¿ACCIDENTE, SUICIDIO O ASESINATO? LAS HORAS FINALES DE MARILYN MONROE, A 55 AÑOS DE SU MUERTE- SEGUNDA PARTE Y FINAL. El 5 de agosto de 1962, el ícono sexual del siglo XX apareció muerta en su casa de Los Ángeles.

Marilyn, en 1954 (Getty Images)

Pero pronto llegó la contrapartida. Donald Spoto, autor de una de las más respetadas biografía de Marilyn, se afinca en las imágenes del film inconcluso y archivado Something´s Gotta Give (expresión que significa “algo tiene que ceder, o mejor, alguna buena tiene que darse”). Según él, en esas tomas se nota ya devastación del cuerpo, sometido por años a los excesos de alcohol y de pastillas para dormir.

Y más patetismo suma al misterio el crudo informe de Alan Abbot y Ron Hast, los dos empleados funerarios que prepararon el cuerpo de Marilyn –en la morgue, el cadáver número 81828–, veteranos del tramo final de varias estrellas: “Apenas la reconocimos. Su cuerpo desnudo se veía descuidado y envejecido. El cuello estaba hinchado y amoratado. No se había depilado en semanas. No tenía puestos sus dientes postizos (Nota: en una autopsia se sacan. El error fue no reponerlos para el sepelio). Parecía tener más edad que la real”.

Ya en 1960 las drogas y el alcohol empezaron su demoledor trabajo. Ese año, mientras filmaba Vidas rebeldes en el desierto de Nevada, con guión de Arthur Miller escrito para ella, nada menos que con Clark Gable y Montgomery Clift como protagonistas, y dirigida por John Huston, lucía decaída, llegaba tarde al rodaje, no se concentraba, y vivía a pastillas y whisky. Tanto, que antes de terminar el film fue internada de urgencia en un hospital de Los Ángeles. Algunos diarios titularon “¿Marilyn cerca de la muerte?, pero salió diez días después y volvió a la filmación, aunque “parecía una sombra“, según sus compañeros.

Enfermeros retiran el cuerpo de Marilyn Monroe de su casa de Los Ángeles el 5 de agosto de 1962 (Getty Images)

En 1962, su último año de vida, empezó a filmar Somethings´Gotta to Give en las peores condiciones: frágil, insegura, con constantes sinusitis y bronquitis. Interrumpió el rodaje para ir a Nueva York (el famoso cumpleaños 45 de Kennedy, el vestido, la canción…), y esa actitud le costó un duro enfrentamiento con el estudio: 20th Century Fox, que confiaba en salvar con ese film sus agotadas arcas después del desmesurado costo de Cleopatra. Además, filmó tomas completamente desnuda en la piscina, y las fotos se publicaron en la revista Life. Una filtración que justificó, provocativa: “Quise sacar a Elizabeth Taylor de las tapas”. Fue despedida, pero Dean Martin, protagonista, exigió su vuelta. Y así fue. Pero el film quedó inconcluso y fue archivado…

Últimos días. Tres semanas antes de la noche final, en una entrevista de Life, dice: “Sí, muchas veces llego tarde a mi trabajo. Pero éxito, felicidad, puntualidad… no son más que clishés norteamericanos… A veces llego tarde porque estoy preparando una escena, y a veces porque preparo demasiadas… No soy una máquina… Trabajo en una forma de arte, no en una fábrica… Como dije alguna vez…¡sólo quiero ser maravillosa!”

Marilyn vivía desde poco tiempo atrás en una casa de estilo mexicano: número 12305 de Fifth Helena Drive, Brentwood, oste de Los Ángeles.
La noche de su muerte, según un vecino, “llegó una ambulancia, estacionó cerca de la casa, estuvo allí cinco horas, y de pronto bajó un grupo de médicos o enfermeros (todos vestían guardapolvos), y entró”. Alrededor de la misma hora, las cinco de la mañana, el sargento de policía Jack Clemons, que veinte minutos antes había atendido un llamado de Eunice Murray, la asistente de Marilyn, también llegó a la casa, y más tarde dijo: “Según todos los indicios, sospeché que se trataba de un asesinato”.

Precisiones. La habitación estaba impecable y prolija. Extraño, ya que Marilyn era muy desordenada. No se encontraron barbitúricos, pastillas o similares. Estaba completamente desnuda, de costado, cubierta por una sábana, con las manos caídas hacia abajo, cerca del teléfono. Pero al parecer, el cuerpo fue movido, ya que el rigor mortis y otros signos señalaban que había muerto de espaldas, boca arriba. La lavadora estaba encendida. Las sábanas habían sido cambiadas. Antes de que llegara la policía, Eunice Murray limpió la habitación a fondo. El cuerpo tenía moretones y señales de golpes. El diario personal, guardado en una caja bajo llave, y la agenda telefónica, desaparecieron…
Sin duda, la escena de la muerte fue alterada.

En 1985, Eunice fue entrevistada por el ejecutivo de la CBS Ted Landreth y el periodista Anthony Summers para el documental Say Goodbye to the President. La mujer contó por enésima vez la historia… pero de pronto, luego de terminada la grabación, dijo, enojada: “¿A mi edad tengo que seguir tapando todo esto?”. Y contó que ese día, en la casa, estuvo Robert Kennedy, que el psiquiatra Greenson llegó cuando Marilyn todavía estaba viva, y pidió una ambulancia…, y cerró el relato de modo más que sugestivo: “Los dos discutieron muy fuerte, y la situación se puso tan difícil que los guardaespaldas de Kennedy tuvieron que protegerlo”.

El besibolista Joe DiMaggio llega al fineral de Marilyn el 10 de agosto de 1962 (Getty Images)

Pero Norman Jeffries, yerno de Eunice, narró otra versión: “El 4 de agosto estuve trabajando en la casa. Era sábado, y llegué temprano para seguir reparando el suelo de la cocina. El estado de Marilyn era alarmante. Parecía terriblemente enferma, no sólo en el sentido físico, y pensé que algo en su vida iba muy mal… Imaginé que había tomado muchas pastillas, o que estaba muerta de miedo. Nunca antes la vi así… Entre las tres y las cuatro de la tarde llegaron Robert Kennedy y Peter Lawford, y éste nos ordenó a Eunice y a mí que fuéramos al supermercado a comprar una Coca Cola. Volvimos una hora después. Marilyn tenía un ataque de furia. Pat Newcomb, su secretaria y agente de prensa, no logró tranquilizarla. Entonces Eunice llamó por teléfono al psiquiatra… Marilyn la había despedido, pero Greenson le pidió que esa noche se quedara. El psiquiatra se fue, Eunice y yo nos quedamos viendo televisión, Marilyn seguía en su cuarto, y a eso de las nueve y media de la noche volvió Robert Kennedy con dos hombres, y nos dijo que nos fuéramos. Lo dijo claro y fuerte: no tuvimos opción. Pero no dejamos el barrio: nos refugiamos en la casa de un vecino”.

El detective privado Fred Otash, entrevistado en 1985 por la periodista de ABC Sylvia Chase para un programa sobre la muerte de Marilyn que no llegó a emitirse (dato no menor…), declaró que por encargo del jefe del sindicato de camioneros Jimmy Hoffa, que se la tenía jurada a los Kennedy, y especialmente a Robert, fueron instalados micrófonos en la casa de Lawford y de Marilyn. Hubo grabaciones de ella y Robert haciendo el amor, pero también una, el mismo día de su muerte, que registró una feroz pelea… Se oían golpes, gritos, y finalmente un portazo. Esa noche, Lawford, borracho, trastornado y muy nervioso, vino a mi casa, me dijo que Marilyn estaba muerta, y que tenía que hacer desaparecer cualquier prueba que pudiera inculpar a Robert, porque habían tenido una discusión muy violenta”.

En un informe del FBI sobre la muerte de Marilyn figura este párrafo: “Se llega a la conclusión de que el ama de llaves Eunice Murray y la secretaria personal y agente de prensa Pat Newcomb colaboraron en el plan para incitarla al suicidio. Pat fue recompensada por su cooperación: la nombraron asistente de George Stevens Jr., director del United States Information Agency”.

En febrero de 1963, Pat se mudó a Washington D.C. y trabajó como enlace entre Hollywood y el Estado… a las órdenes de los Kennedy.
Una ex mujer de Dean Martin, amiga de Pat, deslizó: “Pat fue demasiado lejos. Estaba muy enamorada de Bobby (Robert). Nunca pudo superarlo. Si alguien quiere saber qué pasó con Marilyn… es Pat”.

Y en este loco caleidoscopio, a sus 78 años, el oficial retirado de la CIA Norman Hodges confesó que “entre agosto de 1959 y marzo de 1972, por orden superior de la Casa Blanca, asesiné a 37 personas que podían ser peligrosas para la seguridad nacional, incluyendo a la actriz y modelo Marilyn Monroe“.

La tumba de Marilyn Monroe en el Westwood Village Memorial Park Cemetery de Los Angeles (Getty Images)

Pasaron 55 años. Marilyn está sepultada en un nicho del Pierce Brothers Westwood Village Memorial Park Cemetery, Los Ángeles. La recuerda una sobria placa en el frente del nicho: Marilyn Monroe – 1926–1962.
¿Accidente, suicidio, asesinato, conspiración, verdades, mentiras, dudas, secretos, misterios? Jamás se sabrá.

Es mejor recordarla plena, a pura risa en sus labios de furioso rojo, y con su cuerpo de eterna, infinita sex symbol. Y con la simple o no tan simple definición de Truman Capote en el final de su cuento de non fiction Té con Marilyn.
La larga charla sucedió en la terraza de Truman.
Al irse, Marilyn le preguntó:
–¿Qué soy, cómo me recordarán?
–Como una bella niña.

Y el resto es silencio.

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