CARTA DE URUGUAY: EN BÚSQUEDA DE LA DERECHA Y LA IZQUIERDA

Por, Luis Alfredo Andregnette Capurro

La llegada a nuestra mesa de trabajo de un libro titulado “En busca de la Derecha (perdida)” cuyo autor es el brillante ensayista español José Javier Esparza nos ha movido a tratar el tema de innegable actualidad en esta iberoamérica, donde yace en tierra el nefasto “Foro de San Pablo con su titiritero, el corrupto Lula da Silva.

En tanto, se derrumba el Partido Trabalhista con su jefa la ex terrorista Dilma Roussef. ¿Se abre a partir del 1 de enero del 2019 una nueva etapa en la historia del Brasil con el acceso a la Presidencia de Jair Bolsonaro? ¿Podrá el nuevo Jefe del Estado más poderoso de América de Sur, cumplir con sus dichos rubricados con su propia sangre en la campaña electoral. ¿Tiene el señor Bolsonaro conciencia exacta de lo que significa, a esta altura del siglo XXI, ser de “Derechas”?

Sin embargo aquí cabe estampar que existe entre ciertos sectores sedicentes derechistas una súbita fiebre por el neoliberalismo. Éste nos lleva de la mano a los “Chicago Boys” junto a Von Hayeck y Milton Fridman con el anarco capitalismo y la omnipotencia del Mercado. Y no lo decimos nosotros sino que en esto acompañamos al Dr. Esparza, quien escribe además refiriéndose a ese conglomerado “derechista” que “consiste en convertir el libre mercado en horizonte, no ya último sino único de toda vida humana en sociedad”. Pero el aserto herético de la “nueva derecha” nos aleja de ser más profundos en la búsqueda de las raíces de la “Derecha Auténtica”. Por eso en el camino de la ortodoxia debemos decir que ésta nace en la oposición a las ideas de la subversión francesa del siglo XVIII. Es la modernidad de la entonces llamada Ilustración, a la que nos referimos y ella se caracteriza en sustancia histórica por un fuerte impulso nihilista destruyendo los valores y el orden social.

A la reacción Derechista y gracias a su empuje el mundo no cayó en la guillotina y el terror judeo soviético, productor del esclavismo llamado comunismo en zonas enteras de nuestro planeta. Todo el convertido en cien millones de asesinados. Si la Derecha quiere seguir siendo el gran escudo, es preciso que continúe el camino del tradicionalismo católico.

El ejemplo nos lo presenta la historia de los últimos dos siglos. Cada empuje del modernismo, que ya podemos nominar como izquierdista, significó ataques al Cristianismo y asesinatos de decenas de miles de sacerdotes y monjas con millones de mártires. Desde la “revolución” francesa a nuestros días solo la Derecha Tradicional, fiel a su consigna de cuna, defendió el Altar, reaccionando mil y una vez contra el Anticristo y su objetivo de sustituir lo SACRO por la consigna masónica de construir un “orden” laico es decir, secularizado, con su consecuencia la desacralización inmanentista.

Pero digamos algo de los orígenes de la Derecha Auténtica para afirmar el conocimiento de su verdadero sentido. Bien se ha señalado que, avanzando el nihilismo francés de 1789, se produce, en la Sala de la Asamblea Nacional que se reunía (para fabricar una Constitución extrayéndola de la nada, dejando de lado la milenaria Francia) surge una división de tendencias. Una de ellas emana de la parte más sana de los asambleístas conservadores tradicionales que se sientan a la derecha de Presidente de la reunión. Tal hecho de debió a algo profundamente arraigado en el inconsciente y en la tradición: la presencia de dos caminos existenciales, el de camino de la Derecha y el de la Izquierda. Por el primero de iba hacia el principio rector del Orden Natural. De esta manera se llamaba a la vía directa sin desviaciones con lo vertical que conduce a planos superiores. El seguidor de este rumbo, debía y debe ser, recto y diestro en sus principios, por eso ello lo unía a la Mano Derecha, la más noble y hábil.

La izquierda indicaba e indica lo contrario. Con ella se valora lo que es variable y por allí se marcha hacia el caos. En el origen del español hallamos la palabra “scaevus” que es, sin dudar, la zurda, mano sin destreza vinculada al término “sinistrus” que es lo mismo que siniestro, sórdido sinuoso y alejado de lo permanente”. En nuestra Teología encontramos la referencia al tema que estamos tratando. Helo aquí: Jesús Nuestro Señor, se nos dice en el Apocalipsis, tendrá a su Derecha el Día del Juicio Final a los Elegidos, mientras que a su Izquierda estarán los réprobos. Además en el Credo de Nicea, que rezamos durante la Santa Misa, expresamos que “Jesús está sentado a la Derecha del Padre… y desde allí vendrá a juzgar a los vivos y a los muertos”. En el saludo romano que caracterizó a los Cruzados de la Edad Media y a los grandes Movimientos Nacionales del siglo XX todos, en haz lictóreo, Caballeros Cruzados y Fascistas de Italia, Falangistas de España, Rexistas belgas con la Guardia de Hierro rumana, Ustachas croatas con los húngaros de las Cruces y Flechas, asumieron como saludo característico, el de los Olímpicos de la antigua Grecia con la Imperial Pontificia y Cesárea Ciudad de las Siete Colinas, vale decir, el Brazo en Alto con la Diestra al Sol. Se expresaba de esta manera, el inmortal entroncamiento de los siglos con nuestra Cultura milenaria: GRECO ROMANA Y CRISTIANA.

Pero no queremos cerrar estas cuartillas sin dejar de transcribir, como colofón, algunos conceptos que extraemos del trabajo del Dr. Esparza, el cual pese a algunas discrepancias con las que tropezamos, no deja de tener para quien esto escribe el grado de excelente. En el capítulo IV de “En busca de la Derecha (perdida)”, y bajo el título “¿Y qué es ser de derechas?” copiamos para el lector:

“Ser de derechas es tener una idea del orden, y estar convencido de que tal orden es requisito imprescindible para que pueda existir no solo justicia, como en el aforismo de Goethe, sino también cualquier forma de vida superior. Ser de derechas es creer en la bondad histórica de la tradición, lo cual no quiere decir que todas las tradiciones sean buenas pero sí que nada puede construirse si no es sabiendo de donde viene uno y cuál es su identidad. Ser de derechas es tener el sentido natural de la autoridad, de la sociedad estructurada de forma vertical”, (…) “y que la vida social es inviable si no nos las arreglamos para que quienes manden sean, en la medida de lo posible, los mejores. Ser de derechas es poseer el sentido de la comunidad, de la vida en común estructurada y organizada donde quepan todos y cada cual en su sitio. (…) “y civilmente superior tanto al egoísmo liberal burgués como al igualitarismo del socialista, que es el egoísmo rencoroso de quien se siente inferior. Ser de derechas es experimentar el sentimiento de lo sagrado, de una potencia que encanta y que le da sentido,” (…) “lo cual no tiene que desembocar en una forma de teocracia, aunque es verdad que las grandes religiones han sido las que mejor han sabido expresar lo sagrado como sentimiento colectivo y reflejarlo en el orden civil”. A continuación, del capítulo VIII extraemos este aserto, que consideramos una verdad indiscutible y que se refiere a las sociedades. Así dice: “Las formas políticas pasan, pero las instituciones esenciales de la civilización, como la familia, la comunidad organizada en torno a rasgos de identidad compartidos, la propiedad y el sentimiento de lo sagrado, éstas permanecen”.

Como se ve, en el relativismo del mundo actual, todavía existe esa bipolaridad clásica de derechas e izquierdas que no es sólo un par de etiquetas. Eso sí, para comprenderlas hay que tenerlas presentes con las acepciones forjadas en el transcurso de los siglos y de las que nos da noticias no solo la Teología sino la filología y la costumbre. Proseguiremos, si Dios quiere, en cercana entrega porque falta algo por decir.

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