CÁTEDRA DE POLÍTICA: ERNST NOLTE Y SU REVISIÓN DEL FASCISMO (III Y FINAL) Concluimos hoy con la tercera y última parte, el colofón y las notas, del artículo-homenaje al gran historiador alemán Ernst Nolte.

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PEDROCARLOSGONZALEZCUEVASPor, Pedro Carlos González Cuevas-El Manifiesto-España

Colofón

Ernst Nolte falleció en Berlín el 18 de agosto de 2016. El contenido de las necrológicas fue, al menos en España, prácticamente unánime. El historiador alemán adoptó “muchas posturas polémicas con la intención de justificar de algún modo los crímenes del nazismo”; y sus ideas han servido de apoyo a “los radicales ultraderechistas Alternativa por Alemania” (33). Nolte era el “apóstol del revisionismo histórico de la derecha alemana” (34). Nada nuevo, pues. España, a nivel intelectual e historiográfico, es la patria, quizá el paraíso, del lugar común, siempre, claro está, que su contenido sea de izquierdas o cuando menos “progresista”.

ernstnolteSin embargo, resulta innegable que Ernst Nolte (foto de la izquierda) ha contribuido no sólo a una ingente y necesaria labor de revisión histórica, sino al cambio de nuestra percepción de toda la época contemporánea europea. Entre otras cosas, ha ofrecido nuevas interpretaciones sobre el turbulento siglo XX europeo. Muy pocos se habían atrevido hasta hace poco a someter a crítica muchos de los prejuicios que sustentan aún la opinión pública de sociedades que se autodefinen como democráticas y liberales. Gracias a su valentía a la hora de afrontar temas no precisamente cómodos, hoy somos un poco más libres. Por lo menos, en una minoría consciente, que es, a la postre, lo que importa. Las falacias de sus enemigos son hoy más vulnerables que antes. Uno de los grandes críticos de Habermas, Peter Sloterdijk denunció hace ya tiempo las trampas inherentes al concepto habermasiano de “situaciones de habla ideales”, en cuyo interior quedan excluidos todos aquellos que no comulguen con sus fundamentos políticos, filosóficos y culturales (35). Y es que resulta preciso sospechar de los consensos establecidos por las comunidades historiográficas. Peter Novick recordó hace años que la comunidad historiográfica norteamericana llegó, con el objetivo de lograr la reconciliación  del Norte y el Sur tras la Guerra de Secesión, al consenso de que la raza negra era una raza inferior que debía ser tutelada por los blancos. Se trataba de un “racismo consensual” (36).

timothygartonashY es que los consensos no pueden escamotear la necesaria libertad de opinión y de interpretación. Como dice Timothy Garton Ash:(foto) “Nadie puede legislar la verdad histórica. En la medida en que ésta pueda ser establecida debe ser hallada por una investigación histórica sin trabas, por la discusión de los historiadores sobre las pruebas y los hechos, por su verificación y su disputa sobre sus respectivas afirmaciones sin miedo al procesamiento o la persecución (…) Los hechos históricos se establecen precisamente mediante la discusión y verificación frente a la prueba. Sin ese proceso de discusión –incluido el extremo revisionista de la negación completa- nunca descubriríamos qué hechos son verdaderamente sólidos” (37). En ese sentido, como señalara hace años A.J.P. Taylor, el historiador ha de preservar su independencia intelectual y política: “Un historiador no debe vacilar, incluso si sus libros prestan ayuda y confort a los enemigos de la Reina (aunque no es ese el caso del mío) o incluso a los enemigos de la Humanidad” (38).

Por otra parte, desde el punto de vista de los historiadores, está claro que declarar “único” el fenómeno nazi no es algo que permita su comprensión e incluso prohíbe su análisis, identificando de antemano con su banalización. En efecto, un acontecimiento que no pueda ser puesto en relación con otros acontecimientos se convierte en algo incomprensible. Deja de ser un acontecimiento histórico, necesariamente situado en su contexto, para convertirse en una idea pura. Además, tal declaración de unicidad presupone una contradicción, puesto que sólo se puede rechazar la comparación entre dos sistemas si antes se ha buscado entre ellos diferencias absolutas que sólo se pueden encontrar precisamente comparándolos. La idea de que los crímenes nazis se banalizarían si nos negamos a ver en ellos un acontecimiento único es igualmente, a nuestro modo de ver, insostenible. Presupone que los crímenes se anulan unos a otros, o que los asesinatos, al ser situados en su contexto, son menos execrables. La verdad es que ningún crimen sirve para excusar a otro. De esa idea se deduce la posibilidad de darle la vuelta: hacer de un sistema el “mal absoluto”, es tanto como hacer relativas las acciones de todos los demás. Si recordar los crímenes del comunismo equivaliera a banalizar el nazismo, el recuerdo de los crímenes nazis banalizaría necesariamente todos los demás crímenes. Como señala Renzo de Felice, “los rechazos morales carecen de sentido y de eficacia para el historiador”. “Rabia y resentimiento, indignación y condena, son sentimientos que, al igual que la militancia, deforman la correcta interpretación histórica, prohíben la reconstrucción de los hechos, impiden identificar las motivaciones que subyacen bajo hechos tan monstruosos que parecen inconcebibles” (39).

De la misma forma, el Sloterdijk denunció de nuevo las falacias de lo políticamente correcto, en este caso del antifascismo. Y es que el mismo concepto de “clase social” defendido por los socialistas revolucionarios y por los comunistas era un concepto polémico que establecía “a quien y bajo que pretexto está justificado eliminar”. “Todavía el público –continúa Sloterdijk- no ha tomado conocimiento de que el <clasismo> prevalece sobre el <racismo> en lo que se refiere a las energías genocidas del siglo XX”. En ese sentido, el “antifascismo” suponía “la salvación de la conciencia” para los herederos y simpatizantes actuales de la izquierda revolucionaria, pasando por alto la profunda monstruosidad  del experimento soviético en particular y de los proyectos constructivistas en general (40). Incluso puede someterse a crítica la interpretación “universalista” que del comunismo defienden, como hemos tenido oportunidad de ver, Víctor Farías y otros muchos. Como ha señalado el antropólogo Tzvetan Todorov: “El comunismo pretende la felicidad de la humanidad, aunque a condición de que los <malos> hayan sido previamente apartados; algo que a fin de cuentas, sucede también con los nazis. ¿Cómo puede creerse aún en el universalismo de la doctrina cuando ésta afirma que se apoya en la lucha, la violencia, la revolución permanente, el odio, la doctrina , la guerra? Se da la justificación de que el proletariado es la mayoría, y la burguesía una minoría, lo que nos lleva ya lejos del universalismo; pero cuando, además, se sabe que la otra gran contribución de Lenin a la teoría comunista se refiere al papel dirigente del Partido, destinado a someter a las masas proletarias, vemos que ni tan siquiera el argumento de la mayoría se sostiene (…) Y es que <internacional> no quiere decir <universal>. En realidad, el comunismo es tan <particularista> como el nazismo, pues afirma, de modo explícito, que no toda la humanidad se ve concernida por este ideal: <transnacional> no significa <transclases>, se exige siempre la eliminación de una parte de la humanidad (…) Sencillamente, la división no es ya territorial u <horizontal>, sino <vertical>, entre estratos de una misma sociedad. Donde en unos aparece la guerra de las naciones o de las razas en los otros se sitúa la lucha de clases” (41).

Y es que, sin duda, hay que tener en cuenta que fue, como ha señalado el historiador británico Norman Davies, “el comunismo soviético y no la democracia liberal el que realizó los avances más importantes”  tras el final de la guerra europea (42).

A este reto respondió Nolte, a la postre con éxito. Como pensador e historiador, Nolte ha sido uno de los más hondos intérpretes del fenómeno fascista, aunque algunos de los aspectos de su exégesis, como señalaron Furet, De Felice o Mosse, nos puedan parecer muy discutibles. Sin embargo, lo más destacado de su obra es, en nuestra opinión, su capacidad y valentía a la hora de someter a crítica y desafiar no pocos de los lugares comunes en que descansa la opinión pública de nuestras sociedades. Por ello, su ejemplo, siempre será un reto.

Primera parte del artículo. Aquí.

Para leer la segunda parte pinche el siguiente enlace.

CÁTEDRA DE POLÍTICA: ERNST NOLTE Y SU REVISIÓN DEL FASCISMO (II) Publicamos hoy la segunda parte del artículo-homenaje al gran historiador alemán Ernst Nolte.

Notas

[1] Véase Leszek Kolakowski, Las principales corrientes del marxismo. II. La edad de oro. Madrid, 1982, pp. 101-117 ss.

2  Francois Furet, “El antisemitismo moderno”, en Fascismo y comunismo. México, 1998, p. 103.

3 Ernst Nolte, “Sobre el revisionismo”, en op. cit., p. 89.

4 Renzo de Felice, Rojo y negro. Barcelona, 1996, p. 25.

5 François Furet, Fascismo y comunismo. México, 1998, p. 105. Henri Rousso, “Negationisme”, en Historiographie II. Concepts et débats. París, 2010, pp. 1119-1126.

6 Robert Faurisson, Las victorias del revisionismo. Barcelona, 2006, p. 12 ss. El conocido historiador David Irving es considerado por Faurisson como un “semirevisionista” (Ibidem, p. 57). Irving, al menos en su libro La guerra de Hitler, no niega la realidad del genocidio judío; pero sostenía que el Führer no sabía nada de la “solución final” (David Irving, La guerra de Hitler. Barcelona, 1978, p. 14); lo que fue muy criticado por numerosos especialistas. Posteriormente, el historiador británico publicó el libro Pruebas contra el Holocausto (Barcelona, 2008), en cuyas páginas niega la existencia del genocidio judío.

7 Véase Pedro Carlos González Cuevas, “El revisionismo histórico europeo”, en Estudios revisionistas sobre las derechas españolas. Salamanca, 2016, pp. 25-53.

8 Ernst Nolte, Fascismo y comunismo. México, 1998, pp. 111-112.

9 Ernst Nolte, Heidegger. Política e Historia en su vida y pensamiento. Madrid, 1998, p. 11.

10 Ernst Nolte, El fascismo en su época. Barcelona, 1969, pp. 25 ss. El fascismo. De Mussolini a Hitler. Barcelona, 1975, pp. 126 ss. La crisis del sistema liberal y los movimientos fascistas. Barcelona, 1972, p. 15 ss.

11 Renzo de Felice, Entrevista sobre el fascismo con Michael Leeden. Buenos Aires, 1979, p. 106.

12 Véase Emilio Gentile, Il fascino del persecutore. George L. Mosse e la catastrofe dell’uomo moderno. Roma, 2007, pp. 66, 88 ss.

13 “Vergangenheit, die nitch vergehen will”, Frankfurter Allgemeine Zeitung, 6-VI-1986. Inserto en Thomas Mann, Ernst Nolte,Jurgen Habermas, Hermano Hitler. El debate de los historiadores. Barcelona, 2011, pp. 19-29.

14 Véase Matthew G. Specter, Habermas, una biografía intelectual. Barcelona, 2013.

15 Jurgen Habermas, Más allá del Estado nacional. Madrid, 1997, pp. 128 y 132. En la espiral de la tecnocracia. Madrid, 2016, pp. 16, 96 ss.

16 “Eine Art Schadensabwicklung”, Die Zeit, 11-VII-1986. Mann, Nolte, Habermas,   op. cit., pp. 31-39.

17 “Die Sache auf den Kopf gestellt”, Die Zeit, 31-X-1986.  Mann, Nolte, Habermas, op. cit., pp. 51-60.

18 “Vom oeffentichen Gebaruch der Geschichte”, Die Zeit, 7-XI-1986. Mann, Nolte, Habermas, op. cit., pp. 63- 79.

19 Chris Lorenz, “Atravesando fronteras: algunas reflexiones sobre el papel de los historiadores alemanes  en los recientes debates sobre la historia nazi”, “Asesinos modelo. Reparos sobre el método Goldhagen y la historia”, Entre filosofía e historia. Volumen 2: exploraciones en historiografía. Buenos Aires, 2015, pp. 189 y 195 ss.

20 Jurgen Habermas, “Carl Schmitt: los terrores de la autonomía”, en Identidades nacionales y posnacionales. Madrid, 1989, pp. 75 y 77.

21 Véase Devant l’Histoire. Les documents de la controverse sur la singularité de l’extermination des Juifs par le regime nazi.París, 1988.

22 Víctor Farías, Heidegger y su herencia. Los neonazis, el neofascismo y el fundamentalismo islámico. Madrid, 2010, pp. 45 ss, 60, 123 ss.

23 Roger Cohen,  “Un premio con escándalo”, El País, 23-VI-2000.

24 Norman Davies, Europa en guerra, 1939-1945. Barcelona, 2006, p. 608.

25 Ernst Nolte, Streit punkt. Heutige und künf tip Kontroversen un der Nazionalsocialismus. Frankfurt Main, 1994, p. 15. Entre lignes de front. Entretiens avec Siegfried Gerlich. Monaco, 2008, p. 21.

26  Ernst Nolte, Después del comunismo. Aportaciones a la interpretación de la historia del siglo XX. Barcelona, 1995.

27 Ernst Nolte, La guerra civil europea, 1917-1945. Nacional-socialismo y bolchevismo, 1917-1945. México, 1994, pp. 15ss. Después del comunismo. Aportaciones a la interpretación de la historia del siglo XX. Barcelona, 1995, pp. 45 ss.

28 Nolte, La guerra civil europea…, p. 175 ss. Después del comunismo…, p. 75 ss.

29  Ernst Nolte, Nietzsche y el nietzscheanismo. Madrid, 1995, pp. 55 ss.

30 Ernst Nolte, Después del comunismo…, p. 14.

31 Christophe Prochasson, Les chemins de la mélancolie. François Furet. París, 2013, pp. 290-291, 370-371.

32 François Furet, Fascismo y comunismo. México, 1998, pp. 19-20, 41, 61, 64, 66, 133, 137.

33“Muere a los 93 años, el polémico historiador alemán Ernst Nolte”, ABC, 18-VIII-2016.

34“Muere Ernst Nolte, apóstol del revisionismo histórico de la derecha alemana”, La Vanguardia, 18-VIII-2016.

35Peter Sloterdijk, El sol y la muerte. Madrid, 2004, pp. 77 ss.

36 Peter Novick, Ese noble sueño. La objetividad y la historia profesional norteamericana. Tomo I. México, 1997, pp. 98-99 ss.

37 Timothy Garton Ash, Los hechos son subversivos. Barcelona, 2011, p. 231.

38 A.J.P. Taylor, The Origins of The Second World War. London, 1961, p. 10.

39 Renzo de Felice, Rojo y negro. Barcelona, 1996, p. 128. El historiador marxista español Josep Fontana –muy crítico con Nolte, al que califica de “excéntrico de derechas” (Josep Fontana, La historia de los hombres: el siglo XX. Barcelona, 2002, p. 108)- ha dicho a este respecto: “El nazismo contaba con amplio apoyo popular cuando comenzó su actuación contra los <enemigos interiores> con la recogida de mendigos y vagabundos, y con la custodia <preventiva> de elementos antisociales en campos de concentración. Después aplicaría la misma técnica a judíos y antifascistas y de ahí pasaría al exterminismo. Pero cuando nos horrorizamos por ello, como si fuese algo excepcional, olvidamos que los nazis actuaban con la misma lógica que sirvió en otros momentos para <defender> al ciudadano europeo de los <otros> -herejes, brujas, campesinos, rebeldes o revolucionarios- y que muchos hubieran querido aplicar contra la plebe. Tan dañoso es absolverlo de sus crímenes como presentarlo como algo único y aberrante, ignorando su <normalidad>: lo mucho que tiene en común con opciones que se consideran respetables” (Josep Fontana, Europa en el espejo. Barcelona, 2008, pp. 144-145).

40Peter Sloterdijk, Ira y tiempo. Madrid, 2010, pp. 199, 201-202.

41 Tzvetan Todorov, Memoria del mal, tentación del bien. Indagación sobre el siglo XX. Barcelona, 2002, pp. 48 y 50.

42Norman Davies, Europa en guerra, 1939-1945. Barcelona, 2006, p. 631.

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