ASÍ SE AMAÑAN UNAS ELECCIONES EN UN MUNDO CADA VEZ MENOS DEMOCRÁTICO. Tras recorrer el mundo analizando procesos electorales, las conclusiones de Nic Cheeseman no son optimistas. Es más fácil mantenerse en el poder organizando elecciones que prohibiéndolas

Un cubano tras depositar su voto en una colegio electoral de La Habana, Cuba, el 26 de noviembre de 2017. (Reuters)

Por Celia Maza- Londres

En las elecciones presidenciales de Ucrania de 2004, una gran cantidad de votantes acudieron a las urnas con la esperanza de derrocar al mandatario Viktor Yanukovych. A su llegada a las mesas electorales, los simpatizantes de la oposición recibieron las papeletas y los bolígrafos para marcar la casilla correspondiente. Acto seguido, se fueron a sus casas con la tranquilidad de haber cumplido con su deber democrático. Pero cuatro minutos más tarde, las papeletas estaban en blanco. Los bolígrafos que les habían dado tenían tinta que desaparecía, por lo que sus votos fueron nulos.

Ucrania no es un caso aislado. En la elecciones a la alcaldía de San Petersburgo en 1998, el Gobierno buscó neutralizar a una figura de la oposición cuya popularidad era preocupante. Se llamaba Oleg Sergeyev, por lo que, para confundir al electorado, encontraron a un pensionista y a un conductor de tranvía que también se llamaban Oleg Sergeyev. En las papeletas no había fotografías por lo que los ciudadanos no sabían quién era el “verdadero”. Al repartirse tanto el voto, todos los Olegs acabaron perdiendo.

A día de hoy, hay más elecciones que nunca, pero, paradójicamente, el mundo es cada vez más antidemocrático. Es más, los regímenes autoritarios que celebran elecciones y las manipulan resultan ser más estables que los que no permiten sacar las urnas.

Después de recorrer durante 15 años el globo terráqueo analizando procesos electorales, las conclusiones a las que ha llegado Nic Cheeseman, profesor de la Universidad de Birmingham, no son especialmente optimistas. “En la última década, ha habido un declive gradual en la calidad de la democracia”, explica a El Confidencial. “En la actualidad casi dos de cada tres ciudadanos de todo el mundo viven bajo un sistema de gobierno que no es completamente democrático. En otras palabras, estamos en medio de una seria recesión democrática”, matiza.

El académico ha coescrito, junto con su colega Brian Klaas -de la London School of Economics- ‘Cómo amañar unas elecciones’, un libro con un título lo bastante sugerente en la era dominada por el escándalo de Cambridge Analytica (CA), donde las democracias del propio Estados Unidos y Reino Unido se han puesto en duda.

“Digamos que Cambridge Analytica ha profesionalizado estrategias que se llevan utilizando desde hace tiempo. Crear mensajes divisorios que amenacen la unidad nacional son tácticas que ya identificaban los filósofos griegos”, señala.

“Se trata de un ataque concertado a la democracia por parte de una alianza de líderes autoritarios y compañías multinacionales”

La compañía británica se vio obligada a cerrar por la polémica generada al descubrirse que utilizaron, entre otros, datos personales de los usuarios de Facebook para influir en las últimas elecciones presidenciales americanas y el referéndum del Brexit.

En este sentido, el experto asegura que el mayor desafío para la democracia del siglo XXI es que “los votantes desinformados están siendo reemplazados por votantes mal informados”. Alexander Nix (el que fuera consejero delegado de CA) lo expresó bien cuando, al ser grabado por una cámara oculta de Channel 4, dijo que la propaganda es que “las cosas no necesariamente tienen que ser ciertas, mientras se crean”.

El profesor Cheeseman asegura que “no hay fórmulas mágicas” y que de la noche a la mañana tampoco “vas a convertir a un repúblicano en demócrata o un votante que apoya la permanencia en la UE en euroescéptico”. Sin embargo, al mismo tiempo, el académico recalca que los votantes “desinformados suelen quedarse en casa” y los “mal informados” son lo que, a menudo, quieren cambiar el sistema o ver a un rival político permanentemente excluido del poder y esto “puede llevar a políticas antisistema, como en el Reino Unido y los EEUU, y en otras partes del mundo menos estables políticamente, a la violencia y al descrédito de la democracia en sí misma”.

“Mediante el uso de estas estrategias, los autócratas han aprendido una verdad simple pero triste: es más fácil mantenerse en el poder organizando elecciones que prohibiéndolas”, señala.

“Ha llegado el momento de despertar”

“Muy a menudo escuchamos decir que el número de democracias en el mundo está aumentando, e imaginamos que debe significar que el gobierno mundial está mejorando. Tal vez queremos creerlo. La reticencia a hacer demasiadas preguntas es parte del problema. Muchos de los que manipulan las elecciones están engañando tanto a su propia gente como a los observadores occidentales”, añade Cheeseman.

El académico asegura que las revelaciones de CA son tan sólo “la punta del iceberg”. “No se trata de una empresa o un puñado de elecciones, se trata de un ataque concertado a la democracia por parte de una poderosa alianza de líderes autoritarios y compañías multinacionales. Ha pasado desapercibido y sin respuesta durante demasiado tiempo. Pero ha llegado el momento de despertar”, matiza.

Entre otras cosas porque el uso del “big data” no es en absoluto el único motivo de preocupación. En países como Estados Unidos, la supuesta democracia más poderosa del mundo, también siguen existiendo dos de los métodos más clásicos de manipulación: el gerrymandering y la supresión de votantes. Y no es el único caso occidental.

Las circunscripciones se unen o dividen según convenga y, aunque resulte difícil de creer, hay minorías étnicas y sin recursos económicos a las que, a día de hoy, se les ponen muchos obstáculos para poder registrarse de manera intencionada. “A los observadores internacionales es fácil venderles el mensaje de que el sistema de registro tiene que ser complejo para evitar manipulaciones, como que la gente vote dos veces. Pero en muchas ocasiones, el proceso se dificulta por otros motivos partidistas”, aclara el académico.

Cheeseman no muestra una visión optimista, al menos a corto plazo. Asegura que “las cosas empeorarán aún más antes de que mejoren”. “A medida que Europa lidia con los desafíos internos del Brexit y el aumento del populismo autoritario en Hungría y Polonia, es menos capaz de apoyar la democracia fuera de sus fronteras en lugares como Madagascar y Myanmar. Y los supuestos beneficios del giro “America First” de Trump son evidentes para los falsos demócratas repartidos por todo el mundo”, señala. En cualquier caso, asegura que la gente está tomando conciencia de lo que ocurre por lo que confía que en el plazo de “unos 25 o 30 años las cosas cambien”.

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