ASÍ ME LO CONTÓ UN LEGIONARIO-SEGUNDA PARTE Y FINAL. Esta publicación se complace y enorgullece de transmitirles el testimonio único e irrepetible de cómo vivieron los avezados héroes de la División Azul los momentos previos a la épica batalla de Krasny Bor de imborrable recuerdo en los anales de la mejor historia.

Nunca perdieron la sonrisa

Por el Coronel Lorenzo Fernández-Navarro de los Paños-*-El Correo de Madrid

“Llevábamos ya casi una hora azotados por aquel vendaval de fuego y metralla. Ya no era posible ni hablar, ni ver, ni oír. Tampoco dar órdenes ni recibirlas. Las líneas telefónicas estaban troceadas o desaparecidas, al igual que las alambradas. La nube de nieve pulverizada que todo lo cubría, había dejado paso a una ciénaga de barro negro en suspensión que oscurecía aún más el cielo a pesar de que se iniciaba la alborada.

Estábamos cuerpo a tierra, el suelo retumbaba y se estremecía. Ya no escuchábamos las explosiones, estábamos sordos pero seguíamos percibiendo el bombardeo porque la tierra nos transmitía las vibraciones y veíamos los relámpagos mientras alguna explosión próxima nos cubría de barro.

No se que pensarían otros, pero yo al menos  (y como yo, supongo que aquellos que por ser veteranos eran capaces aún de pensar en aquella situación) creía que tarde o temprano tendría que acabarse aquel infierno, pues por mucha artillería que tuviera el Ejército Rojo y por mucha munición que hubieran acumulado, tal intensidad de fuego no podía se eterna. Aquello no podía durar mucho más, y cuando se acabara, quienes vivieran para contarlo, tendrían que hacer frente a las inacabables oleadas de la infantería rusa acompañada por carros de combate con sus repetidos gritos de ¡Hurra! ¡Hurra! Y la consabida cantinela, cadenciosamente repetida al paso del avance, ¡Spanski kaput! ¡Spanski kaput!.

Yo pedía a Dios que llegara pronto tal momento, pues prefería morir viéndonos las caras y tratando de pararlos, que ser volatilizado por una granada de artillería sin tan siquiera poder vender caro el pellejo.

Los que cayeron (En primer término sepultura del Cap. de Artillería D. José Luís Gómez Díez-Miranda muerto en los combates de Krasny Bor)

Todo esto eran pensamientos difusos mientras completamente aturdido eructaba gases con sabor a cordita y a trilita”.

“Hacía tiempo que aquel infierno parecía haber alcanzado su máxima intensidad y sin embargo, repentinamente, se incrementó el vendaval de fuego, así en la cadencia como en la potencia de las explosiones y entonces supe que había llegado mi última hora. Comprendí que tenía que morir.

Mi pensamiento voló a Madrid, a la casa de mis padres.

El sentimiento no era de temor, era de tristeza y de nostalgia. Cerca de donde yo estaba se habían detenido unos camilleros que evacuaban a un herido y permanecían cuerpo a tierra junto a la camilla esperando una tregua para continuar la evacuación.

Recordé que en el bolsillo del capote tenía una postal de guerra alemana y allí mismo, tras poner la dirección de mis padres, escribí con urgencia como si realmente me restaran sólo segundos de vida: “ESTOY COMO PEZ EN EL AGUA” y luego, sin una despedida, sin poner mi nombre, sin rúbrica alguna, repté los metros que me separaban de la camilla y tras cruzar la mirada con uno de los camilleros, introduje la postal entre los botones de la guerrera de aquel pobre guripa herido o moribundo”.

“Casi un mes después la tarjeta llegó a Madrid. Al leerla mi padre estando sentados a la mesa, exclamó: ¡Desde luego este chaval tiene una moral increíble, está en la guerra y sigue con sus bromas y su sentido del humor de siempre!

«Yo tenía un camarada»

Mi madre por el contrario rompió a llorar desconsolada diciendo: ¡Pero si esto es una despedida!”

Dios tenía dispuesto que aquel teniente de la División Azul debía volver vivo a España y entonces supo que para la intuición de una madre no existen las distancias. Ni en el tiempo ni en el espacio.

El siempre consideró que aquel día 10 de febrero de 1943 había vuelto a nacer y como su chapa de identificación (que siempre conservó como un talismán) tenía el número 10999, en Navidad siempre jugaba a un número de la lotería terminado en nueve, si bien es cierto que, al igual que las granadas rusas de aquel histórico día, nunca le cayó premio alguno encima…. También eso debía estar escrito en las estrellas.

La noche del nueve al diez de febrero, de todos los años, yo veía que aquel divisionario se recluía en sus trascendentes recuerdos y el día diez solía confesarse y comulgar. Al verlo ensimismado en sus pensamientos, guardaba un respetuoso silencio pues intuía que aquellos momentos debían tener para él un hondo significado.

Y aquel silencio mágico, que al recordarlo hoy me oprime el pecho, se desvanecía al decirme: “Tu entonces sólo existías en el pensamiento de Dios… Pero aquel día, hijo mío, yo volví a nacer”

POEMA_A_LOS_HEROES_DE_KRASNY_BOR

*- Coronel Navarro de los Paños

Coronel de infantería perteneciente a la XXX promoción, la última que tiene sus despachos de teniente firmados por el Caudillo, lo que le gusta resaltar con orgullo. Actualmente se encuentra en la situación de retiro por edad.

Ingresó en la Academia General Militar de Zaragoza en 1971, jurando bandera el 14 de diciembre de ese año. Recibió su primer despacho de oficial el 15 de marzo de 1975.

A lo largo de su vida militar ha tenido 14 destinos, en lugares tan dispares como Figueras (Gerona) El Sahara Español, Granada, Orense, Vitoria, La Coruña, Pontevedra, Santiago de Compostela, Burgos y Parga (Lugo). Siendo los más destacados la Agrupación de Tropas Nómadas del Sahara, las COEs 91 y 81, el Regimiento de Infantería “Córdoba 10” el “Isabel la Católica Nº 29” y el “GOE VI La Victoria”

Está casado y tiene cuatro hijos, todos varones, Gonzalo, Lorenzo, Juan y Rodrigo a los que llama “La mesnada de la Reconquista”

Diplomado en el XXIII Curso de Mando de Unidades de Operaciones Especiales, está en posesión de numerosas condecoraciones militares y de la Cruz de Caballero de la Orden de Cisneros.

También ha sufrido dos sanciones disciplinarias: En el año 1981, siendo capitán, una sanción de tres meses en establecimiento disciplinario, por intervenir al frente de su unidad de Policía Militar, contra una manifestación en que se proferían graves insultos contra el ejército y los militares. Donde amparados en la masa se encontraban soldados vestidos de paisano, militantes de partidos de izquierda, que tomaban parte en la manifestación contraviniendo una prohibición expresa.

Más recientemente, en marzo del 2008 y siendo ya coronel, otra sanción de un mes por elevar al Mando, y por conducto reglamentario, un INFORME RESERVADO en el que alertaba de lo que suponía la ley 52/2007 de la llamada “Memoria Histórica” y de cuáles serían sus consecuencias. Informe reservado que fue interesadamente filtrado a la prensa por interés político.

Esta segunda sanción, como la anterior, también llevo aparejada la “pérdida de destino” con el grave trastorno profesional, militar y familiar subsiguiente.

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