DE LOS ARCHIVOS DE NUEVO ACCIÓN: UN EDITORIAL – PUBLICADO EN LA EDICIÓN DEL MARTES 9 DE FEBRERO, 2010

Recobrar las libertades conculcadas. Desalojar a los tiranos que desde hace medio siglo se hicieron dueños de la nación,  la han gobernado a su antojo como si fuera una finca particular para su enriquecimiento, se han adueñado de todos los mandos, de las riquezas públicas y de todos los resortes de la cultura, es la urgente tarea que se tienen que imponer los que aspiren a dirigir a la juventud que ha de convertirse en la vanguardia de esta lucha por acabar con el opresor. Habrá que inyectar en el ánimo del pueblo, sobre todo en el de los jóvenes, la voz evocadora y heroica de la reconquista de la libertad.

Desgraciadamente los años han probado que  la juventud cubana en los últimos tiempos ha perdido el rumbo y no ha sabido sentir  el anhelo tradicional de independencia  que siempre salvó a nuestra joven nación, pero  no quiere esto decir que ha llegado el momento de certificar la aniquilación de la Patria.

Se impone un despertar de las conciencias juveniles y de las fuerzas ocultas de esa juventud frustrada y engañada por años de mentira castro marxista.  Hay que despertar a las minorías que siempre han liderado los grandes cambios en la historia y llamarlos a la RECONQUISTA de las libertades robadas y escamoteadas.  En esa palabra radicará la gran originalidad  entrañable de que Cuba no es libre, para sentir renacer en el genio hacedor del pueblo, una hermandad presidida por los designios más altivos,  y destinada, por tanto, a triunfar. La única hermandad que podrá triunfar totalmente será la que acierte a recoger lo mejor de la juventud nacional bajo el grito y el sentido resuelto de ¡RECONQUISTA! ¡LIBERTAD!

Todo lo que no sea reconquistar con resolución intransigente y lucha contumaz, la Cuba Libre, es convivir con el enemigo que aherroja la nación  y ayudar a consolidar la ruina de ésta.

Podrán conseguirse algunos cambios cosméticos, libertades a medias y luces con eclipses, pero no tendremos a Cuba libre y reconquistada para la independencia, sino no reconocemos en su importancia el hecho cierto, de que esta es una guerra a muerte contra el opresor, y conseguimos anularle por la rebeldía seguida de la victoria.

Se trata, ni más ni menos, que de una nueva guerra de independencia. Las circunstancias y los modos nos han de instruir sobre la nueva clase de armas y procedimientos que ha de usar la juventud rebelada en su moderna marcha hacia la libertad.

Es sobradamente ingenuo y ridículo a fuerza de ser cobarde, esperar todavía que habrá redención para Cuba, sin sangre ni sacrificio. Querámoslo o no, caminamos hoy por la pendiente de una época de hierro. La barbarie—que aunque vista nombres modernos siempre será barbarie y,  por tanto sangrienta—es la fosa final del castro comunismo y los socialistas del Siglo XXI. Y en Cuba son las juventudes cubanas, los que en sus carnes padecen el látigo de la barbarie, que años de conformismo y pacifismo claudicante ha hecho posible.

Hay que encontrar entusiasmo para la lucha y tomar la ofensiva  si se quiere llegar a ser libre. Y hay que comenzar por tener conciencia de la servidumbre a la que nos han tenido sumidos y de la mayor esclavitud que nos espera. Por eso, importa tanto que la juventud grabe en su mente la idea heroica e intransigente de RECONQUISTA Y LIBERTAD.

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