entonces, con esta sentencia el Papa explica que si no hay una correcta relación de la Iglesia con el mundo de la pobreza —no con los pobres individuales sino con la pobreza estructural—, es decir con los pueblos en vías de desarrollo, no puede haber una verdadera forma de anunciar el Evangelio. O se está en una correcta relación con el pobre o no hay una iglesia del señor. Cuando se ve que entre la pobreza y la riqueza hay una relación de causalidad, y que hay explotación en el sistema, la Iglesia no puede permanecer neutral; tiene que optar por el pobre, porque si no sería cómplice de la causalidad de la pobreza. Entonces, lo que sucede en Medellín no es que cambie la trayectoria de la Iglesia, sino que se percibe más claramente, tras un análisis social, la relación que hay entre estos dos mundos. En ese sentido hay una opción que se declara en Medellín y que se hace eco de lo que en el Concilio Ecuménico Vaticano II se dijo. Ahora bien, en el Concilio Ecuménico no se pudo llegar a profundizar el tema de la opción por los pobres por varias razones. Una de ellas porque en Europa no existían pobres. Ese es un fenómeno reciente en ese continente. (13)

Conclusión

La irrupción violenta e impune del EZLN tiene entre sus principales promotores indirectos a Juan XXIII y a Paulo VI. También, al Concilio Vaticano II y a la masonería.

Y entre los ideólogos directos, a los obispos socialistas Sergio Méndez Arceo y Samuel Ruiz.

En la próxima entrega  nos ocuparemos de los movimientos guerrilleros que prepararon el terreno al EZLN en Chiapas.

Bibliografía y referencias electrónicas

Paulo VI. «Apostolado de los laicos». El Vaticano. Consultado en http://www.vatican.va/archive/hist_councils/ii_vatican_council/documents/vat-ii_decree_19651118_apostolicam-actuositatem_sp.html

Elías Chávez. «Como secretario de Gobernación, castigaba a Prigione con cinco horas de antesala». Proceso. Consultado en https://www.proceso.com.mx/160268/como-secretario-de-gobernacion-castigaba-a-prigione-con-cinco-horas-de-antesala

Cfr. Consejo Episcopal Latinoamericano. «Documento final de Medellín». (Punto 7, página 14). Consultado en http://www.diocese-braga.pt/catequese/sim/biblioteca/publicacoes_online/91/medellin.pdf

Íbid. (Punto 14, página 16).

Íbid. (Punto 21, página 17).

Bertrand de la Grange y Maite Rico. «Marcos, la genial impostura». (México: Aguilar, 1998), páginas  153 y 154.

Cfr. Consejo Episcopal Latinoamericano. «Documento de Puebla. III Conferencia General del Episcopado Latinoamericano». (Punto 1215, página 160). Consultado en https://www.celam.org/documentos/Documento_Conclusivo_Puebla.pdf

Íbid. (Punto 1216, página 160).

Íbid. (Punto 1217, página 160).

Cfr. Consejo Episcopal Latinoamericano. «Documento de Santo Domingo». (Página 62, último párrafo). Consultado en https://www.celam.org/documentos/Documento_Conclusivo_Santo_Domingo.pdf

Cfr. Consejo Episcopal Latinoamericano. «Documento de Santo Domingo». (Página 63, primer párrafo). Consultado en https://www.celam.org/documentos/Documento_Conclusivo_Santo_Domingo.pdf

Cfr. Rafael Ojeda. «Iglesia, sociedad e historia. Una entrevista con el obispo Samuel Ruiz García». (Ver página 4 y 5), Consultado en http://www.desco.org.pe/recursos/sites/indice/87/396.pdf

Íbid., página 5.

GUARACABULLA: VIVA IMAGEN DE LA POBREZA ASENTADA SOBRE UNA MINA DE ORO.

Guaracabulla, el mísero pueblo cubano que está construido sobre una mina de oro y sus habitantes han terminado presos por extraerlo

Fuente: Todo Cuba

A los habitantes de Guaracabulla lo único que les sobra es la pobreza. Este pequeño pueblo de Placetas, Villa Clara, de poco más de 1 500 habitantes, padece de los mismos males que otros tantos asentamientos rurales de Cuba: No hay futuro. Los jóvenes sólo encuentran trabajo en la agricultura y en las noches lo único que les queda es sentarse a tomar ron en el parque, porque Guaracabulla es una comunidad muerta donde no hay nada que hacer. La gran contradicción de ser tan pero tan pobres es que viven sobre una mina de oro.

Muy cerca del pueblo la Empresa Geominera del Centro explota la única mina de oro subterránea que existe en Cuba. Sin embargo, para los guaracabuyenses, la mina es un universo paralelo que nada les reporta.

Incluso conocen poco de ella. Apenas que esté en explotación desde hace unos años por un empresa de capital mixto cubano – venezolano.
En ella trabajan algunos jóvenes de la localidad pero la mayoría prefiere ignorarla. Comentan que se trata de un sitio “peligroso” donde no existe protección y para lo que pagan es mejor seguir cultivando la tierra, peleando gallos y participando en carreras de caballos.

Muy cerca del pueblo la Empresa Geominera del Centro explota la única mina de oro subterránea que existe en Cuba

La mina, además, trae mala suerte. Como Guaracabulla se encuentra, presumiblemente, sobre el yacimiento de oro, hace algunos años unos muchachos cavaron a escondidas su propio túnel para extraer el metal. Nadie sabe si obtuvieron oro de su empresa; pero terminaron en la cárcel cuando los descubrió la policía.

Antes de que intervinieran las autoridades, cuentan los vecinos, Guaracabulla se convirtió en una especie de “pueblo del oeste”. Unos presidiarios de Santa Clara se aparecieron hasta con una pistola para quitarles la mina particular a los muchachos. Los vecinos del pueblo ganaron esa pelea; pero igual la policía los enchironó a todos, porque la minería particular es ilegal en Cuba.

Eso fue lo que les advirtieron los funcionarios del Partido Comunista y del Gobierno que se presentaron en el pueblo poco después del incidente: El oro, aunque estuviera debajo de sus casas, pertenecía al Estado y cualquiera que intentara apropiarse de él sería procesado por actividad económica ilícita.

Hasta el propio presidente Miguel Díaz – Canel censuró a los improvisados mineros y en declaraciones sobre los “sucesos de Guaracabulla” los acusó de comprometer la economía del país, la salud humana y el medio ambiente.

El oro, aunque estuviera debajo de sus casas, pertenecía al Estado y cualquiera que intentara apropiarse de él sería procesado

El Estado cubano no quiere, de ninguna manera, que se le escapé el oro del central pueblo. Más cuando una onza se cotiza a más de 1 350.00 dólares, una cifra que no ha visto en su vida ni el guajiro más rico de Guaracabulla. Como tampoco han visto jamás en el pueblo un teléfono público o una TRD. Su tierra genera millones, pero a ellos no les toca nada.

Para colmo la policía no escampa en Guaracabulla para garantizar que sus habitantes sigan tan pobres como siempre; sentados sobre su oro, como los aborígenes cubanos a la espera de los conquistadores.

Escrito por: Redacción de Todo Cuba. 

JOSÉ DE LOS CUBANOS BUENOS

por Esteban Fernández

Entre las miles y miles de barbaridades, errores, malas intenciones y crímenes, cometidos por el régimen que usurpó el poder en 1959 una de las que más me molesta es haberle quitado su halo de patriotismo y bondad al más sublime de los cubanos, e intentar quitar la fe que nosotros depositamos en él.

Poco a poco trataron de involucrar a José Martí en todas y cada una de las fechorías y aberraciones de un ser desequilibrado, egocentrista y malvado.

Es muy difícil escudriñar nuestra historia tratando de encontrar un solo gesto ni palabra de Martí que denote maldad. Al contrario, a mi muchas veces me ha resultado Martí ser demasiado bondadoso.

Vean, mientras yo predico el odio y la venganza contra nuestros enemigos, contra los que han destruido a Cuba, Martí jamás hizo eso.

Sin embargo, estos desmadrados encabezados por el rey de los H.P. desde un principio se encarnaron en la patraña de que José Martí era “el precursor del ataque despiadado al Cuartel Moncada”.

Comenzaron sutilmente a auto llamarse “Los jóvenes del Centenario” por cumplirse cien años del nacimiento del Apóstol.

Después, cada zancada que daba el gran farsante era “en seguimiento de la doctrina martiana”.  Nada más falso que eso.

La cosa más absurda  y denigrante del mundo: Un ser que odiaba a su patria y que quería -según sus propias palabras- “aplastar a los cubanos como si fueran unas cucarachas”, quiso hacer creer que simplemente “Seguía el camino trazado por Martí, un enamorado de Cuba y de los cubanos”.

Y el principal crimen no radica en la propaganda virulenta y de mala fe -a la cual nos tienen acostumbrados- sino en que muchos se la han tragado. Y he conocido a quienes identifican a Martí como uno más de los causantes de la destrucción y miseria cubana.

Y llega el momento en que tal parece una misión imposible encontrar a compatriotas que se consideren “martianos”, esos parece que sólo militan dentro de las filas de -como algunos prefieren llamarnos- “los viejos dinosaurios del exilio”.

Quizás sea cierto que los MARTIANOS vamos camino a la extinción, pero nos vamos sabiendo quien verdaderamente fue “José de los Cubanos”. No nos hemos dejado confundir y cabe la gran posibilidad que vayamos a dónde van los buenos, y tengamos la posibilidad de darle un apretado abrazo al Apóstol en desagravio por la gran trastada que le hicieron los cubanos malos dirigidos por un monstruo.

OJO: UN LIBRO ENSEÑA A LOS NIÑOS A INVOCAR A LOS DEMONIOS

Por, Mauro Faverzani-Correspondencia Romana

Debería preocuparnos saber que hoy haya 13 millones de italianos dispuestos, al menos una vez al año, a recurrir a ocultistas y su entorno, un 23% más que hace 18 años; que los operadores del ocultismo más o menos subterráneo en nuestro país sean más de 155 mil, en condiciones de ofrecer algo así como 30 mil consultas por día; que en el 2016 el negocio vinculado a este mundo haya obtenido 8 millones de euros con un costo de la prestación entre 50 y mil euros. Al menos esto es lo que informa Codacons (Coordinación de asociaciones para la protección de los derechos del consumidor.)

Pero hay cosas peores. Ha llegado ahora a todas las librerías de los Estados Unidos y a los negocios on line un libro, alarmante para decir poco, puesto que dirigido directamente a los niños, especialmente a quienes tienen entre 5 y 10 años: se trata del titulado A Children´s Book of Demons (Libro sobre Demonios para niños; escrito por Aaron Leighton, que quiere convencer a los más pequeños del hecho de que evocar a los demonios es un juego, por lo demás útil para librarse de los compañeros antipáticos, de los deberes y de las tareas incómodas, como lo denuncia el blog Oltre la Musica. De ahí la invitación a dibujar, rigurosamente con tinta roja, uno o más de los 72 espíritus propuestos y, en particular, sus sellos, como mínimo perturbadores, dado que fueron diseñados para recordar los símbolos explotados por la magia negra, como el pentagrama invertido y el Bafometo, o en todo caso los del Goetia, el manual de referencia para los estudios de la materia.

Este libro aún no ha llegado a Italia, sin embargo por desgracia se puede suponer razonablemente que es solo cuestión de tiempo.¿Es lícito permitir que nuestros jóvenes sean expuestos a tales peligros?

HABLA EL APÓSTOL

“El que haya puesto los ojos en las entrañas universales, y visto hervir los pueblos, llameantes y ensangrentados, en la artesa de los siglos, sabe que el porvenir, sin una sola excepción, está del lado del deber. Y si falla es que el deber no se entendió, con toda su pureza, sino con la liga de las pasiones menores o no se ejercitó con desinterés y eficacia”-José Martí

LA PALOMA Y YO -AL UNÍSONO- NOS DEFECAMOS EN ÉL.

Por Esteban Fernández

No sé a quién se le ocurrió la peregrina idea de que los opositores iniciales no éramos “contrarrevolucionarios” y acorde con esa idea las organizaciones anticastristas ellas mismas se autodenominaban “Movimiento de Recuperación Revolucionaria y Movimiento Revolucionario del Pueblo”.

Partían de la base de que Fidel Castro había traicionado a la revolución y que gente como Manolo Ray, Humberto Sorí Marín, Manuel Artime, David Salvador, eran los verdaderamente “revolucionarios traicionados”.

Rápidamente mi padre me sacó de ese error diciéndome: “Este H.P. Fidel Castro nunca nos traicionó porque jamás estuvimos con él, y esto sí es una revolución a raja tablas y nosotros somos CONTRARREVOLUCIONARIOS”.

Ya unas pocas horas después de comenzado su primer discurso en la Plaza Cívica yo -JUNTO A LA PALOMA- me estaba defecando en él.

Después de llegar a la conclusión de que “¡Esto es una basura!” vino la pregunta “Y … ¿hora que hago?” Vaya, una pregunta muy peligrosa en la mente de un imberbe.

Si bien había tenido toda la ayuda de mi padre para entender lo que estaba pasando en Cuba y lo que iba a suceder, al querer pasar de la palabra a la acción no tuve la cooperación del viejo. Al contrario, quería a toda costa parar mis ímpetus “combativos”. E insistía en decirme; “¡Déjame eso a mí, ya yo estoy conspirando bajo las órdenes de Lauro Blanco!” Con el paso del tiempo resultó ser el tío de una buena amiga mía llamada Frida Masdeu.

Pero, tuve la inmensa suerte de que el Instituto fue una cantera inmediata de contrarrevolucionarios. Y eso hizo muy fácil el integrarme a las actividades anticastristas.

Como no teníamos ningún material para hacer nada, y alguien me dijo que en el Central Providencia vivía un muchacho que era “Teniente del M.R.R.”, para allá me fui en la guagua a buscarlo. Se llamaba Gilberto Salgado y le decían “Corvea”.

Me ignoró porque no me conocía, pero una semana más tarde se apareció en mi casa en el Residencial Mayabeque y me entregó unos bonos de MRR. Por otro lado, había conseguido unos cohetes que poníamos en el Instituto para interrumpir las clases.

Varias veces fui detenido y me expulsaron “deshonrosamente” del centro de enseñanza ahora llamado “Preuniversitario Juan Borrell” que ya estaba plagado de esbirros bajo las órdenes de Godofredo de Armas Borrell e Ibrahim Rivero.

De muchacho tranquillo, obediente y estudioso pasé a ser militante de una inesperada causa. Esteban Fernández Roig el hombre que más me había inculcado el anticastrismo, ahora puso todas sus energías en sacarme de allí y salvarme de largos años de prisión.

Como ya les he dicho varias veces, cuando el jefe del G2 Elio Guevara lo amenazó con que me fusilaría fue la tapa el pomo, y gracias a Milton Sorí puede abandonar aquel infierno en que habían convertido a Cuba y que yo ingenuamente trataba de combatir.

CUBA EN SU LABERINTO

Por, Jorge Riopedre

Le zumba el mango (ocasionalmente hay que recurrir al lenguaje coloquial para confrontar embrollos culturales), que la seguridad del Estado cubano se haya apropiado de  la Letra del Año Yoruba, el vaticinio anual de la santería cubana, similar a las predicciones o augurios de aborígenes en otras latitudes hasta el horóscopo insepulto de Walter Mercado, para elaborar un pronóstico de política interna.

Le ronca el merequeté (otra frase criolla) el acierto indiscutible de los analistas del entramado represivo del régimen cubano por el hábil manejo de recursos psicológicos semejantes a fármacos para el tratamiento de la ansiedad, apuntando con seguridad profética que los problemas del año en curso son de otros países maltrechos y revueltos, pero no aquí, en esta tierra de dóciles libérrimos: “aquí no va a pasar nada”.

Hace unos años en mi libro, Cuba: la lucha por su identidad, yo tuve el atrevimiento de ensayar mi propia Letra futurista sin apelar a los caracoles martianos y a los indios muertos que no llaman a la guerra, cuando siendo muy joven me estremecí al conocer el episodio de la Matanza de Caonao, en la provincia de Camagüey; caló tan hondo en mi aquel crimen injustificado de los conquistadores españoles que desde entonces no he podido olvidarlo. Fueron los años de formación que más tarde alertaría a mi generación contra los crímenes de los nuevos conquistadores criollos atados existencialmente a la metrópoli.

Comenzaba mi Letra por afirmar que si bien la espera pudiera dilatarse yo tengo la absoluta seguridad de que la vida de los cubanos ha de mejorar en el futuro. Nótese que digo su diario vivir, no su libertad ni su democracia. Esto no es una predicción o un argumento ontológico, responde solamente a la experiencia antropológica y evolucionista en términos probabilísticos. El desenlace de una transición ordenada, pacífica y restauradora de los derechos ciudadanos en Cuba no se ajustará a los deseos de muchos de nosotros. Una elite resuelta a conservar el poder a cualquier precio; una legislatura acostumbrada a levantar la mano como autómatas en señal de aprobación de los proyectos del Partido; un poder judicial manejado por el autócrata de turno; un cuerpo represivo adiestrado en la represión brutal de cualquier opinión independiente; un pueblo abatido por el pesimismo, aplastado por el desprecio, la miseria y el miedo, constituye en su conjunto una sociedad traumatizada sin autoestima, ávida de identidad, propensa a desatar la furia acumulada durante más de medio siglo en terrible venganza. Esta, probablemente, sería una transición demasiado tropical para la tesitura del Rey Juan Carlos y Adolfo Suárez.

Siempre se debe tomar en cuenta el precedente. No es cierto que la Unión Soviética desapareció de manera pacífica. En agosto de 1991 miembros del Partido Comunista y la KGB intentaron dar un golpe de estado a Mijaíl Gorbachov. Dos años más tarde, octubre de 1993, el primer presidente elegido democráticamente en Rusia, Boris

Yeltsin, se vio forzado a sacar los tanques a la calle y bombardear el Parlamento ruso (La Duma), donde se habían atrincherado los diputados que intentaban destituirlo.

De modo que siempre hay que dejar margen a esa conocida figura de los imponderables.

En suma, el desenlace de la Cuba de hoy no será, a mi juicio, lo que yo deseaba; no será ni siquiera lo que debía de haber sido a sólo noventa millas de Estados Unidos. Será sencillamente un hecho contingente de la historia, algo que podía suceder o no, pero sucedió. De modo que si el régimen castrista experimenta en el futuro una transformación significativa es probable que Cuba entre de lleno en un período posdemocrático al estilo de Putin en Rusia y muchos otros regímenes donde la población se conforma con gobernantes autócratas y la pérdida de su independencia en aras de sosiego político, un Estado benefactor o alguna prosperidad económica por mínima que sea. Díaz-Canel o cualquier otra figura de moda dispondrá entonces de una amplia gama de modelos donde escoger, desde Putin hasta Daniel Ortega. Pero, ¿qué viene después? La crueldad de la vida no debe nublar nuestro sentido del humor: quién sabe si podamos discutir esas cosas en el cementerio.

60 AÑOS: UN BALANCE ESPELUZNANTE

Por Vicente P. Escobal

Cuando me planteé la idea de escribir estas líneas intuí que tenía ante mí una enorme tarea. ¿De qué forma se pueden relatar los pasados sesenta años en la Cuba castrista? ¿Qué recursos emplear para eludir el tramposo embrujo de las estadísticas y los esquemas? ¿Cómo describir en alrededor de mil palabras una tragedia que trasciende los límites del análisis más desprejuiciado pues involucra a millones de seres humanos?

El castrismo – bueno es recordarlo – no constituye una propuesta filosófica ni un modelo económico. No es otra cosa que el disparate que deben eludir las naciones que aspiren a un porvenir de progreso y prosperidad sin sacrificar los valores propios de un sistema democrático y pluralista. Tratar de ocultar lo que han significado estas seis décadas para la sociedad cubana bajo los más absurdos y demagógicos argumentos seria proporcionarles a otras naciones la posibilidad de caer en las trampas y las argucias propias del castrismo.

Fidel Castro no fue un líder político ni un especialista en temas económicos. Sus únicas metas consistían en atornillarse en el poder, exterminar a sus adversarios, alcanzar notoriedad internacional y liquidar todo vestigio de decencia en lo más profundo de la sociedad cubana. Su carácter violento, intolerante y probadamente sanguinario no podía contemporizar con los valores de la democracia, la integridad y la virtud.

¿Cuál fue uno de los primeros disparates de Castro recién llegado al poder? El 17 de julio de 1959 Castro hace pública su renuncia al cargo de Primer Ministro. El argumento para la dimisión se refirió a divergencias con el presidente Manuel Urrutia y el Primer Ministro Miró Cardona. Tanto Urrutia como Cardona se mostraban renuentes a conceder beneplácito a algunas leyes que, impulsadas por Castro, proponían la arbitraria confiscación de propiedades y otras legislaciones con una clara connotación totalitaria y abusiva. Castro acusa públicamente a Urrutia de traidor quien renuncia inmediatamente a la presidencia y el amañado Consejo de Ministros aprueba a Osvaldo Dorticós Torrado como «presidente». El 26 de julio de ese año Castro pone fin al show mediático y retoma el cargo de Primer Ministro ante el «reclamo» de una multitud delirante y fanatizada.

La intervención de los principales medios informativos y noticiosos constituyó un duro golpe a la libertad de prensa y de expresión. Los principales diarios, así como varias estaciones de radio y teledifusión fueron arbitrariamente expropiados. Se iniciaba una etapa en la cual el monopolio de la información y la propaganda pasaron a manos del régimen. Lo que se ha mantenido durante los pasados 60 años.

De igual manera fueron intervenidos los sindicatos y las asociaciones profesionales y empresariales, lo que ha privado al movimiento obrero cubano de su autonomía y representatividad, conculcando el derecho de los trabajadores a un sinnúmero de prerrogativas derivadas de la práctica nacional y de pactos, acuerdos y resoluciones de organismos y organizaciones internacionales.

El 6 de agosto de 1960, en el acto de clausura del I Congreso Latinoamericano de Juventudes, celebrado en La Habana, Fidel Castro anunció la «nacionalización mediante expropiación forzosa» de 26 grandes empresas propiedad de personas jurídicas y naturales de los Estados Unidos de América. Castro se convertía en el cacique del estado patrón.

El estado patrón se adjudicaba despóticamente su anhelada condición de legislador, empleador, gerente y rector de la actividad económica y laboral. Un legislador con los cuerpos represivos a su servicio, un empleador que disponía de un aparato judicial hincado de rodillas, un gerente que expulsaba a sus subordinados bajo el imperio de la iniquidad, y un rector de la actividad económica y laboral que no sólo decretaba despidos, sino que también condenaba a la cárcel, el destierro o la muerte.

Durante los pasados sesenta años, intimidar a la sociedad ha constituido el supremo objetivo. Los ministerios encargados de ejecutar y diseñar los planes económicos ramales y sectoriales se convirtieron en estados mayores y los organismos de la administración en los niveles intermedios en puestos de mando. Surgía así la economía de comando. Tal situación favoreció la aparición de comportamientos cínicos y oportunistas, un fenómeno que nacía de la impotencia, la pérdida de la iniciativa, la suplantación de valores, el temor a la represión o la expulsión del empleo. Las alternativas eran claras: la sumisión o la marginación.

La generalización del oportunismo generó la lenta desaparición de la iniciativa personal, toda acción independiente sucumbía bajo el inexorable peso del estado patrón. Algunas perecieron de manera absoluta, otras adoptaron la forma de «organizaciones de masas» con un enfoque seudo social de naturaleza totalitaria. Así desaparecieron las organizaciones de profesionales, los gremios, el movimiento cooperativo, la independencia de tribunales, jueces, fiscales y abogados, la libertad de prensa, de asociación y de expresión. Se destruyeron las vías y los medios a través de las cuales la sociedad podía expresarse autónoma y democráticamente. Los ideales de los fundadores de nuestra independencia y nacionalidad se convirtieron en desgastadas consignas sin otra alternativa que la callada resignación.

El estado patrón depauperó la economía y junto a ella a la sociedad, sin tomar en cuenta los elementos que dinamizan y promueven su desarrollo. La gestión económica transcurría utilizando métodos represivos, desatando el terror como sistema de conducción económica y suprimiendo conquistas alcanzadas durante décadas por el movimiento obrero cubano.

El objetivo consistía en que el individuo viviera la tragedia de su impotencia y su aislamiento, y creyera realmente que su vida dependía del criterio del estado patrón. Se suprimió el derecho a la huelga y a otras formas de presión social internacionalmente reconocidas y aceptadas. Se creó un sistema especial de regímenes disciplinarios en ciertos sectores claves, el movimiento sindical perdió autonomía e identidad y se «parametró» cualquier «conducta ideológicamente impropia», particularmente en el sector cultural.

La depauperación progresiva de la economía socavó otros factores. Como ya explicamos se produjo la censura en los medios sociales de comunicación puestos al servicio del estado patrón, limitándose severamente la libre expresión del pensamiento, se redujo al mínimo la influencia de las viejas generaciones sobre las más nuevas, enajenando a los jóvenes y sometiéndolos a un modelo propagandístico carente de valores, la instrucción se supeditó a un programa diseñado con el interés de reemplazar normas familiares, así como principios éticos y morales. El arte y la cultura nacionales adquirieron subvenciones estatales sujetas a reglas y mecanismos empresariales integrados en el inflexible campo de las directivas ideológicas.

Soy consciente de que he obviado algunos detalles, algunos hechos que completan el horror de estos demasiados largos sesenta años. Como también soy consciente de que las futuras generaciones de cubanos se preguntarán ¿Por qué? ¿Qué fenómenos se conjugaron para que una nación con un pasado histórico brillante tuviera que atravesar por estos años de sombras, tinieblas y deterioros? ¿Sobre quién recaerá la responsabilidad?

¿Juzgarán a los usurpadores, a sus cómplices? El juicio de la historia será implacable. Para vergüenza de muchos, ese juicio no será escenificado ni en Ginebra, ni en Londres, ni en Washington, ni en Paris. Tendrá lugar en Cuba. Y el veredicto será demoledor. No ganará la causa de los crímenes, de las torturas, de las cárceles, de los destierros. Ganará la causa de la verdad, de la libertad, de la historia.

El juicio ha comenzado.

LEJOS DE UNA NACIÓN EN PROGRESO, CUBA ES HOY UN PAÍS ENVILECIDO

 

 

 

 

 

 

 

 

Por, Jesús Díaz Loyola- Atriopress

▪️ La revolución cubana transita por su 7ª década y la gerontocracia cubana no se acaba nunca.

▪️La élite revolucionaria lleva 60 años en el poder; muchos de sus puntales con el máximo líder a la cabeza, han muerto; otros han sido sustituidos, pero allí siguen como viejos símbolos del castrismo.

Lejos de una nación  en progreso, Cuba no es hoy otra cosa que un país empobrecido. Tras la muerte en la isla este diciembre de Faure Chomón Mediavilla, uno de los comandantes históricos  de la Revolución cubana, la cuenta atrás sigue entre las rancias figuras del castrismo, una élite de la que algunos han sido sustituidos al paso de los años, pero allí siguen como viejos símbolos de la interminable era castrista.

“En vez de contribuir al progreso de Cuba, se dedicaron a una vida criminal”, afirmó en Madrid, tras conocer la muerte de Chomón, Roberto Francisco (Bobby) Batista Fernández, hijo de Fulgencio Batista, el expresidente de Cuba que precipitó el advenimiento del castrismo.

Bobby Batista aludió así a grupos como el Directorio Estudiantil Revolucionario –del que era eje clave Chomón– y lamentó “que en vez de contribuir al progreso de la sociedad se hayan dedicado a una vida criminal”.

“Es incomprensible como se puede tener a un país tan arruinado cuando se han tenido 60 años para gobernar y cuando heredaron una Cuba, una República pujante, rica y en gran progreso.”, había declarado anteriormente el hijo de Batista.

Uno de los nueve hijos del ex presidente, durante su última visita a España, volvió a evocar los acontecimientos ingratos del asalto al Palacio presidencial, el 13 de marzo de 1957, estando allí su padre y toda la familia.

Faure Chomón, que aún después de muerto es recordado en Cuba como un destacado combatiente revolucionario, fue uno de los ejes del grupo de jóvenes que tomó el Palacio, hace ahora 63 años. “Ese día me pilló en el cole. Un escolta llevó a mi hermano Carlos Manuel conmigo a casa de unos familiares muy cerca del colegio.  Allí estuvimos unas dos horas para salir rumbo a la finca Kuquine (Arroyo Arenas) donde pasamos varios días en unión de mi hermano Jorge y de los hijos mayores de mi hermana Mirta”, recordó Bobby Batista en Madrid.

🔵 «QUERÍAN MATARNOS A TODOS»

La opinión pública conoció la existencia de una guerrilla en Cuba en febrero de 1957, tras la histórica entrevista a Fidel Castro en The New York Times. Un mes después, un comando de 64 jóvenes del Directorio Revolucionario estudiantil asaltó el Palacio Presidencial con el objetivo de linchar a Fulgencio Batista. La operación fue un fracaso que costó la vida a 40 de los asaltantes.

Sobre aquel abortado ataque, Bobby, que tiene ahora 71 años, ha confesado: “No se me olvida. Mi madre vivía el sexto mes de embarazo de mi hermana Marta, y mi padre se mantuvo inclaudicable.”

“Poco tiempo después –recuerda– hubo una gran manifestación a su favor: 250 mil personas concentradas frente al mismo Palacio Presidencial. Todos a alabar y hacerle un desagravio a mi padre.”

En la entrevista que me concedió en 2018, Bobby rememoraba que a esos acontecimientos, le sucedieron “unos grandes comités cubanos que fueron después a Palacio a condenar el ataque tan brutal y criminal que el Directorio decidió cometer contra la familia Batista; no solamente contra nuestro padre porque querían matarnos a todos.”

Bobby tenía 11 años cuando el derrocamiento de Fulgencio Batista por Fidel Castro, en 1959. Aquel año, hace seis décadas, los cubanos estallaron en una apoteosis de júbilo sin precedentes en la historia de la joven república.

Bien pronto, Castro enseñó lastres porque había prometido celebrar elecciones y restablecer la democracia. Pero un mes después, al asumir como primer ministro del gobierno revolucionario, sustituyó la Constitución por una «ley fundamental» redactada por él, convirtió al presidente de la República en figura ornamental, pasó las funciones del Poder Ejecutivo y del Poder Legislativo al Consejo de Ministros presidido por él, y lanzó la consigna de «¿Elecciones para qué?».

Al principio, pregonó que la revolución no era roja: «No somos comunistas, nuestra revolución es humanista». Sin embargo, no le faltó tiempo para nacionalizar poco después la industria, el comercio, la banca, los medios de comunicación, y proclamar el carácter comunista de la revolución.

La autocracia dinástica brotó como la pólvora de la metralla que lo llevó al poder. En el mismo 1959 nombró a Raúl Castro como su sucesor vitalicio y jefe de la Comandancia General de las Fuerzas Armadas, por encima de los comandantes Camilo Cienfuegos y Che Guevara, los principales héroes de la lucha guerrillera

Bien calculador, formó su propia dinastía en formato de junta militar omnipotente, al margen del Estado y del gobierno, compuesta por comandantes supervivientes del desembarco del yate «Granma»: Camilo Cienfuegos, Che Guevara, Juan Almeida, Ramiro Valdés, Efigenio Ameijeiras, Faustino Pérez y otros nombres. Se añadieron otros comandantes no expedicionarios, como Hubert Matos, Guillermo García, Manuel Piñeiro, Sergio del Valle, José Ramón Machado Ventura, Pedro Miret y figuras civiles del Movimiento 26 de Julio como Armando Hart y Vilma Espín, la extinta mujer de Raúl.

En aquella nómina, Fidel ignoró al Directorio Revolucionario 13 de Marzo y al Segundo Frente Nacional del Escambray, que también combatieron contra la dictadura batistiana. Ni el propio Faure Chomón, ni Eloy Gutiérrez Menoyo (español), comandantes jefes de ambas guerrillas, integraron la cúpula político-militar del país.

Tras asumir el poder la joven élite revolucionaria, comenzaron a suceder cosas insospechadas. A la misteriosa desaparición de Camilo Cienfuegos en octubre de 1959, sobrevino la destitución y encarcelamiento del comandante Hubert Matos (anticomunista amigo de Cienfuegos). El comandante Humberto Sorí Marín, no continuó en la historia y fue fusilado por «romper» con la revolución.

El argentino Ernesto Che Guevara, ya se sabe, mas temprano que tarde, con su aureola de guerrillero obseso siguió con su lucha propalada para «liberar» Latinoamérica. Y en su lugar, como tercer hombre del castrismo quedó entonces el comandante Juan Almeida, que al morir en 2009 cedió posición a Ramiro Valdés, que es ahora el único superviviente del «núcleo duro» fundacional

⚫️ YA NO ESTÁN

Pasadas seis décadas, muchos pioneros de la élite castrista ya han muerto: Faustino Pérez, Manuel Piñeiro, Sergio Del Valle, Jesús Montané, Celia Sánchez, Pedro Miret, Vilma Espín y otros. 

El general Julio Casas Regueiro fue el primer viceministro de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Cuba, convirtiéndose rápidamente en el segundo hombre en importancia luego de Raúl Castro. A Casas Regueiro le tocó conducir, junto a otros mandos, soldados cubanos en Etiopía y Angola, donde murieron casi 2 mil 655 cubanos durante la llamada Operación Carlota que movilizó a cerca de 450.000, entre 1975 y 1991. Casas Regueiro murió como un héroe en 2011 con 75 años.

El general Arnaldo Ochoa fue fusilado en 1989 y el general José Abrantes murió en la cárcel en 1991, en dudosas circunstancias. Fallecieron también, viejos marxistas del Partido Socialista Popular que fueron llamados por Castro a gobernar, entre ellos Blas Roca, Carlos Rafael Rodríguez, Juan Marinello, Lázaro Peña.

A pesar de su longevidad, hoy el hombre más poderoso de Cuba sigue siendo Raúl Castro, el cerebro incuestionable del régimen desde su liderazgo en el Partido (único) Comunista de Cuba (PCC). El designado presidente de la República Miguel Díaz–Canel, desde 2018, vuelve a ser una figura ornamental o decorativa como en los primeros años de la Revolución.

Otros nombres de peso y poder son el comandante José Ramón Machado Ventura, los generales Leopoldo Cintra Frías, actual ministro de las FAR; nombrado el 9 de noviembre de 2011 tras la muerte de Casas Regueiro. En realidad, la mayoría mueren como héroes y vitalicios en sus cargos.

La lista es interminable. Todas las estructuras de la administración castrista y todos los rincones del país están llenos de históricos y oficiales militares que no envejecen.

Y en esa dinámica de gerontocracia inextinguible ha desembocado Cuba en las últimas décadas, o más bien, ha vivido la mano recia de un régimen aferrado al poder que parece no morir nunca.▪️

Todas las estructuras de la administración castrista y todos los rincones del país están llenos de históricos y oficiales militares que no envejecen. En esa dinámica de gerontocracia ha desembocado Cuba en las últimas décadas o más bien, ha vivido la mano recia de un régimen aferrado al poder que parece no morir nunca.▪

Bobby Batista tenía 11 años cuando el derrocamiento de Fulgencio Batista por Fidel Castro, en 1959. Aquel año, los cubanos estallaron en una apoteosis de júbilo sin precedentes con toda la fe puesta en la Revolución. Seis décadas después, el hijo de Batista reflexionó en una entrevista: “Es incomprensible como se puede tener a un país tan arruinado cuando se han tenido 60 años para gobernar y cuando heredaron una Cuba, una República pujante, rica y en gran progreso.”

CLANDESTINOS: OPCIÓN DE VALIENTES

Por Carmelo Diaz Fernández

Desde hace unas pocas semanas ha habido un nuevo amanecer de combate en nuestra querida Cuba. Ha surgido un grupo de valientes jóvenes que desafiando el poder estalinista de sesenta años está reverdeciendo los laureles de la amada Patria en el enfrentamiento a tan oprobioso régimen.

La lucha clandestina en Cuba siempre ha sido sinónimo de heroísmo para cualquier hombre o mujer que haya escogido esa línea de acción viva para la libertad de los oprimidos.

Considero que la lucha contra la tiranía cubana debe ser como dicen los grandes eruditos: «todas las acciones deben estar sobre la mesa».

La lucha cívica pacifica es una opción que transmite conocimientos y estrategias a través de la escritura y la palabra para con argumentos verídicos combatir al enemigo.

La lucha armada es «otra opción sobre la mesa» que también los grandes conocedores dicen que es «la política por otros medios».

En Cuba ha habido lucha armada muy fuerte contra el comunismo, hay que recordar que la lucha del Escambray fue la guerra más larga en Cuba después de la Guerra de los Diez Años.Guerra que, aunque fue conocida como la del Escambray en realidad hubo combates en nuestras seis provincias originales, es decir desde Pinar del Rio hasta Oriente.

No es la primera vez que en Cuba ha habido lucha clandestina contra el comunismo. En esta etapa la tiranía quiere satanizar a estos jóvenes como terroristas, por suerte nadie le cree nada a semejante régimen.

En estos precisos aciagos momentos en Cuba un grupo de jóvenes ha decidido formar una organización con el nombre y el accionar de Clandestinos, personalmente los apoyo, hay que ser pragmático y esperar resultados.

Pueden ser universitarios, trabajadores e intelectuales. Grandes intelectuales cubanos en nuestra Republica también fueron clandestinos, hagamos historia, Carlos Saladrigas y Zayas, Joaquín Martínez Sáenz y otros intelectuales no menos conocidos pertenecieron al ABC.

La dictadura cubana, desde sus inicios en la Sierra Maestra, si fue terrorista, se vanagloriaban de poner bombas en los cines, escuelas, centros nocturnos, de ese modo asesinaban a inocentes y contaban las bombas una a una hasta llegar a la cifra de cien.¡Cuánta ignominia y criminalidad!

Los valientes muchachos y muchachas que han optado por combatir con acciones de valor y civismo, reitero que tienen todo mi apoyo en esta contienda final por el derrocamiento del régimen cubano que aun usurpa a nuestra nación y a la América.

Solo con el combate de los valientes muy pronto Cuba será libre, es nuestro sentir, esa es nuestra historia.

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