COLOMBIA: ¿QUÉ DIABLOS LE PASA A URIBE? Ya sea una cosa o la otra, es hora de que Álvaro Uribe, por encima del aprecio y la gratitud que le tenemos por haber combatido a las FARC, empiece a asumir su responsabilidad personal en esta hecatombe en la que nos sumió Santos, y la manera es no imponiéndonos una segunda parte

Por Ricardo Puentes Melo- Periodismo sin fronteras

Me volví fan de Álvaro Uribe luego de que él empezó a darle plomo a la guerrilla de las FARC. Bueno, no exactamente él; pero sí permitió que grandes generales y oficiales de nuestro ejército combatieran a los terroristas. Ningún otro gobierno lo había permitido antes. Con excepción de Guillermo León Valencia y -antes de cometer el error de conversar con ellos- Julio César Turbay, los gobiernos liberales y conservadores habían sido socios de la maldad de estos siniestros bandidos.

Uribe venía de las toldas socialistas del samperismo, en el Partido Liberal y tenía muchos amigos y compañeros en la izquierda que se hacía llamar “izquierda democrática”, esa que fingía respetar la democracia y, al mismo tiempo, servía de aliada o como fuente de cuadros del Partido Comunista para avalar las atrocidades de los marxistas e impedir, desde las posiciones que estuvieran, que se combatieran los brazos armados del comunismo.

Álvaro Uribe y Juan Manuel Santos

A sabiendas de esto, no fui parte de esas masas de ciegos y sordos, y mucho menos mudos, que aplaudieron como focas los grandes errores que cometió Uribe en sus gobiernos. El mayor de ellos: dejar viva a la culebra, financiarla, y permitir que se exterminara al glorioso Ejército Nacional desde las trincheras judiciales ocupadas por esa plaga que se hace llamar “izquierda democrática”, “progresistas”, “extremo centro”, “tercera vía”, etc. La designación de Juan Manuel Santos solo fue otro error más de Uribe quien, dejándose asesorar por los malditos tramposos de su camarilla, o por su propia convicción, terminó de sumir a Colombia en este despeñadero en el que estamos.

Uribe combatió el brazo armado del comunismo, pero financió a los protectores y aliados del mismo. Millones fluyeron para el cura Francisco de Roux, le entregó el manejo de la Memoria histórica a terroristas indultados y los costeó con multimillonarios recursos para que le torcieran el pescuezo a la verdad de nuestra historia. También drenó millones de dólares hacia Frank Pearl y otros auxiliadores de los terroristas.

Los terroristas indultados Carlos Franco (EPL) y Vera Grabe (M19)

Permitió también que el terrorista indultado Carlos Franco, junto a Juan Manuel Santos, el general Carlos Suárez Bustamante “la Machaca” y otros izquierdistas dieran inicio a la fábula que se conocería como “Los Falsos Positivos”, esto es, que era política de la institución el que generales y coroneles ordenaran el asesinato sistemático de civiles y campesinos para, en retribución, tener un fin de semana de vacaciones o una medalla, un pase de cortesía para irse de farra al prostíbulo del pueblo. (Ver artículo acá)

Semejante monstruosidad fue montada por Santos, La Machaca y Franco, y contó con el apoyo del entonces comandante de las Fuerzas Militares, Fredy Padilla de León (otro mamerto), y con el aval del presidente Álvaro Uribe Vélez, quien -el 28 de octubre de 2008, en un discurso tristemente memorable- empezó la orgía destituyendo fulminantemente a 27 de los mejores oficiales combatientes.

Antes, el 14 de junio de 2006, Camilo Ospina y Mario Iguarán, a la sazón ministro de Defensa y Fiscal General de la Nación, profirieron un acto administrativo que llamaron: “Apoyo a la Justicia Penal Militar” cuyo objetivo no era apoyarla sino aplastarla completamente. Los “Falsos Positivos” solo fueron un paso más en el propósito de arrodillar a nuestro Ejército. (Ver artículo)

El bandido indultado Everth Bustamante, y Camilo Ospina

Por todas esas cosas protesté de frente al presidente Uribe. Aunque arriesgué mi propia vida y la de mi familia por defenderlo, nunca callé nada, como tampoco lo hice cuando él decidió designar a Piedad Córdoba y Hugo Chávez como sus intermediarios para unos diálogos con las FARC. Y siempre le dije, con aprecio y mesura, que su papel protagónico en el indulto a los terroristas del M19 había sido un craso error, pero mucho peor era el llamarlos a su círculo de asesores de confianza.

Persistentemente entendí que todos esos errores fatales habían sido culpa de esos asesores de izquierda que él mantiene muy cerca, y que repelen todo lo que huela a anticomunismo, y de la misma manera, tampoco ahorré saliva ni letras para recordarle que sus grandes logros en seguridad -que fueron los que lo hicieron presidente y los que le ganaron el afecto de Colombia- se los debía a un Ejército victorioso que, desde cuando él era gobernador en Antioquia, combatió valiente y eficazmente al terrorismo marxista del ELN, FARC y demás. Fue el General Rito Alejo del Río el autor de la hazaña militar de la que Uribe se benefició en Antioquia, y fue el mismo Del Río el garante marcial de que los bandidos esos sí eran derrotables.

Gracias a la sangre, el esfuerzo y la dedicación de nuestros soldados, Álvaro Uribe pudo llegar a la presidencia.

General Rito Alejo del Río

Por ello, me parecía injusto todo lo que el presidente Uribe permitía que se les hiciera. Fue un espectáculo triste que nuestros valientes fueran entregados por su gobierno como sacrificios y ofrendas a la izquierda internacional.

Luego vino la designación de Juan Manuel Santos como el candidato presidencial del uribismo. Advertí hasta el cansancio sobre el peligro que ello encarnaba. Uribe no me escuchó y las hordas uribistas me atacaron durante un par de años, acusándome de traidor al gran Uribe.

El tiempo me dio la razón.

Puse todo mi esfuerzo, entonces, en lograr que los militares se reconciliaran con Uribe. Llevé a José Obdulio al seno de la reserva, Uribe habló desde Chile y reconoció tímidamente el “error” de haber permitido que se acabara el fuero militar entregando a los soldados en las fauces mismas del enemigo.

Luego nació el CD, del cual fui uno de sus fundadores. Entendería luego que fui utilizado (al igual que otros, como Jaime Restrepo) por la “izquierda democrática” comandada por el primo de Pablo, para fingir un talante de “derechas” que nunca tuvieron.

La “izquierda democrática” quiere imponer a Iván Duque como candidato de la derecha. Engaño

Ahora, contra toda decencia, imponen a Iván Duque, un “izquierdista democrático” que no tiene empacho en reconocerse como “centro izquierda”, “Centro profundo” (al igual que los marxistas Juan Manuel Santos y Enrique Santos), como el ungido del uribismo para competir por la presidencia de Colombia.

Es el mismo engaño que le aplicaron a las bases uribistas con Juan Manuel Santos hace ocho años.

El mismo engaño por el cual protesté y alerté.

Pero hoy la pregunta es diferente:

¿Estos errores son realmente culpa de los asesores de Uribe? ¿O son, como lo dijo Luigi Echeverri, el financista de Duque, todo parte de las órdenes y la supervisión del mismo Uribe?

Porque, ya sea una cosa o la otra, es hora de que Álvaro Uribe, por encima del aprecio y la gratitud que le tenemos por haber combatido a las FARC, empiece a asumir su responsabilidad personal en esta hecatombe en la que nos sumió Santos, y la manera es no imponiéndonos una segunda parte.

Porque si bien es cierto que los asesores pueden ser tan perversos como el primo de Pablo o el terrorista indultado Everth Bustamante, ello no le quita el adeudo a Uribe de haberse dejado seducir por su sanedrín para cometer tamaña torpeza de haber ungido a Santos. Y menos de repetir la infamia de nuevo con quien, sin lugar a dudas, será el encargado de servir como gobierno de transición para el establecimiento de otro régimen latinoamericano al servicio de los Castro: Iván Duque

¿Qué diablos le pasa a Uribe?

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