CATEDRA DEL INCEP**: LAS CLASES SOCIALES. Parte III- Y FINAL De la obra Dos Movimientos Nacionales: José Antonio Primo de Rivera y Cornelio Z. Codreanu

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HORIASIMAPor, Horia Sima-

Los antiguos partidos políticos no tienen fuerza para reintegrar a las masas obreras en la nación, porque ellos mismos defienden intereses de clase. Mediante este egoísmo de clase alimentan los conflictos sociales y provocan la deserción de los obreros del frente nacional. Al asalto marxista, ellos no pueden oponer otra cosa que una actitud de inmovilidad política, funesta no sólo para los partidos, sino para la nación entera. No son capaces de una movilización de las energías nacionales contra el comunismo, porque no están iluminados por una gran fe.

Les falta el ímpetu y la generosidad. Sólo los movimientos nacionales pueden oponer a la aspiración revolucionaria del comunismo otra aspiración revolucionaria capaz de llenar la grieta operada en el edificio de la nación. Sólo ellos pueden realizar la síntesis entre lo social y lo nacional, porque sólo ellos se dirigen al país desde el centro de interés de la nación entera. Un movimiento no representa intereses subalternos; no une su destino a una clase o a un grupo de individuos; abraza los intereses de todas las clases sociales.

Los dos fundadores tratan el problema obrero desde un punto de vista superior a la lucha de clases. Para ellos lo social no es más que un aspecto de lo nacional. La separación entre las dos nociones es artificial. Siendo las clases sociales subdivisiones de la nación, las dificultades de convivencia entre ellas se eliminan buscando la solución en función de las necesidades del organismo entero. La lucha de clases modifica completamente su carácter si se enfoca desde la perspectiva de la nación. La nación no tiene ningún interés en que una parte de sus miembros vivan en la miseria, ya que -dice Corneliu Codreanu- «la nación encuentra apoyo igual entre los ricos y los pobres» (71).

La elevación del nivel de vida de la población no es sólo una cuestión de justicia social. Es una cuestión nacional. Sólo cuando se salva a las masas de la miseria y de la ignorancia, el genio de un pueblo se puede desarrollar en su plenitud. Su base de creación se ensancha abarcando también las filas anónimas de la población.

El interés de la nación es que desaparezca la plaga de los sufrimientos materiales. La pobreza constituye un peso muerto en la lucha diaria que sostiene la nación para realizar su destino. Una nación azotada siempre por el hambre y por faltas materiales es una nación encadenada.

No se puede emancipar de las necesidades cotidianas para consagrar sus energías a la cultura y a la historia. La justicia social es un derecho del individuo, derivado de la mera pertenencia a una comunidad política. Las aspiraciones de los obreros se integran en la aspiración total de la Patria. «El bienestar de cada uno -dice José Antonio- de los que integran el pueblo no es interés individual, sino interés colectivo, que la comunidad ha de asumir como suyo hasta el fondo, decisivamente. Ningún interés particular justo es ajeno al interés de la comunidad» (72).

JOSEANTONIOYCORNELIOCODREANUJosé Antonio y Corneliu Codreanu (fotos a la izquierda) piden que sea sobrepasada la lucha de clases en nombre de una realidad que abarca los intereses de todos. Tanto la clase obrera como la clase adinerada son culpables ante la nación, porque los unos como los otros tienen la tendencia a subordinar la nación a sus intereses de clase. Pero la nación tiene sus fines propios, independientes de los fines individuales, independientes de los fines de partido y de los fines de las clases que la constituyen.

Todas estas categorías sociales deben dar primacía a los intereses de la nación, que, a su vez, les tomará a todos bajo su protección. Ella cuida de los intereses de todos como si se tratara de sus propios intereses. Debe cesar la rivalidad entre el patrono y el obrero para dejar sitio a su cooperación en el conjunto de la producción nacional. De la absurda lucha entre el patrono y el obrero no puede aprovecharse más que el comunismo. Los patronos serán desposeídos de sus bienes y los obreros serán despojados de su libertad para ser rebajados a esclavos del capitalismo de Estado, tal como ha ocurrido en todos los países que han caído bajo la dominación comunista.

¿Cómo pueden ser convencidas las clases sociales para que renuncien a sus egoísmos y se integren en la comunidad nacional? La tarea no es fácil. Sus intereses representan algo vivo, concreto, palpable, mientras que la nación representa algo muy lejano, una imagen vaga, que sale fuera de las preocupaciones comunes de la vida. El impulso para la confraternidad sólo puede venir cuando se actualiza el destino histórico de la nación Sólo cuando se proyecta sobre la pantalla de la conciencia nacional una gran misión histórica, las clases se desprenden de su egoísmo, y tanto el rico como el pobre están dispuestos a hacer sacrificios por la Patria. Al impulso destructivo del marxismo hay que oponer el impulso creador de la nación. Para atraerse a las masas populares hay que infundirles el sentido nacional de la existencia bajo una forma accesible a su comprensión y a su imaginación. Sólo la visión del destino nacional puede salvar la integridad de la Patria. A las masas se les debe insuflar el gusto de las grandes realizaciones históricas. Entonces serán fieles a la Patria, entonces olvidarán sus sufrimientos y serán capaces de sacrificios ilimitados. Las masas no exigen lo imposible de sus dirigentes. Sólo piden que su esfuerzo tenga un sentido, que sea realizado en provecho de la comunidad nacional.

Lo social y lo nacional no pueden fusionarse más que bajo el techo de la Patria espiritual. La aspiración total de la nación debe convertirse en la aspiración de la clase obrera. Solamente por el empeño de la nación entera en una empresa colectiva se puede superar la lucha de clases.

«Contra la anti-España roja sólo una gran empresa nacional puede vigorizarnos y unirnos. Una empresa nacional de todos los españoles. Si no la hallamos -que sí la hallaremos, nosotros ya sabemos cuál es-, nos veremos todos perdidos» (73). «No cabe convivencia fecunda, sino a la sombra de una política… que sirva únicamente al destino integrador y supremo de España» (74).

Supongamos ahora que mediante un feliz conjunto de circunstancias lográramos organizar una base humana de existencia para el pueblo entero. Esta conquista de orden económico y social no defiende a una nación del peligro de su desintegración. La justicia social no crea automáticamente buenos ciudadanos y buenos patriotas. El motivo es bien conocido y se relaciona con la psicología del hombre. Las necesidades materiales del hombre tienden a aumentar infinitamente. Nunca se dará por satisfecho con lo que posee. Siempre verá injusticias cuando compare su situación material con la de las personas mejor situadas que él.

En vano buscaremos la paz social sólo en la satisfacción de las necesidades materiales, por generosa que sea la actitud de la nación hacia el individuo. Para que la justicia social no se transforme en una fuente continua de descontentos, debe ser realizada con vistas a un fin más alto: La armonía total en el seno de una nación «no puede surgir sino de la comunidad de ideales», dice Corneliu Codreanu (77).

La pasión de poseer se aplaca y el alma se serena cuando la vida del hombre está anclada en una realidad que pueda disminuir el interés por los bienes materiales. José Antonio sintetiza esta posición en la siguiente proposición: «Por eso la Falange no quiere ni la Patria con hambre ni la hartura sin Patria: quiere inseparable la Patria, el pan y la justicia» (78).

Es un grave error creer que el obrero sólo tiene por aspiración la de ser bien retribuido. No se le puede integrar en el Estado ni se le puede conquistar para la nación, por excelentes que sean las condiciones materiales que se le ofrezcan. Esto no basta para satisfacer sus aspiraciones. En Francia, en Italia, en otros países, los obreros gozan de un alto nivel de vida. Viven como pequeños burgueses; tienen unos salarios superiores a los funcionarios del Estado y, sin embargo, su adhesión al partido comunista continúa siendo elevada. ¿Cómo se explica este fenómeno? Ahora no es la miseria la que empuja a los obreros hacia el comunismo. ¿Qué es entonces? ¿Qué les determina a perpetuar su enemistad hacia la nación?

El obrero quiere algo más que un trozo de pan. Quiere salir de la categoría de paria de la sociedad y ser considerado como un ciudadano igual a los demás ciudadanos. Quiere convertirse en un miembro respetado de la comunidad política y en esta calidad, que se le resuelva también la cuestión de su existencia material. La falta de consideración con que es tratado por las demás clases sociales le hiere más profundamente que la falta de un pan mejor.

Para el obrero, el Estado representa un instrumento de represión social, que defiende los intereses de la clase explotadora. El obrero quiere que el Estado se convierta en una casa abierta para todos, en la cual pueda ser recibido con su parte de responsabilidad, de derechos y de beneficios. «Hay que tratar la cuestión profundamente y con toda sinceridad -dice José Antonio- para que la obra total del Estado sea también obra de la clase proletaria. Lo que no se puede hacer es tener a la clase proletaria fuera del poder» (79).

Corneliu Codreanu pide que el obrero sea elevado a la dignidad de ciudadano: «El Movimiento Legionario dará a los obreros algo más que un programa, algo más que un pan más blanco, algo más que una cama mejor. Dará a los obreros el derecho de sentirse dueños de su país, igual que los demás rumanos. El obrero andará con paso de amo, no de esclavo, en las calles llenas de luces y de lujo, donde hoy no se atreve a alzar su mirada. Por primera vez sentirá el gozo, el orgullo de ser amo, de ser el amo de su país» (80).

**-INSTITUTO NACIONALISTA CUBANO DE ESTUDIOS POLÍTICOS

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Un Comentario sobre “CATEDRA DEL INCEP**: LAS CLASES SOCIALES. Parte III- Y FINAL De la obra Dos Movimientos Nacionales: José Antonio Primo de Rivera y Cornelio Z. Codreanu

  1. Excelentes articulos. Desconocia de este personaje rumano.

    saludos

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