CÁTEDRA POLÍTICA DEL INSTITUTO NACIONALISTA CUBANO DE ESTUDIOS POLÍTICOS: LOS ZURDOS PRO YANQUIS-SEGUNDA PARTE Y FINAL. El Amblimorón antifascista o la extrema izquierda pro-americana. El oxímorón, figura retórica que consiste en unir en una única frase a dos palabras que expresan conceptos contrarios, es, como revela la etimología griega, una “locura aguda” (oxy morón). Como ejemplos del oxymorón, el Diccionario de la lengua italiana de Devoto-Oli, edición 2000-2001, cita expresiones como “hielo caliente” o “convergencia paralela”.

CLAUDIOMUTTIPor, Claudio Mutti- filosofiadisidente.blogspot. (FOTO)

Los imperialistas no se negaron a  mostrar su reconocimiento a los camaradas de Togliatti. Un ejemplo famoso es  especialmente significativo, el general McCreery decoró con la medalla de oro a Arrigo Boldrini alias “Bulow”, que después de haber liderado la 28° brigada Garibaldi fue un parlamentario durante mucho tiempo del PCI.

Que la “Resistencia” antifascista fue un movimiento colaboracionista al servicio del invasor angloamericano, un movimiento que contribuyó a entregar a Italia al capital impérialista es un dato reconocido hoy por la historiografía comunista “herética”, es decir, no alineada con la mitología de la resistencia. “La acusación que mantiene que el movimiento socialista se inserto con pleno conocimiento de causa en el frente militar de los aliados tiene evidencia histórica”, escrito, por ejemplo, por un historiador que redactó varios artículos para la Enciclopedia dell’ antifascismo e della resistenza. Por otra parte, ya en 1944, el órgano de un grupo comunista escribía: “por la desagregación del ejército, las bandas armadas son, objetivamente y en las intenciones de sus animadores, instrumentos del mecanismo de guerra ingles”.

Los antifascistas de Badoglio, católicos,  liberales y socialdemócratas no tuvieron, terminada la guerra, ninguna dificultad para admitir el carácter colaboracionista de la “Resistencia” con los Americanos, ya que en los años de la posguerra sus partidos siguieron estando subordinados a la política de los Estados Unidos y numerosos  “partidarios blancos” siguieron sus  actividades americanofilas en los “Partidos  demócratas”, en el periodismo o en las filas  del contraespionaje o de la red Gladio. Los  comunistas, que por causa de la “guerra fría”  se encontraron alineados con la URSS,  pretendieron crear una imagen patriótica de  la “Resistencia” y asignar a su acción el  mérito exclusivo de la derrota nazi-fascista. 

Como si los Angloamericanos nunca  hubiesen existido. Como si la acción de los antifascistas no había sido apoyada y había sido financiada por los impérialistas occidentales (además de los capitalistas del Norte hostiles a la socialización de las empresas públicas por la República social). En el Sur ocupado, algunas formaciones de la  extrema-izquierda se habían puesto inmediatamente a disposición de los invasores angloamericanos “para liberar” el resto del territorio de la península. En Campania por ejemplo, había nacido el Partido socialista-revolucionario italiano, que entre sus objetivos inmediatos tenía el “de ayudar a los angloamericanos en la liberación del territorio restante de la península”. “Después de haber acogido a los aliados como liberadores, los socialista- revolucionarios se habían entrevistado, en Salerno, con el General Clark.” Le pidieron entonces poder asistir a las tropas americanas en su entrada en Nápoles y participaron, además en los tratos para la constitución de los Grupos de combatientes italianos.” 

En el Norte, en febrero de 1943, el Partido comunista, el Partido de acción, el Partido proletario para una República socialista y el Partido social-cristiano, se habían puesto en contacto con el OSS, el servicio secreto americano, por medio de un agente de conexión de primer orden: el ingeniero Adriano Olivetti, amigo de Cario Rosselli. 

GENERALWILSONLa dependencia económica de los antifascistas del CLNAI con los angloamericanos fue formalizada por un documento de cinco páginas redactado en inglés, los Protocolos de Roma, que fue firmado el 7 de diciembre de 1944 por el general británico Henry Maitland Wilson (en la foto de encima de este párrafo), el comandante general combinado en el Mediterráneo y por los jefes antifascistas: Alfredo Pizzoni (Pietro Longhi), Ferrucio Parri (Maurizio), Giancarlo Pajetta (Charca), Edgardo Sogno (Mauri).

Los signatarios se comprometían a realizar, durante el conflicto, el trabajo sucio de los Aliados; se comprometían a nombrar como jefe militar del Cuerpo de los voluntarios de la libertad a un funcionario autorizado por los Angloamericanos; se comprometían a realizar cualquier orden que les dieran los Angloamericanos después de la “liberación” del territorio italiano. Y el CLNAI, contra parte, era reconocido por los Angloamericanos como el único Gobierno, de hecho y derecho, de Italia del Norte.

En el apartado 5 del documento se estableció en estos términos la financiación destinada a las actividades antifascistas: “Durante el período de dominio enemigo en el norte de Italia se dará toda asistencia al CLNAI, conjuntamente con todas las organizaciones antifascistas, para cubrir las necesidades de sus miembros que son contratados en la oposición al enemigo en los territorios ocupados.” El Comandante combinado hará una contribución mensual que no excederá ciento sesenta millones de liras para cubrir los gastos del CLNAI y de todas las demás organizaciones antifascistas.” 

Traducido a buen español eso significa que los imperialistas atlánticos asignaban una financiación mensual de ciento sesenta millones de liras (valor de entonces) a sus colaboradores antifascistas!

Los Protocolos de Roma estipulaban, pues, que el Comitato di Liberazione Nazionale Alta Italia subordinaba formalmente la resistencia a la estrategia militar angloamericana y la ponía, como escribió un autor comunista “bajo la dependencia directa de los aliados”, mientras que la Orden de los voluntarios de la libertad se reconocía como el ejecutor de los órdenes de la orden principal combinada.

Ya antes de los Protocolos, los “patriotas” se habían puesto al servicio de los “liberadores”, la prueba es que el general Alexander les había pedido: “Matemos a los Alemanes, pero para poder huir rápidamente y volver a atacar (…) los grupos de patriotas de Italia del Norte deben destruir las líneas ferroviarias y si es posible telefónicas, y hacer descarrilar los trenes.” Destruid las instalaciones telegráficas y telefónicas.”

Pero dejemos la palabra a Renzo de Felice: “Los acuerdos de Roma aportaron a la Resistencia ciento sesenta millones de liras.” Fue la salvación. Y Harold Mac Millan, responsable de la política inglesa en el Mediterráneo, pudo escribir en sus memorias un comentario salvaje y de satisfacción: “quién paga la orquesta decide la danza.”

“Para la Resistencia, era imposible romper con los Aliados, eso habría sido una catástrofe económica (el mismo Parri en su Memoriale sull’ unita della Resistenza, escrito en 1972, precisa que esa ruptura habría conseguido “la derrota”)”. “Los Aliados sabían que tenían en mano las mejores tarjetas:” la fuerza militar y las ayudas económicas. Si para mantener un resistente, al final de 1943, era necesario mil liras, a principios de 1945 costaba mas de mil, o incluso ocho mil en las zonas donde la vida era más costosa. La cuestión económica se había vuelto política. Un ejército tan grande ya no podía autofinanciarse: los requerimientos, los impuestos revolucionarios, los golpes de mano del suministro, en otros términos la rapiña, el gran bandolerismo, los vuelos, comprometían, en ese largo invierno de 1944, la imagen misma del movimiento resistente.

Seguir en lo mismo habría sido catastrófico en términos de resultados. Era necesario racionalizar el sistema de financiación más allá de las subvenciones de los industriales y ayudas de los servicios secretos ingleses y americanos. Eso era el trabajo de Pizzoni. El dinero de los Aliados llegaba a Milán por el Sur y pasaba por Suiza.”

En 1944, frente al espectáculo de una extrema izquierda subvencionada por los Angloamericanos, el fascista republicano Stanis se dirigió a uno de sus viejos amigos, que del fascismo antiburges se había inclinado hacia el comunismo: “A riesgo de pasar por un ingenuo, confesó no entender cómo hombres que se declaraban revolucionarios, socialistas, comunistas, anarquistas – y que por sus ideales habían sufrido el exilio, podían aplaudir la Inglaterra plutocrática y la América que en nombre de la democracia y la libertad democrática devastaban Europa.” “Sé de antemano tu respuesta.” Como revolucionario no te gusta Hitler y no tienes confianza en Mussolini. ¿Pero cómo puedes confiar en la Inglaterra imperialista que traicionó al Persa, aplasto la República, oprimió durante tanto tiempo la India y Egipto y asume el derecho quitar la libertad  y dirigir tantos pueblos? (…) ¿Cómo haces para reconciliar tus ideales revolucionarios con los de Churchill y Roosevelt?” 

Gracias a Dios, que rápidamente el Mariscal Stalin obligó a estos “hombres que se declaraban revolucionarios” a desconfiar de “la Inglaterra plutocrática” y en “la América”. Pero ellos tuvieron hijos y nietos, que pretenden dar lecciones de antimperialismo, exigir testimonios e imponer prejuicios, para rechazar, indignados, todas las hipótesis de frente común con los neofascistas verdaderos o presuntos. Estos hijos y nietos harían bien en estudiar la historia de su familia y de reflexionar, si no quieren repetir el error de sus abuelos que durante un determinado período bailaron la música elegida por los que les pagaban en dólares y en libras esterlinas..

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