CRÓNICAS DEL ARCHIPIÉLAGO: PROGROM CANINO. INTENTO DE ACABAR CON LOS PERROS EN CAIBARIÉN PROVOCÓ TREMENDA PROTESTA

 

Crónica original de Aldo Rosado-Tuero

En el pequeño pueblo de campo en que me crié siempre existió una dotación de perros callejeros de proporciones  epidémicas. Aún recuerdo con regocijo como el grupo de chiquillos de mi barrio, la emprendíamos contra las parejas de perros que “se enganchaban” en plena calle. Cada vez que una perra callejera entraba en celo, había fiesta para los muchachos de la vecindad. La verdad es que nunca pudimos averiguar de dónde carajo salían tantos canes machos, cuando los efluvios de una perra en celo llenaban el aire de las calles de mi barrio. A pedradas, con cubos de agua y gritándoles, la pandilla de los muchachotes, tratábamos de disolver el núcleo  perril. La bandada de desesperados machos, tratando cada uno de sus integrantes, de ser el afortunado que se apareara con la perra ruina, era el blanco de nuestra ira. Y cuando un afortunado can lograba  “el enlace” que lo ataba en un eterno coito, con la deseada por toda la ardiente manada, la atacábamos sin compasión alguna y  sin darles  tregua, hasta que nuestros padres acudían presurosos ante la infantil algarabía y nos metían entre regaños y amenazas de cintazos, para nuestras respectivas casas. Lo cierto es que en nuestros infantiles cerebros la imagen de dos animales unidos por sus órganos genitales, mirando cada uno para el lado opuesto y queriendo correr cada uno para donde apuntaba su cabeza y con el mayor y más fuerte arrastrando al más débil, era jocosísima.

En los años de desastre social que ha padecido y aún padece Cuba, y la burocracia que ella trajo como consecuencia, han ocurrido muchas anécdotas inauditas. Hoy les traigo a estas crónicas una situación real ocurrida en Caibarién, ese puerto de pescadores, en el que transcurrió mi niñez y parte de mi primera juventud. Fue en el año 1979. Ocurrió que un perrito mordió a alguien por la zona del Parque La Güira. Realizadas las pruebas a la víctima del ataque, estas arrojaron positivas con el virus de la rabia.

Era época de furor revolucionario y los miembros de la Nueva Clase Municipal, muy acostumbrados a las campañas masivas, que caracterizan  al régimen fidelista, por cualquier nimiedad, se reunieron inmediatamente para “evitar” una epidemia de rabia, que podría poner en peligro ”la salud colectiva de todos los cangrejeros”. Y a Lázaro Mesa, más conocido por “Lázaro el Loco”, a la sazón fungiendo como Director del Centro de Higiene y Epidemiología del municipio, se le ocurrió la genial idea de “desperrizar” totalmente al pueblo. Después de todo, razonó, un perro vale menos que un humano, y si eso mismo se hizo en la limpia del Escambray (se mató a los “bandidos” y a los vecinos se les trasladó para otra provincia lejana)¿ por qué no se iba a hacer, con la totalidad de la población canina de Caibarién? Y con ejemplar eficiencia socialista se determinó que la desperrización” se haría dentro de un perímetro de 5 kilómetros de los límites  urbanos, extendiéndose hasta las áreas rurales.

Cada organismo de la engrasada maquinaria “revolucionaria” cedió parte de sus recursos para la magna tarea. Según se determinó, la población canina del municipio sobrepasaba los 10,000 perros. El úkase sentenciaba: “había que sacrificar en masa a todos los canes de la localidad”. El perricidio más grande que hubiera conocido no sólo el pueblo de los cangrejos de la tierra, sino todo el Archipiélago cubano.

Decenas de camiones, estatales y decomisados temporalmente  a los particulares, inundaron las calles, con brigadas de bomberos, voluntarios cederistas, y las gentes de las brigadas anti Aegypty, (previo aviso por la radio local)  al grito de Patria o Muerte. Venceremos, dado por los altoparlantes ambulantes, se lanzaron a la caza de cuando perro existiera en la amplia geografía municipal, advirtiendo a la población que debían entregar sus perros a los camiones de exterminio, so penas de multas de hasta 1000, pesos.

El progrom canino comenzó a las 5 de la mañana. A las 8 de AM, ya se había congregado una multitud de casi 5,000 vecinos frente a las oficinas del Partido, ubicada en la otrora residencia del Dr. Pocurull. Primero enviaron tímidos emisarios a conversar con el Secretario Municipal del omnímodo Partido. Éste les manifestó que no podía hacer nada y trató de convencer a la multitud, que iba creciendo por minutos y  comenzó a protestar, ante tamaño e injustificado crimen. La cosa tomó tal cariz, que pareciera por instantes que una insurrección popular iba a estallar. Al llegar la tarde la economía del pueblo estaba totalmente paralizada. Las fábricas registraron un ausentismo del 80 %, los niños no acudieron a las escuelas. Las oficinas permanecían vacías. Alrededor de las siete de la noche, prácticamente todos los habitantes del pueblo se habían sumado a la manifestación. Hasta hubo varios policías que renunciaron y se fueron a apoyar  a la vociferante multitud frente al Partido.

Mientras todo esto ocurría, los camiones se iban llenando de perros, no sin dificultades. Se contaron muchos casos en que los dueños se negaron entregar sus mimadas mascotas. Se había tocado un punto neurálgico emocional. René Picha Frita, se parapetó, acompañado de su mujer y sus hijos, armados con afilados machetes “Collines” y retó a los tropas de choque anti caninas que perpetraban el progrom, a penetrar a su vivienda, mientras sus 14 perros ladraban ferozmente en apoyo de sus amos. El bobo Oscarito apretó tanto al poodle de la familia que cargaba en sus brazos, mientras denostaba a los “asesinos” que estranguló al pobre animal. Los muchachos aprovechando los descuidos de los captores, abrían las puertas de las jaulas, y se escapaban decenas de perros, que los desesperados captores trataban de volver a capturar.

Ese día se agotaron en las farmacias las tabletas de meprobanato y diazepan, que las desesperadas familias daban a sus canes para que no los detectaran, escondiéndolos en los escaparates o entre las cochas de la cama. 60 perros murieron por sobredosis y unos 20 perecieron asfixiados, encerrados en cajas, gavetas, para esconderlos de los esbirros que tenían órdenes de registrar las casas a cojones.

Alrededor de las 9 de la noche, con el pueblo paralizado y en la calle en pie de guerra, gritando que por qué no ponían tanta energía en combatir a las ratas, que se habían adueñado de la población  o por qué no utilizaban esos camiones para traer las mercancías que llegaban tarde a las tiendas por falta de transporte. Alguien gritó: “Cojones, déjenos morir de hambre en paz”. A esa hora, llegó la orden proveniente de la Jefatura Provincial, urgente y perentoria de soltar de inmediato los animales y darle alguna explicación al pueblo. Al día siguiente la vida se reanudó cautelosamente. Todos atentos a ver si se daba marcha a tras.

El recuento fue: 3 infartos, como 100 perros muertos en la barahúnda, por sobre dosis o asfixiados, 6 detenidos, 8 gomas de camiones ponchadas, 12 escalabrados por pedradas de menor cuantía a los ejecutores del progrom, y una grave que hizo perder un ojo a un hijo de Chiquitín el Zumbón . A esto habría que agregar los gastos de combustible y la pérdida política por el caso.

Un par de día después llegó procedente de La Habana una Funcionaria del MINSAP (Ministerio de Salud Pública) y se entrevistó con Melián, un perrófilo empedernido que al ver la masacre que se planificaba, había llamado al Ministerio refiriendo todo el embrollo que las autoridades locales y provinciales pretendían mantener en silencio. Rodaron algunas cabezas, pero Lázaro el Loco, se las arregló para salvarse, arguyendo que la orden había venido de la sede provincial.

Como consecuencia de estos acontecimientos, un poco después se fundó a instancia de Digna, la hija de Isidoro el churrero, Decana de la Facultad de Psicología de la Universidad Central de Las Villas, su esposo Elier y el Dr. Negdo Mesa, que era el Zoonólogo del Municipio, pero que no había participado del disparate del intento de progrom canino, por estar fuera del pueblo cuando ocurrieron los hechos, La Sociedad Canina de Caibarién, con el fin de educar a perros y a dueños, sobre las campañas de vacunización y de organizar eventos y concursos caninos, donde siempre obtenía el primer lugar, Yaco, un perro Stanford,  el más pesado, odioso y sinvergüenza de todos los perros que han habitado en Caibarién. Con el alma tan negra como su piel, pero que era el can de la Presidenta de la Sociedad.

Como colofón de esta crónica, cabe destacar que a Lázaro el Loco,  le pasaron la cuenta, unos días después, cuando iba en su moto Ural, para Cambaíto. Alguien desde el monte cercano a la carretera, con una puntería envidiable, le remangó una naranja podrida en plena cara. Si llega ser piedra lo mata. El responsable de los deportes del pueblo anduvo averiguando desesperadamente por la identidad del agresor, con la idea de incorporarlo al equipo local de beísbol como pitcher, pues el proyectil viajó como a 100 millas por hora. Las malas lenguas le achacaron el atentado a Pedrito Saínz, que vivía en la casa que fue de su padre en el camino de Caibarién a Cambaíto, pero nadie pudo probar que fuera él el autor del “naranjicidio”. Como dato curioso, apuntamos que a Pedrito también se le conocía como: El Loco Sainz”. En fin que la cosa quedó entre “locos”.

Nota del autor de la crónica: Yo no fui testigo de este caso. Yo me había marchado de Caibarién (y Cuba) en julio de 1961.  Los datos me los facilitó el Dr. Negdo Mesa, que además de ser mi coterráneo, condiscípulo y amigo, es para mi como el hermano de sangre que nunca tuve.

2 comentario sobre “CRÓNICAS DEL ARCHIPIÉLAGO: PROGROM CANINO. INTENTO DE ACABAR CON LOS PERROS EN CAIBARIÉN PROVOCÓ TREMENDA PROTESTA

  1. Wow Aldo ya había enterrado en mi memoria este suceso. El saneamiento canino como se les llamaba fue periódico durante muchos años. Consistía en regar por las noches cebos con estricnina para matar a los perros callejeros aparentemente sin dueños. Esas órdenes partían desde la provincia y esas matanzas se exacerbaron cuando no se que país comenzó a comprar pieles de perro. Se llegó a pagar 5 pesos por perros chicos y 10 por los grandes. Esa actividad y la lucha contra las mangostas realmente lograron eliminar la rabia humana en un área donde la rabia silvestre es endémica pero la crueldad del método molestaba la sensibilidad de la población. Más el caso que narras le puso la tapa al pomo de tal modo que hizo temblar a las autoridades políticas.

  2. el poder, la brutalidad y la idiotez de la mano

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