CÁTEDRA POLÍTICA DEL INCEP: AUTOGESTIÓN, DEMOCRACIA Y COOPERACIÓN PARA EL DESARROLLO- II- UNA ESTRATEGIA PLANETARIA DE SUPERVIVENCIA COOPERATIVA. LA REVUELTA DE LOS MUNICIPIOS LIBRES

AUTOGESTION-2

Introducción

  1. Entre la cooperación y la competencia

En el siglo XVIII, Maleville escribió la fábula de las abejas, clave literaria de la escuela utilitaria, donde se concluía que el juego de los individualismos egoístas, sus costumbres y equilibrios daba como resultado un desarrollo y bienestar general.

Más allá del tópico al uso, Darwin, en “El origen de las especies”, señala que la selección en los seres vivos depende tanto de factores competitivos como de otros de cooperación.

Pedro Kropotkin, en “El Apoyo Mutuo”, centró en la cooperación la claveevolutiva, sobre todo en las fases iniciales. Al mismo tiempo George Bataille en su obra “La parte maldita”, señala que “La economía general se basa en un derroche de energía que produce la naturaleza. La escasez o pobreza solo se dan en organismos o conjuntos limitados, en contraste con el exceso de riqueza en la naturaleza viva”.

Ahora bien, la economía nunca es considerada en general. El crecimiento está sometido a la donación, el ceder sin contrapartida.

La incomprensión de este proceso, el obnubilarse en las acumulaciones excluyentes nos conduce a las guerras como método de destrucción del exceso y a la angustia colectiva.

La naturaleza es un desbordamiento de vida. Y la maldición, segun Bataille, es ir contra ese movimiento vertiginoso y liberador de donación y dilapidación, mediante distintas formas de acaparamiento. La conciencia del hombre implica luchar contra esa maldición.

El enorme atesoramiento del excedente en el Norte desarrollado, coexistiendo con el hambre en el mundo es una manifestación patológica de este fenómeno en nuestro tiempo1.

El intercambio desigual y la acumulación asimétrica contrasta con la estructura comunitaria y la reciprocidad de dones. De ahí el malentendido histórico en los primeros encuentros europeos y pueblos aborigenes.

ANTONIOCOLOMERVIADEL1 Colomer Viadel, A. (coord.) “Sociedad solidaria y desarrollo alternativo” Ed. FCE, Madrid,(FOTO)

1993, pp. 11-16.

En estos la circulacion de riquezas y el prestigio y autoridad moral se basaba en la donación. La autoridad moral del desprendimiento afianzaba el valor y la verdad de la vida en la negociación del empleo servil de los bienes.

El mismo sentido de las fiestas comunitarias como prodigalidades rituales da sentido a ese aparente destruir sin provecho, ya que busca romper la cosificación del hombre, “a la búsqueda de la intimidad perdida”.

La economía de reciprocidad participa en la construcción del ser social y comunitario: ese tercero indivisible, no suma de partes, que no es propiedad de nadie.

Esta sociedad no es ni antiproductiva ni de la escasez, sino que implica un cambio en los fines y las motivaciones. Aun con otros nombres estas prácticas de donación y cooperación continúan vivas entre nosotros. El pensamiento dominante quisiera subordinarlas y marginarlas intemporalmente.

La cuestión es si pueden alcanzar la autonomía y centralidad suficientes para convertirse en prácticas sociales colectivas. Existe una estrategia, al principio desesperada, de sobrevivir, de alcanzar y cubrir las necesidades primarias, en tantas manifestaciones de economía informal o sumergida –incluso en la delictiva–, pero más tarde, una vez resueltas se dan satisfacciones no monetarias, de comunicación, de participación en la toma de decisiones, de sentido de identidad y pertenencia a un colectivo de sujetos éticos, basado en el compañerismo y el espíritu societario que impone una mentalización, un entusiasmo compartido, que cuando verdaderamente se siente, no puede ser compensado ni comprado por ningún incremento salarial.

La conciencia de liberarse del parasitismo de la intermediación abusiva, del peso de la indolencia burocrática o del expolio por sectores dirigentes, compensa de todas las dificultades.

El colectivo del trabajo que puede intervenir en el señalamiento de sus prioridades siente como propio el proyecto empresarial o social o ciudadano en el que participan. Son oídos, comparten una esperanza común. No viven bajo el volcán, con la angustia, la tensión, el temor y fatalismo consiguiente, sino que tienen la fuerza del volcán.

Hay que estar ciegos para no ver el desorden y las contradicciones del sistema socio-económico internacional: salvaje acción depredadora del equilibrio planetario; fomento de las deseconomías externas: desempleo, droga, delincuencia, capacidad de crear miserias físicas y psicológicas; desarmonía con el orden de la vida y la naturaleza, espasmos monetarios, inflaciones convulsivas, especulación de capitales apátridas y nómadas, predominio de la economía financiera y no productiva. Nos movemos en una enorme ficción: las economías endeudadas del mundo siguen pagando con talones sin fondo.

El retorno al capitalismo salvaje, bajo el paraguas doctrinal del neoliberalismo y cierta mejora de la etiqueta social de las “buenas maneras” nos lleva a reducir las conquistas sociales, a desarmar a la sociedad de toda norma jurídica y organizativa con capacidad de defender y conquistar derechos. “Se debe mantener el equilibrio en los márgenes de la pobreza”, la pobreza es parte del modelo y solo hay que sostenerla y controlarla para que no provoque explosiones que afecten a la estabilidad y prosperidad del sistema. También se reduce la pobreza si la mayoría de los pobres pasan a la indigencia y a la miseria, donde el grado de conciencia y organización se desintegra finalmente…

La estrategia asistencialista tolerada mediante ONG, bolsas de alimentos, y ciertos alivios del hambre y la marginalidad está calculada para mantener tal equilibrio, en vez de la toma de conciencia, la acción concertada, y la dinámica de crecimiento desde sus potencialidades.

Se trata también de eliminar cualquier función reguladora del Estado, al servicio del interés general o bien común. ¡Déjennos las manos libres! Gritan los capitalistas, en nombre de los sacrosantos principios de la competencia, el mercado, el determinismo tecnológico y ¡el beneficio!

El modelo político del Estado constitucional coherente con tal modelo socioeconómico también implica bajar el perfil de la participación democrática. Ello venía siendo recomendado ya hace un cuarto de siglo. Véase el informe sobre la Democracia, de la Comisión Trilateral, en 1975.

Las reivindicaciones de los sectores populares no pueden limitarse a un horizonte economicista y prestacional. La pervivencia, en muchos movimientos sindicales y laborales de la vieja mentalidad salarista e industrial del siglo XIX, es un suicidio social.

Hay que ocupar espacios sociales, económicos y políticos que den un poder real para pelear con posibilidades contra el determinismo ideológico y tecnológico del capitalismo especulativo actual. Una estrategia de afines, y de cooperación en red de diferentes formas sociales.

La construcción de sectores de economía solidaria, con los apoyos externos necesarios, dentro de economías mixtas, con posibilidades de presencia eficiente,en el orden internacional.

Otra estrategia política de alianzas de municipios libres, con planes compartidos con las organizaciones sociales de carácter popular. En los espacios locales se hace necesaria, mediante la reivindicación de competencias y recursos que introduzcan nuevas racionalidades económicas, sociales y políticas en este mundo desquiciado. Y den prioridad a una comunidad de protagonistas éticos, en donde la libertad y la dignidad de la persona ni se alquile ni se venda, sino que sea el eje vertebrador del nuevo clima moral que inspire los comportamientos en el seno de la vida comunitaria

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